Alimentación y encurtidos, frutos secos y golosinas, textil y hogar, bisutería y complementos, decoración y artesanía… Este gran centro comercial al aire libre en el que se convierten los mercadillos empieza a salir de los estragos de la pandemia, aunque aún queda para que vuelvan a ser esos bulliciosos lugares en los que los clientes se agolpan y revuelven montañas de ropa en busca del chollo. Entre la resignación y la esperanza, los vendedores ambulantes cordobeses fían su futuro próximo a la nueva temporada de otoño-invierno, confiando en que sea lo más parecido a lo vivido antes de que el covid pusiera patas arriba su economía, llegando a tener entre un 70% y un 80% de pérdidas.

Varias mujeres buscan en un montón de ropa de uno de los puestos del mercadillo de El Arenal. | FRANCISCO GONZÁLEZ / MANUEL MURILLO

Antonio Torcuato, presidente del colectivo Comacor, que agrupa a los comerciantes ambulantes autónomos cordobeses, ve el futuro con algo más de optimismo aunque, reconoce, «el problema principal es la falta de solvencia de nuestros clientes», refiriéndose a la situación económica en la que la pandemia ha dejado a muchos ciudadanos. Pese a todo, «muy pocos compañeros han abandonado sus puestos porque nuestra actividad es heredada, somos un colectivo resiliente», continúa Torcuato, que asegura que «Córdoba es fiel al mercadillo, somos un motor en la ciudad», aunque también es cierto que «ahora hay menos dinero en los hogares cordobeses» y, por otro lado, muchos de esos adeptos a la compra ambulante aún temen el contagio y huyen de las aglomeraciones, pese a estar al aire libre y con las medidas sanitarias correspondientes.

Clientas en un puesto de bolsos.

«Es el primer día que vengo desde que empezó todo esto», señala Purificación, que, acompañada de su nieta, no buscaba nada especialmente ayer en el mercadillo de El Arenal, tan solo «quería venir a dar un paseo y volver a ver los puestos de flores, que me encantan». Por su parte, su nieta señaló que «si veo algo que me gusta me lo llevaré, pero yo ya me estoy acostumbrado a la compra on line y creo que seguiré en ello».

Las ofertas de los puestos son un reclamo.

En efecto, las nuevas formas de adquirir todo tipo de productos a golpe de clic también han afectado a este gremio, «igual que a todos», continúa Torcuato. «Nuestra actividad es presencial, en un entorno seguro y con un encanto diferente», explica el presidente del colectivo, que valora la idiosincrasia de esta forma de venta ambulante tan arraigada en Córdoba. «La gracia que tiene el mercadillo, la relación con el cliente, la variedad de puestos, el rato de asueto, el paseo, son cosas que solo te ofrecen los mercadillos», concluye.

Como suele pasar, entre los vendedores ambulantes los hay que ven el vaso medio lleno y los que lo que lo ven medio vacío. «Yo creo que está igual que siempre, aunque las ventas son menores en verano», dice Antonia Reyes, que está al frente de un puesto de ropa de caballero. «Todo depende del género y la calidad que tengas», continúa esta vendedora.

Muy cerca, José Jiménez no se muestra tan optimista al frente de su puesto de ropa interior, señalando que «la recuperación va muy lenta, la situación no es buena». «Hay menos gente por el miedo al contagio y también porque hay poco dinero, mira cómo están los puestos, no hay eventos, no hay nada, y el teletrabajo también ha hecho que usemos menos ropa», explica Manuela ante su mostrador. Tampoco están demasiado optimistas los vendedores que ponen sus puestos en el mercadillo que cada martes y viernes se instala en la avenida Agrupación Córdoba. Allí, Francisco Pineda no quiere ni acordarse de lo vivido en este último año. «La pandemia ha sido la puntilla para este sector, de hecho, muchos compañeros lo han dejado porque no han podido cubrir gastos de seguros, etcétera», se lamenta Pineda, que tampoco se siente muy apoyado por las administraciones, que «de palabra, muy bien, pero de hechos, nada», y asegura que aún no han recibido las ayudas prometidas. «A día de hoy, estoy buscando trabajo para dejar esto», concluye. H