El próximo mes de octubre Andalucía se someterá a un gran simulacro de emergencia regional. ¿El objetivo? Poner a prueba los mecanismos de respuesta disponibles ante situaciones de gravedad o especial riesgo. El ejercicio, que no tiene precedentes en la región y al que se ha denominado RespuestA 21, se desarrollará del 19 al 21 de octubre y recreará escenarios de posibles situaciones de emergencia: un gran terremoto en Andalucía oriental (Almería, Granada y Málaga), un maremoto en el Golfo de Cádiz (Cádiz y Huelva) y unas graves inundaciones en las provincias del Valle del Guadalquivir (Jaén, Córdoba y Sevilla).

Ante el primer supuesto, el de un gran terremoto, podemos estar tranquilos. A pesar de la cercanía a las provincias de Málaga y Granada, que por su ubicación son las que más seísmos registran, Córdoba es una provincia con una actividad moderada y de baja intensidad. De hecho, la mayor magnitud registrada en un terremoto con epicentro en la provincia es de 5,7 grados en la escala Richter. Al menos, así lo recoge el Instituto Andaluz de Geofísica dentro del listado de Terremotos Históricos del Sur de España. Y hay que viajar muy atrás en el tiempo. En concreto, los dos terremotos que alcanzaron los 5,7 puntos los data el Instituto Andaluz de Geofísica en los años 880 y 995. Del primero se sabe que afectó a edificios, del segundo solo que ocurrió en septiembre. Según los datos del Instituto Geográfico Nacional (IGN), desde 1755 solo se han producido dos terremotos en la provincia que superen los 5 grados Richter. El primero tuvo lugar en Benamejí el 14 de marzo de 1935 (5 puntos) y el segundo se localizó en Espejo el 26 de mayo de 1985 (5,1 puntos). Rozando los 5 grados (4,9) se tiene constancia de un seísmo en Montilla el 5 de julio de 1930. De hecho, la localidad de Espejo es de la que más terremotos de más de 2,5 grados se tienen constancia en la provincia, con 24, seguida por Montilla, en donde se conocen diez seísmos, y Montoro, con nueve.

Incendios | El fuego arrasó miles de hectáreas en Cerro Muriano en 2007. SÁNCHEZ MORENO

Otro cantar es el de las graves inundaciones del Valle del Guadalquivir. En el 2010 el Guadalquivir creció de manera imparable en dos ocasiones a su paso por Córdoba obligando a desalojos. En febrero, cientos de viviendas se vieron sorprendidas por la crecida del río que, cuando ni siquiera se habían recuperado de aquella pesadilla, hizo estragos de nuevo en diciembre. Aquella doble riada fue especialmente virulenta con casas ubicadas en parcelaciones del entorno del aeropuerto, pero también golpeó zonas urbanas como la calle de la Barca de Alcolea. Jornadas continuas de lluvias y una gestión de los embalses que, según explican los que sufrieron aquellos episodios, no fue la más adecuada, provocó una riada histórica. Según los datos ofrecidos por el Ayuntamiento entonces, en febrero hubo más de 800 viviendas desalojadas entre la zona del aeropuerto, Majaneque, Las Cigüeñas, Alcolea, Encinarejo, El Cañuelo, La Forja y Quemadillas, mientras que en diciembre la cifra fue algo menor pero se acercó al medio millar.

Otro capítulo de situaciones de gravedad vividas en nuestra provincia fue en julio del 2007, cuando hubo un incendio forestal en Cerro Muriano que arrasó miles de hectáreas. Del total de la superficie calcinada, la mayor parte pertenecían al campo de tiro de la base militar de Cerro Muriano y el resto era de las fincas colindantes, en las que se quemaron encinar, pinar y matorral. En las tareas de extinción participaron más de 570 personas de forma ininterrumpida, quienes trabajaban en turnos para controlar dos de los tres frentes que presentaba el fuego. En aquel caso, las características orográficas del terreno dificultaron las tareas de extinción. Además de los medios humanos, en la extinción de este incendio trabajaron una veintena de medios aéreos, entre los que se contaban siete cordobeses y otros llegados de Sevilla, Almería, Granada y Jaén pertenecientes al Infoca, a los que se sumaron medios del Ministerio del Medio Ambiente.

El fuego se declaró en el campo de tiro de la base militar de Cerro Muriano, una zona en la que después ha habido más siniestros, y en la que no podían actuar los medios de extinción terrestres, mientras que los aéreos debían sobrevolar a más altura debido a las constantes explosiones de la munición que se encontraba allí y que eran provocadas por las llamas. En total, se quemaron 4.100 hectáreas en los términos de Córdoba y Obejo. Aquel suceso de Córdoba fue considerado el incendio más grave que se registró durante aquel verano en Andalucía.

En Córdoba, este verano el fuego ha arrasado también más de 1.000 hectáreas, principalmente entre los incendios registrados en Alcaracejos y Cabra.