Belén Recio es deportista y está acostumbrada a los retos difíciles aunque quizás el que esté viviendo ahora sea uno de los más importantes a los que se ha enfrentado. Su mujer, Ángela Montilla, y ella decidieron hace un par de años ser madres, pero las oposiciones a bombera de su pareja las llevaron a posponer el intento. «Lo retomamos el año pasado, en plena pandemia, y fuimos directamente a la Seguridad Social, somos muy de lo público», afirma Belén. 

Ella es la mayor y ya tenía casi 40 años, así que decidieron que ella probaría primero. «Cuando me hicieron las pruebas me dijeron que tenía mucha reserva ovárica, así que decidieron ir a por la fecundación in vitro», explica, «hay posibilidad de hasta tres intentos y en el último me quedé embarazada». A diferencia de la fecundación in vitro, en la que se implantan los embriones ya fecundados, la inseminación artificial es un proceso en el que el semen que se inyecta debe andar el camino hasta fecundar a un óvulo o más y es infrecuente que se fecunden dos. «Yo todo lo hago a lo grande», bromea, «cuando me dijeron que era un embarazo doble (niño y niña, según supo después) casi me caigo de espaldas», comenta Belén, que sigue trabajando como entrenadora en su 27ª semana de gestación. El embarazo no le ha librado del covid. «Me vacuné a los tres meses y en diciembre me contagié con Ómicron, pero lo he pasado bien, en Reina Sofía han estado muy pendientes y nos han tratado de maravilla», comenta sincera. «Estoy muy contenta, pero también quiero recuperar mi cuerpo, la libertad de movimiento, tengo una barriga enorme que va a seguir creciendo y para alguien tan activa como yo cuesta adaptarse, tengo ardores, no puedo dormir bien porque los niños se mueven mucho, en fin, lo típico, así que estoy deseando que llegue abril para dar a luz», afirma convencida.