Llevaban ocho años conviviendo con la amenaza y casi se habían acostumbrado a las provocaciones de Putin cuando se enteraron en Córdoba de que Rusia había invadido Ucrania. Profesores, estudiantes, gente de a pie residente en Córdoba de forma temporal o estable viven desde la madrugada del jueves sus horas más difíciles. 

Anastassia lleva dos semanas en Córdoba. Procedente de un pequeño pueblo situado a una hora de Kiev, esta joven de 20 años participa en un programa de estudios de la UCO que se prolongará hasta junio. Nunca pensó que una mañana se levantaría con una llamada desde casa informándole de que las tropas de Putin estaban atacando. «No puedo siquiera imaginar cómo está siendo para los que están allí», explica, «ahora mismo estoy bien, la zona donde vivo no ha sido bombardeada de momento, intento mantener la calma y confiar en nuestro Ejército», pero no es fácil. «Desearía estar con mi familia», sentencia. 

Profesor desplazado a Córdoba: Vasyl Mamrai (derecha) quiere volver a su país. CÓRDOBA

Vasyl Mamrai es profesor de la Universidad Politécnica de Zhytomyr, una ciudad situada a 140 kilómetros de Kiev. El domingo llegó a Córdoba para dar clase en la Escuela Politécnica de Belmez durante una semana, pero ya no sabe cuándo podrá regresar a casa. «Recibí la primera llamada de mi hermana a las cinco de la mañana, me dijo Vasyl, ha empezado la guerra». A miles de kilómetros de su familia, su deseo es encontrar la manera de volver para unirse a la guerrilla y hacer frente junto a los suyos al Ejército ruso. «Las mujeres y los niños están bien, en una zona de campo lejos de la ciudad, mis hermanos y el resto de familiares hombres se han ido al frente», afirma, «si logro llegar, me uniré a ellos, se trata de vivir o morir y estamos solos, Europa, EEUU y Reino Unido deberían haber actuado antes, las sanciones no van a frenar a Putin, ya es tarde». Él, como el resto de compatriotas ucranianos, no imaginaban que Putin ordenara bombardear de un modo tan repentino y sangriento su país. «Si lo hubiera sabido, no me hubiera ido a ninguna parte», asegura, «nadie creía que atacarían desde todos los frentes y menos desde Bielorrusia, que para nosotros es como Portugal para España». 

Akexander: En la puerta de su negocio, que ahora está cerrado. CÓRDOBA

Alexander tiene 61 años y lleva 20 en Córdoba. Hasta antes de la pandemia regentaba con su mujer una tienda de productos ucranianos y rusos en Santa Rosa, que temporalmente ha cerrado. «Tenemos a la mitad de la familia aquí y a la otra mitad allí», explica. Su único hijo trabaja en un restaurante de Córdoba, pero su nuera y su nieta se encuentran en una zona muy próxima a la frontera de Polonia y Bielorrusia, desde donde los rusos están entrando a bombardear. «Mi mujer y yo estamos intentando encontrar la forma para viajar a Polonia y recogerlas», afirma, «no podemos dejarlas allí». Cada hora llaman para hablar con ellas. «La noche del jueves hubo muchos bombardeos y la mañana del viernes han continuado, tenemos mucho miedo, no queremos perder a nadie». 

Nadie escapa al sentimiento de angustia. La selección de baloncesto de Ucrania, que disputó un partido el jueves frente a España en Córdoba, partió a primera hora de ayer rumbo a Madrid para alojarse en un hotel, a la espera de recibir instrucciones de su embajada sobre cómo regresar a Ucrania. Con el espacio aéreo cerrado, la única opción es la carretera, una solución complicada que acarrea mucho peligro y que están valorando ante la inquietud de conocer el estado de sus familias. Mientras tanto, desde Ucrania, el sacerdote cordobés Pedro Zafra Gómez-Limón, ordenado presbítero de la diócesis de Kiev-Zhytomyr y vicario en una parroquia uncraniana, lanzaba ayer un llamamiento a la calma y por la paz. «Hemos oído sonidos de bombas procedentes de las zonas ocupadas», dijo, «las gasolineras y supermercados están colapsados por gente que quiere salir de la ciudad». En ese contexto, «solo podemos perseverar en la oración y no caer en el pánico». Que Dios les oiga.