ENTREVISTA | Antonio Jesús González Geólogo y profesor asociado de la UCO

«Las Canarias son islas volcánicas aún en formación»

El geólogo Antonio Jesús González.

El geólogo Antonio Jesús González. / CÓRDOBA

Desde el domingo 19 todo el mundo está pendiente de La Palma. En los días previos ya se hablaba de enjambres sísmicos. ¿Era previsible que el volcán entrase en erupción?

Todos sabemos que las Islas Canarias son volcánicas y de un vulcanismo reciente hasta el punto de que, hoy en día, aún se están formando. Por tanto, ese factor está presente de forma continuada en los últimos dos millones de años. Entonces, cualquier manifestación de este tipo es normal, hablamos de un terreno vivo en este sentido, las circunstancias así lo han expresado en toda la historia geológica reciente de este archipiélago. Si comparamos eso con la Península Ibérica veremos que cuando las islas estaban aún formándose, incluso alguna aún no había emergido del nivel del mar, en la península estaban finalizando --hace ocho o diez millones de años-- los tres puntos que tenemos de vulcanismo aquí: los volcanes de Cabo de Gata, de Ciudad Real (Campo de Calatrava) y la zona de Olot en Gerona.

¿Qué herramientas tiene la geología para determinar esa situación de viveza volcánica?

La determinación de los movimientos sísmicos y su estudio, es decir, cuántas veces y dónde se producen vibraciones sísmicas como para pensar que no es una situación normal en los últimos tiempos sino que hay un cambio en el ritmo y comportamiento. Otro factor son las emisiones anómalas de gases y la elevación de la temperatura del terreno, puesto que alrededor de un acercamiento del magma a la superficie lo primero que se produce es esta liberación y, finalmente, lo más novedoso es poder contrastar la altura relativa viendo si hay empuje real y manifiesto de abajo hacia arriba en el terreno. Teniendo en cuenta estos factores se puede adelantar la proximidad de un fenómeno, pero no la certificación de que se vaya a producir y aún menos de que haya una salida de magma como ha ocurrido. Otra cosa es que no se haya transmitido el efecto de alerta con la rapidez que hubiese sido deseable; eso ya no es una cuestión de la geología, evidentemente, sino que responde a operativos, circunstancias y muchas otras cuestiones.

La lava continúa emanando, ¿se puede saber hasta cuándo durará esta actividad?

Por la magnitud y comparativa con otros aparatos volcánicos a nivel mundial, se sabe que este tipo de magma no son del todo básicos, es decir, no son el basalto de Islandia, es más de tipo hawaiano. Estas lavas tan básicas van a 1.200 o 1.300 grados y tienen muy poco cuarzo en su composición, lo que hace que tengan más facilidad en su salida. Como no tienen tampoco muchos gases no tienen demasiada explosividad. Este es del tipo estromboliano, la lava sale y se proyecta un poco. En el proceso se empiezan a abrir los conductos, y es en ese proceso cuando se produce el enjambre sísmico, y al final se abre la fisura producto de ese hinchamiento de la propia tierra; esos son los 10 o 15 centímetros de elevación del terreno que han detectado los geólogos, y esa burbuja de presión genera una grieta y a través de ahí sale una boca, dos bocas o nueve como llevamos ya. Si la grieta se sigue alargando habrá más.

Por la propia orografía de la isla, ¿llegará la colada al mar?

Lo que tiene que pasar es que cese la presión en las cámaras magmáticas. El espesor de la corteza oceánica en esa zona viene a ser de 7 a 10 kilómetros. Por debajo está ya la astenosfera, es decir, toda la masa fluida alrededor de la tierra. Esas cámaras son las que verdaderamente generan la presión ascendente de la lava. Cuando esa presión remita dejará de salir lava y se secará de nuevo, quedando esa roca volcánica rellenando las chimeneas. Eso, sin duda, genera una debilidad para el próximo empuje. Yo siempre le digo a los alumnos que la lava es como una olla de chocolate. El problema es que la pongamos a presión. Exactamente no se sabe cuando cesará, no hay datos para poder dimensionar. Se habla, por lo que he oído, de 20 millones de metros cúbicos. Eso no es nada con lo que sucedió en el Teneguía. Entonces, por la magnitud de lo que ha emanado hasta ahora y los referentes anteriores, las pendientes que hay, la fluidez que tiene y la velocidad que está adquiriendo de 300 metros al día evidentemente debe de llegar al mar. Pero en este caso solo se debe prevenir no respirar directamente la nube de vapor de agua que se producirá porque la lengua de magma llevará algo de acidez derivado de los sulfuros que la lava desprenderá en el enfriamiento rápido.

Solo queda esperar entonces.

Sí, porque esto es algo imprevisible, la naturaleza es así. Estamos hablando por una experiencia humana de los últimos cien años y eso, geológicamente hablando, es nada. Lo que sí hay que hacer es huir de las alertas infundadas, que carecen de interés científico, porque eso lo que hace es preocupar aún más a una población que ya de por sí lo está pasando realmente mal.