María es el nombre ficticio de una vecina cordobesa que ha accedido a contar a este periódico la difícil situación de su familia. Busca trabajo en cualquier ocupación que le permita sentarse y es que tiene espina bífida, una lesión medular con la que puede andar, pero que le provoca dolor en las caderas, la espalda y las rodillas, y que, junto a otros problemas de salud le ha llevado a ser intervenida quirúrgicamente en varias ocasiones.

Su última ocupación laboral tuvo lugar en un centro especial de empleo como teleoperadora, aunque recuerda que ha trabajado en atención al cliente, como auxiliar administrativo, monitora de natación y esmaltadora. En total, su tiempo de cotización a la Seguridad Social no llega a los dos años

A sus 37 años, tiene la Educación Secundaria Obligatoria y afirma que le está resultando «complicado» encontrar empleo, «supongo que es porque busco de media jornada por las mañanas, porque tengo dos hijas de cinco y diez años de edad. Quizá es por mi edad o por la poca experiencia», señala.

María cuenta con el apoyo de la familia, que «me ayuda mucho dentro de lo que ellos pueden». Sin embargo, sus problemas económicos la han llevado a pedir ayuda desde hace varios años. En este sentido, afirma que en Cruz Roja le han facilitado apoyos «de todo tipo», ofreciéndole desde potitos a vales de alimentación, pagándole alguna factura de la luz o con la participación de sus hijas en la escuela de verano.

En la actualidad, «estamos viendo formaciones y cursos para ampliar el currículo con la orientadora laboral». «Ahora estoy en un taller para el empoderamiento, para ayudarnos a afrontar una entrevista de trabajo o realizar el currículo», explica. 

María solicitó el ingreso mínimo vital, pero se lo denegaron. Por ahora, no ha demandado la renta mínima de inserción social, aunque le acaban de conceder una ayuda extraordinaria del Servicio Público de Empleo por tener familia a su cargo. Este subsidio ronda los 400 euros y durará seis meses, una cantidad que podrá sumar a su pensión no contributiva, que es de 402 euros.

No obstante, afirma que su alquiler cuesta 500 euros y a esto hay que añadirle la luz, el agua, la comida, los gastos escolares y la ropa, por lo que abarcar todo «es un poco misión imposible. Lo primero es comer y lo demás ya se va viendo, pero hay que sacarlo». En declaraciones a este periódico, admite que «uno no imagina llegar a esta situación y más, cuando tienes hijos. Hay muchos días que una no tiene fuerza para levantarse de la cama, pero por ellas se hace», asegura en alusión a sus hijas.