Después de una larga e intensa madrugada, la fiesta empezó un poco tarde ayer El Arenal, donde los 38,1 grados alcanzados no fueron un obstáculo para seguir con la diversión como si no hubiera un mañana y despedir el mayo cordobés por todo lo alto con la Feria, donde, como era de esperar, también se ha colado la precampaña electoral. Y mientras un goteo constante de cordobeses y visitantes empezaba a poblar el recinto ferial a eso de las dos de la tarde, los coros rocieros ponían música y color en la caseta municipal, mientras en el Paseo de Guadalquivir carruajes, caballos y jinetes exhibían elegancia durante una jornada en la que la necesidad de hidratación constante se hizo más palpable que nunca.

En otro orden de cosas, y en el capítulo taurino, el toreo regresó a Los Califas. El toro, también. Ayer por la tarde vimos el toreo en tres versiones: la del que empieza, corazón caliente y cabeza fría, y la del maestro, con el poso, el fondo y la calidad contrastada. Porque Lagartijo empieza y ha subido la montaña de su alternativa con triunfo, porque Talavante ha mostrado su mejor versión. Roca Rey, tercera versión, pese a su habitual despliegue de efectos y recursos, hoy, se ha quedado a medio camino, aunque se ha erigido en triunfador numérico de la tarde.

También es noticia que Melendi impregna La Axerquía de alegría con su rumba irónica; Manuel Torralbo asegura en una entrevista con Diario CÓRDOBA que «queremos una Universidad más cercana, una institución mejor» y bombean agua al Martín Gonzalo para garantizar el suministro.

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