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Diario Córdoba

COFRADÍAS

Tarde de luz para la Reina de la Paz

La imagen protagonizó una inédita procesión para venerar a los mártires

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Vía lucis de la Paz y Esperanza. A.J. GONZÁLEZ

Poco a poco, sin prisa pero sin pausa se va acercando la inminente coronación pontificia de María Santísima de la Paz y Esperanza prevista para el 15 de octubre de este año, así en la tarde de este sábado tuvo lugar uno de los actos programados, un Vía Lucis en el que la Virgen de la Paz llegó hasta la basílica de San Pedro para venerar a los Santos Mártires cordobeses.

Justo a las siete de la tarde la cruz de guía estaba ya en la plaza de Capuchinos. Minutos después apareció la Virgen de la Paz, en esta ocasión entronizada en el paso de la Divina Pastora de Capuchinos, un paso que fue exornado con distintas variedades de flores blanca. En lo que respecta a la Virgen lució con una saya de brocado del siglo XIX y un manto rojo cedido por la hermandad de la Buena Muerte, en la cabeza no portó diadema, ni corona sino una tiara de flores de talco que de alguna manera anunciaba su inminente coronación canónica.

Así comenzó la Virgen de la Paz a caminar por las calles de la ciudad. A un ritmo bastante rápido fue adentrándose por Carbonell y Morand, Capitulares, Rodríguez Marín hacia la plaza de la Corredera, posteriormente por la calle escultor Juan de Mesa para llegar a la plaza de San Pedro. Una vez en el interior de la basílica de San Pedro dio comienzo la eucaristía oficiada por el párroco de San Pedro, Domingo Moreno, y el consiliario de la cofradía de la Paz, fray Francisco Martínez Melero. 

Tras concluir la eucaristía el paso se dirigió hacia la capilla donde se encuentra la urna que contiene las reliquias de los Santos Mártires de Córdoba, tras una oración el paso de la Virgen se dirigió hacia la puerta de San Pedro que ya estaba repleta de gente esperando la salida de la Virgen de la Paz, esta vez a los sones de la Banda de Música Municipal de Arahal. 

Comenzaba así el camino de vuelta hacia Capuchinos sin duda con la mirada puesta en el mes de octubre cuando la Virgen reciba en la Catedral la corona que sellará la devoción que la ciudad profesa a la Paloma de Capuchinos.

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