El pasado jueves quedó inaugurada en España la canícula, temporada considerada la más cálida del año y que se desarrolla entre el 15 de julio y el 15 de agosto. Nadie duda de los periodos estipulados por los meteorólogos, pero también es cierto que en Córdoba el calor es tendencia también en junio, a veces en mayo e, incluso, cuando llega la actividad de septiembre. Aquí, en la ciudad, los que no pueden huir al fresco de la costa o a la rebequita a la que obliga el norte se las ingenian para pasar los días de avisos por calor de una manera, cuanto menos, aceptable.

El día se sobrelleva como se puede, bien con aire acondicionado, ventilador o persianas bajadas, bien en alguna piscina donde darse un chapuzón. El problema viene cuando cae la noche, pero las temperaturas se mantienen en cotas que el umbral del sueño no es capaz de atravesar.

¿Qué le queda, por tanto, a los cordobeses? Sus zonas verdes, sus hamacas, una nevera con hielo y refrescos y algo de compañía. Ojo, esto no es nuevo. Sentarse a charlar en una noche de verano para evitar estar encerradas en casa ya lo inventaron las vecinas de Cañero hace muchísimos años. Ahora la fórmula se mejora, incluyendo mesas con viandas, estructuras para jugar al voleibol y decorados por si se celebra un cumpleaños.

La Asomadilla | El parque urbano más grande de la ciudad atrae a decenas de cordobeses. CHENCHO MARTÍNEZ

Cumpleaños como el de David, que celebró en la noche del viernes su entrada en los diez años junto a su familia y amigos muy cerca del avión cultural. Una tarta con dibujos de la película Madagascar, sándwiches y refrescos porque en el césped, como decían los allí reunidos, «se está bastante mejor que en casa». Y es que estos jardines son, quizá, los más transitados en las noches del verano cordobés. Por allí también andaba la familia Prieto, que todos los viernes se reúne en esta zona verde de la ciudad, algo que hacían antes de la pandemia.

Misma estrategia es la que siguieron cuatro de las ocho hermanas Cecilia Muñoz, que reconocían, en torno a su nevera y comida sin gluten (una de ellas es celíaca), que antes del covid ya pasaban las noches de verano en Miraflores, pero que ahora estas quedadas se han multiplicado. Desde Arroyo del Moro, la Fuensanta, el Guadalquivir o el Campo de la Verdad se desplazan estas hermanas para poder paliar, en parte, los envites del termómetro. Pero desde más lejos viene un grupo de amigos, uno de ellos de Montilla, que llevaban, reconocía una de ellos mientras felicitaba a su amiga Carmen por su santo, «mucho tiempo sin coincidir por esto del coronavirus».

Hamacas y neveras | Elementos indispensables para pasar una noche al fresco. CHENCHO MARTÍNEZ

Y si explotado está el parque del avión, bastante menos transitado, quizá por desconocido, es un pequeño corredor verde situado a las espaldas del hospital Quirónsalud y las viviendas de la zona. Íker, de cinco años, jugaba en este césped con su primo Felipe, de solo dos, mientras sus madres Miriam Luna y Gema Luna, disfrutaban de una agradable charla sentadas en una toalla en el suelo. Una de ellas vive en este barrio en expansión y ambas aprovechan que cae el sol para que los niños jueguen y desfoguen después de todo el día metidos en casa. «Yo creo que aquí hay cinco grados menos que en la ciudad», comentaba una de las hermanas. Y no iba desencaminada, ya que se estima que en las extensiones verdes dentro de áreas urbanas la temperatura puede ser de hasta seis grados más baja que entre los edificios.

Y esta es la razón por la que en esta parte de la ciudad hubiera algunos grupos de amigos sin premisa de reunión, más allá de verse de nuevo en un sitio al aire libre, o con una razón de peso para encontrarse, como el cumple de una niña de cinco años que se celebró con sus padres y compañeros de trabajo, todos militares.

Y del Quirón, a La Asomadilla, el gran parque de Córdoba y, posiblemente, el más fresco por su altura y su extensión. Por allí andaba un grupo de jóvenes que aseguraban que «preferimos esto a estar en un bar» y que bebían agua y comían brócoli y uvas: «Para que luego digan». Ellos mostraban orgullosos sus hábitos saludables, pero por La Asomadilla suelen verse muchas bolsas de un restaurante de comida rápida cercano, donde los cordobeses compran su cena para tomarla al fresco.

Una familia juega al parchís en los jardines situados junto al avión cultural. CHENCHO MARTÍNEZ

Como al fresco estaba la familia Hinojosa Mateos, con sus bocadillos, sus latas y un bebé, recién nacido de apenas un mes, que ya ha empezado a conocer las tradiciones familiares de este grupo venido desde distintos barrios de la zona de Levante.

Y así se las ingenian los veraneantes cordobeses que se quedan en casa. Si en Torremolinos se disfruta de la arena desde por la mañana hasta por la tarde, esta ciudad, durante el estío, no invita a salir a la calle, como mínimo, hasta que el sol empieza a descender. Como domingueros con todos sus avíos (a saber: hamaca, nevera y bocadillos), en Córdoba todavía queda un resquicio de aire fresco en el que no hay arena, pero sí césped y, siempre, claro está, la mejor compañía posible.