La pandemia del coronavirus ha provocado, entre otras muchas consecuencias negativas ya conocidas, un incremento «llamativo» de las tentativas de suicidio y las autolesiones entre los adolescentes andaluces y de toda España, según explica Javier Romero, codirector del plan de Salud Mental de Andalucía, quien señala que esta consecuencia «quizá ha sido lo más llamativo. Lo tenemos que estudiar».

Consultado por estos casos, avanza que «hay que averiguar las causas, no tenemos una explicación clara», y abunda en que «puede ser por el aislamiento, pero ellos son los que mejor se manejan con lo virtual. Posiblemente, se deba a las perspectivas más negras de cara al futuro, el bloqueo de los estudios». Este responsable detalla, acerca del mecanismo empleado por estos adolescentes, que en el caso de los intentos de suicidio «lo más frecuente es tomar pastillas con alcohol o alguna sustancia», y explica, en referencia a las autolesiones, que «no es que quieran quitarse la vida, algunos sí, pero muchos otros lo hacen por desesperación, toleran mejor el dolor que el sufrimiento emocional. Los cortes se los suelen hacer en sitios donde no se ven, para que no se vean las cicatrices», puntualiza.

«Una de las cuestiones que estamos solicitando es una atención más especializada, más recursos para atender la problemática adolescente», afirma Javier Romero, y valora el anuncio realizado recientemente por el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, quien ha avanzado la incorporación de la especialidad de psiquiatría infantil y adolescente a la formación sanitaria especializada, dado que este campo «ha estado más abandonado, era una demanda muy antigua, existe en otros países desde hace mucho tiempo», recuerda.

El codirector del plan de Salud Mental destaca las dificultades para obtener datos reales sobre los intentos de suicidio y las autolesiones, y apunta que en el caso de la población adolescente «la familia hace lo posible por ocultar esta conducta».

Consultado por la respuesta que los afectados reciben en el sistema sanitario, explica que «cuando alguien verbaliza una idea suicida, la mayor parte acaba en urgencias y ahí se valora el riesgo. En algunos casos se puede ingresar y el resto se deriva a los equipos de salud mental comunitarios para hacer un tratamiento. Esto se hace en muy pocos días. La rapidez ya la tenemos. La propuesta ahora es reforzar los equipos de salud mental para hacer un tratamiento psicológico intensivo. Hay programas piloto en Andalucía, pero lo ideal es implementarlo en todas las unidades de gestión. Es un proyecto que estamos arrancando, mantener durante meses el abordaje en crisis», precisa.

Al contrario de lo que se suele plantear, ya que en muchas ocasiones se ha rechazado hablar del suicido por temor a un posible efecto llamada, este experto opina que «hablar de los temas de salud mental, generalmente, suele ayudar si se habla bien». Sin embargo, también recuerda que «hay muchos aspectos sociales y de prevención que hay que ir teniendo en cuenta, no todo es cuestión de salud mental. El suicidio no es un problema de personas que tengan un problema de salud mental, la depresión puede influir, pero luego hay muchas circunstancias: pobreza, abusos, acoso... El problema es cómo proteger para que las personas más frágiles no tengan que sufrir esas experiencias. Esto es trabajo de promoción y de prevención, que es lo siguiente que hay que trabajar», asegura.

Esta labor pasaría por «ampliar el grupo de reflexión» para realizar propuestas y podría contar con la participación del ámbito educativo, las asociaciones, las familias o profesionales como los pediatras. Otras líneas de actuaciones podrían incluir medidas como situar obstáculos en lugares donde se repita mucho la elección del sitio para el suicidio o reducir el tamaño de los envases de pastillas. «Hay mucho trabajo que hacer», afirma este experto.

Hombres mayores

En último lugar, acerca del perfil de las personas que se quitan la vida, Javier Romero señala que, «generalmente, el suicidio es más frecuente en hombres, pero la tentativa, en mujeres». Así, apunta que los varones que viven en soledad y pertenecen al grupo de la tercera edad «pueden ser más vulnerables a la hora de tener más riesgo. Ahora, con el covid, nos hemos encontrado con picos en adolescentes», matiza. La información del Instituto Nacional de Estadística (los últimos datos publicados son de enero a mayo del año pasado) confirma que los suicidios y las lesiones autoinfligidas causan tres muertes por cada 100.000 habitantes en España. Esta tasa es de 4 por 100.000 habitantes entre los hombres y de 1 para las mujeres. No obstante, en el colectivo femenino la tasa tiene su pico más alto entre los 55 y los 59 años, con 3,5 fallecimientos, y en el masculino supera los dos dígitos a partir de los 80 años y llega a los 32 suicidios por cada 100.000 habitantes entre los mayores de 95 años.