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Rosa Aguilar, ¿final de trayecto?

La que fuera alcaldesa de Córdoba, consejera y ministra pone fin a su carrera política en tiempos de cambios en el PSOE y en el escenario social | Un adiós tranquilo, que aparentemente es definitivo

Rosa Aguilar ha anunciado este jueves su salida de la primera línea política.

Los últimos años de vida política de Rosa Aguilar Rivero (Córdoba, 1957) apenas han tenido reflejo en los medios informativos. Número dos del PSOE por Córdoba en las elecciones autonómicas de diciembre del 2018, con la llegada al poder del gobierno PP-CS dejó la Consejería de Justicia e Interior que regía durante los últimos meses del mandato de Susana Díaz en la Junta de Andalucía y se limitó a su escaño. La pandemia y algún problema de salud la retiraron de la esfera pública, y hasta los periodistas empezamos a olvidarnos de una mujer que ha sabido estar en el alambre mediático durante más de tres décadas. En un difícil equilibrio, pero saliéndose siempre con la suya, con esa inteligencia e intuición que la han acompañado siempre. 

Alguna rueda de prensa suelta y cierta actividad pública en los últimos meses y un silencio que ha roto este jueves para anunciar su despedida de los cargos públicos. Una despedida que coincide prácticamente con su edad de jubilación -los 65 años los cumplirá el 7 de julio, san Fermín- y que no sabemos aún si la llevará, más allá de los cristianos socialistas a los que dice que va a dedicarse -¿qué tal ser embajadora en el Vaticano?-, a las tertulias políticas o a los ciclos de conferencias. Algo hará. 

Aunque es meridiano que difícilmente volvería a formar parte de las candidaturas de este PSOE renovado con Juan Espadas y en la línea de Pedro Sánchez, lo cierto es que el partido al que se afilió en el 2014 (cinco años después de ostentar cargos públicos socialistas) le ha dado una despedida de honor, elegante y considerada, una salida por la puerta grande con la que pone broche a una carrera política que empezó siendo el terror del socialismo y termina en los brazos de sus antiguos rivales. Hace apenas unos días tuvo un acto de lealtad pública -los privados los desconocemos- con el hombre que la invitó en el 2009 a formar parte del Gobierno socialista de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, al asistir en Sevilla a la presentación del libro del expresidente andaluz, Cuando ya nada se espera.  

Los cargos que ha desempeñado

Enumerar los cargos desempeñados por Rosa Aguilar (Rosa a secas en las campañas electorales a la Alcaldía de Córdoba) es demasiado largo, si bien puede decirse que, salvo la Presidencia del Gobierno, los ha ostentado casi todos: de asesora de grupo en la Diputación cordobesa a concejala, diputada provincial, diputada andaluza, parlamentaria en el Congreso, alcaldesa de la ciudad durante casi tres mandatos -el último no lo completó-, consejera de la Junta de Andalucía en tres responsabilidades con Griñán y Susana Díaz, ministra de Rodríguez Zapatero… Algo me dejaré en el teclado, pero no alarguemos más la lista. Baste decir que, desde sus momentos más tiernos y juveniles, esta chica educada en Las Francesas, que se afilió al PCE cuando todavía no estaba legalizado y aún no era abogada -luego lo fue laboralista durante un breve periodo- supo que unas buenas relaciones con los medios de comunicación cimentan una buena carrera política. 

Unas buenas relaciones no consisten en ser simpática y llevarse bien, que también, sino ese toma y daca en el que los periodistas respondemos cuando recibimos informaciones buenas y veraces. Y exclusivas, a poder ser. Durante su paso por el Congreso hizo una sólida red de relaciones en Madrid. Quizá fue uno de sus momentos políticos y personales más felices, aunque sus acusaciones a Felipe González sobre los GAL cuando era portavoz de Izquierda Unida le valieron el odio del socialismo, un odio del que la sacó José Antonio Griñán cuando le ofreció dejar la Alcaldía y ser consejera. Luego llegó casi a presentar excusas y a decir que se había equivocado, y pudo verse a Aguilar y a González saludándose cordialmente en un almuerzo-conferencia del expresidente en Córdoba. “Tengo que pedirle mil perdones a Felipe González”, llegó a decir en referencia a la virulencia de los ataques que le profirió como consecuencia de la guerra sucia contra el terrorismo. 

