Doña Mencía es uno de los pocos municipios cordobeses donde se cerraron centros educativos en este curso por la alta incidencia del covid-19. La comunidad educativa de CEIP Los Alcalá Galiano y el IES Mencía López de Haro se vio duramente afectada en la tercera ola y tuvieron que suspender la actividad presencial debido a la alta tasa de contagios.

Las alarmas saltaron con varios casos en las aulas que se extendieron a cursos completos y afectaron a algunos padres y madres. El municipio inició la curva ascendente el 15 de mazo y tocó techo el 31 del mismo mes, aunque apenas un mes después, el 23 de abril, recuperó la tasa de cero casos. En este período, casi 450 vecinos de diferentes edades fueron diagnosticados de covid, con la variante británica como principal causante de la rápida expansión.

Salvador Cubero, alcalde menciano, recuerda la especial incidencia que tuvo en los centros escolares y, aunque destaca que el origen de los contagios no estuvo ahí, sí se trasladó muy rápido a estos. Desde el principio, el Ayuntamiento solicitó el cierre para evitar el contagio de más población y recomendó el confinamiento. Aunque la Junta tardó un poco en reaccionar, al final lo hizo cerrando los centros educativos. Cubero resalta «la solidaridad y la responsabilidad de la ciudadanía actuando de forma individual para conseguir el bien colectivo».

En los centros escolares se vivió de una forma muy preocupante. Como relata uno de sus profesores, Fran, durante el curso el «chorreo de positivos ha sido constante. Pero de repente todo nos pilló desprevenidos, llegó al final del trimestre, en plena vorágine final de exámenes, y nos cogió de improviso; de repente, sin darnos cuenta, se había desmadrado y los casos crecieron exponencialmente». Algunos profesores impartían clases telemáticas y otros planteaban las actividades, «pero no éramos conscientes de la rapidez con la que se estaba propagando el virus y podía llegar a afectar al profesorado. Ya cuando había más de 40 casos fuimos conscientes de que era una situación de riesgo para todos», recuerda. 

La llegada de las vacaciones de Semana Santa se convirtió en un aliado y no se perdió mucho en materia, «supuso un poco de traspiés en el proceso educativo, pero salvable con las plataformas digitales, a las que ha costado adaptarse». En este sentido, insiste en que «los medios telemáticos son complicados de gestionar porque ya en clase cuesta que parte del alumnado se concentre y siga una dinámica, y con los medios telemáticos hemos detectado que se han desconectado, en las sesiones teleformación no todos estaban conectados, y después volver a lo presencial supone para el alumno que le dificulte aún más retomar la normalidad». 

En la parte sanitaria, María José Cubero, enfermera del centro de salud, reconocida por su labor por el Pleno municipal, recuerda con angustia aquellos días. «Cuando comenzaron a salir positivos en menores y la preocupación crecía porque tenían 3 años, que no usan mascarilla y el riesgo de propagación era mayor, la situación se complicaba por momentos, con padres muy nerviosos, y las pruebas a niños y niñas tan pequeños eran algo bastante excepcional y sufrían bastante con la PCR». El objetivo era tener los datos lo más rápido para poder atajar el brote. «El trabajo de todo el sistema ha sido enorme, profesores y enfermeros enlace covid se tenían que coordinar con nosotros». Pero a pesar de todo ello, la parte positiva es que la gran mayoría fueron casos asintomáticos.