Enorme popularidad

Como alcaldesa, una de las pocas regidoras locales de España y la única de Izquierda Unida en una capital de provincia, se hizo con un aura de cariño y popularidad enorme, no solo en Córdoba y Andalucía, sino en todo el país. Su cercanía a la gente era legendaria, sin llegar a las capacidades de Julio Anguita, que fue su mentor, aunque luego se alejaran, y mucho. En el Ayuntamiento de Córdoba, su primer periodo de alianza con el PSOE tuvo que ser un calvario, con un socio del que descubría sus intenciones por la mañana al leer los periódicos.

Pero ella, capaz de recitar de memoria sin dudar un segundo a los veinte galardonados de cualquier entrega de premios de barrio (tras echar un vistazo a la documentación facilitada por su jefe de protocolo), e incansable a la hora de dar todos los besos del mundo al último niño y la última vecina encontrada a su paso, mantuvo los nervios quietos y siguió su camino. Un camino que incluía sin complejos caminar detrás de algún paso de Semana Santa, pues nunca ocultó su catolicismo. Bueno, lo de la serenidad hay que aclarar que la mantuvo en público, pues sus jefes de prensa y colaboradores bien saben del geniazo que es capaz de sacar en cualquier instante, aunque luego se disculpa.  

Hábil también en sus contactos y relaciones. Desde el Rey Juan Carlos I y la Reina Sofía hasta los primero Príncipes de Asturias y hoy Reyes de España, Felipe y Letizia, Rosa Aguilar ha mantenido -y discretamente, si así lo exigía el guion- relaciones de confianza y colaboración con todo tipo de estamentos. Aunque fuera de la IU republicana. En Córdoba, tenía un contacto estrecho con los mandamases de la economía, desde Miguel Castillejo en Cajasur hasta Rafael Gómez o José Romero, de Prasa. Relaciones que se le han vuelto alguna vez en contra, pero sin llegar a extremos. 

Andrés Ocaña, su fiel escudero

Sorteó el escándalo de su salida de la Alcaldía sin despeinarse en exceso, y eso que Izquierda Unida la expulsó de sus filas, porque la herida fue muy gorda. Dejó a cargo del Ayuntamiento a su fiel Andrés Ocaña, un gran amigo ya fallecido, que no consiguió revalidarse en las urnas y dimitió tras las elecciones del 2011. Durante años, su formación le había propuesto hacerse cargo de la dirección política, pero Aguilar siempre argumentó que estaba dedicada a la Alcaldía, aunque influyó en algunos congresos y siempre dejó cubierto ese flanco de la fontanería interna. Hasta que todo estalló. Rosa Aguilar había sobrellevado años de discrepancias con la ejecutiva de su partido, especialmente con el PCA, y por eso, cuando en el 2009 se marchó a la Junta -ya iba por su tercer mandato como alcaldesa, y el PP le había arañado muchos votos en la última cita electoral- se preguntaba en entrevista con este firmante y este periódico cómo formaban tal revuelo cuando llevaban tiempo intentando echarla. 

Tampoco el PSOE la acogió con unos brazos demasiado abiertos, pero supo ganarse la confianza, incluso la de José Luis Rodríguez Zapatero, y mantuvo buenas relaciones que ahora se plasman en esta salida respetuosa y bien organizada. Ella, que ha dedicado su vida entera a la política, de una forma exclusiva y sin distracciones familiares, dice que se jubila de los cargos públicos. ¿Fin de trayecto para Rosa Aguilar? Ya lo veremos.

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