Rafael Espino Navarro es un aguilarense de 58 años que se ha propuesto recuperar la memoria de cuantos cordobeses fueron ejecutados durante la Guerra Civil y el franquismo. Lo hace por medio de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Aguilar (Aremehisa), de la que es presidente.

¿Qué es Aremehisa y por qué surge?

Aremehisa nace de un entorno familiar. Desde el año 2004, yo, personalmente, inicié la búsqueda de algunos de mis familiares desaparecidos, de los que tenía constancia en aquellos momentos, que eran mi abuelo paterno y un sobrino, que habían sido fusilados. Hicimos una búsqueda en redes. Fueron los años en los que se inicia todo este movimiento social. A raíz de esa búsqueda, conjuntamente con mis hermanos, Antonio y Rosalía, decidimos crear una asociación, en principio de carácter local, para saber dónde estaban nuestros familiares. Después se fueron sumando muchos más familiares de represaliados.

Eso le iba a decir, que ya Aremehisa sobrepasa los límites locales. ¿Cuántas entidades hay en la provincia que estén llevando a cabo los trabajos de investigación y exhumación de fosas del franquismo?

Quizás seamos los únicos de la provincia. Nosotros empezamos con un trabajo estrictamente local. En el año 2006 se legalizó la asociación. Comenzamos cuando el Ayuntamiento inauguró un monolito, un árbol, del que tomamos nosotros el anagrama, con una subvención de la Junta de Andalucía, donde se iba a colocar una placa con los nombres de todos los desaparecidos en la localidad. Pero no sabemos por qué no se puso. Creemos que fue un poco por miedo, porque desde entonces hemos andado mucho. Se inauguró el monolito pero no se pusieron los nombres. Y ese fue nuestro primer trabajo, identificar a esas personas y poner los nombres.

Y, hoy en día, Aremehisa es la locomotora de la búsqueda de restos de la provincia de Córdoba, aunque también está Dejadnos Llorar, ¿no?

Sí. Bueno, Dejadnos Llorar está más centrada en Córdoba capital, y nosotros, aunque hemos ayudado e intervenido allí también, pues las peticiones que nos llegan son de toda la provincia de Córdoba, hemos intentando ayudar a todos los familiares, a algunos dándoles información, a otros localizando la sepultura o la fosa, que son los ámbitos donde nosotros nos movemos.

Los recursos para estas acciones, ¿de dónde proceden?

Los recursos que nos llegan de las administraciones son totalmente insuficientes. De la administración andaluza, totalmente negados desde hace cuatro o cinco años. Cerró el grifo y para esto no hay ninguna financiación. Y para lo que estamos haciendo en Aguilar (donde hay una excavación en marcha) son cuatro administraciones las que han aunado un poco los esfuerzos para conseguir el 40% de lo que se está realizando aquí desde el año 2010. En el 2010, el Ministerio de la Presidencia subvencionaba este tipo de trabajos con en torno a 45.000 o 50.000 euros.

¿Cuánto puede costar una excavación como esta que están llevando a cabo en Aguilar?

Es que esto es, digamos… Yo te puedo decir lo que cuesta exhumar a una persona, que está en torno a los 1.000 euros y la identificación también está en torno a eso. Entonces, estamos hablando de que aquí son intervenciones donde se intentan localizar 70 u 80 personas, pues solo en exhumaciones te vas a 70.000 u 80.000 euros. Y, luego, la misma cantidad para la identificación. Cuando nos llegan financiaciones que están en torno a los 8.000 o 10.000 euros. En este caso han sido cuatro administraciones, el Ministerio de la Presidencia, que nos ha subvencionado con 16.000 euros; la Femp, que ha aportado 6.000 euros; y la Diputación, que ha aportado otros 2.000. El Ayuntamiento también ha destinado 4.000 euros. Eso suma 28.000 euros y nos limita la actuación. Por eso hay que hacerlo en distintas fases.

¿Los ayuntamientos podrían asumir la excavación en su pueblo por iniciativa propia?

Por supuesto. Claro que podrían. Podrían perfectamente porque estamos hablando que, aquí, por ejemplo, se inician los trabajos en el 2008. A lo largo de todos esos años, aunque dicen que no pueden asumir de forma directa esa actuación, haciéndolo en distintas etapas pueden asumirlo perfectamente.

¿Cuántas fosas o enterramientos de represaliados o fusilados hay en la provincia?

Pues prácticamente en cada pueblo hay una, si no hay más de una. Luego también últimamente nos han llegado algunas localizaciones en ubicaciones fuera de los pueblos.

¿Cuántas se han excavado ya?

Pues muy poquitas. Están la de Santaella, la de Aguilar de la Frontera, en Monturque se intervino también, en Adamuz, en Guadalcázar y en Montoro.

¿Y pendientes o autorizadas?

Casi todas las demás. Y autorizadas también. Algunas se iniciaron y como no hay fondos suficientes se paralizó el proceso.

¿De cuántas personas por recuperar estamos hablando?

En la provincia de Córdoba, según las investigaciones de Paco Moreno, que son las más fiables y donde todos vamos a coger la referencia, estamos hablando de más de 12.000 personas. Pero esas cifras se pueden disparar, porque Paco recoge en Aguilar de la Frontera entre 60 y 70 víctimas y nosotros tenemos un listado que está ya en casi 200 personas. De ser así, podríamos estar hablando de cuatro veces más solo en la provincia. En Andalucía, nos vamos prácticamente a un tercio de lo que fue la represión en todo el país, que estamos hablando de casi 50.000 personas y, a nivel nacional, superan las 150.000.

Y Córdoba es una de las provincias con mayor cantidad de represaliados, ¿no?

Córdoba y Sevilla, que fue donde existió bastante más represión que en otras provincias. Ten en cuenta que cuando hablamos de grandes fosas de la capital, donde se masifican, son fosas donde puede haber 2.000 personas; pero luego hay otras como Baena, Priego o Puente Genil, donde los números andan entre los 400 o los 500 cuerpos.

¿Cree que se llegará algún día a recuperar todos esos restos?

Nosotros somos optimistas por naturaleza, lo que pasa es que el día a día nos va demostrando que esto es un trabajo lento y son dos luchas las que hemos emprendido, la lucha contra el tiempo, que la estamos perdiendo, evidentemente, porque se nos están muriendo nuestros mayores, los testigos directos, los hijos de los represaliados. Y otra lucha constante contra las administraciones, contra la falta de sensibilidad y contra la falta de medios.

¿Son todos los ayuntamientos y todas las administraciones receptivas a esta actividad?

Pues hasta el momento, digamos que no hemos encontrado ninguna que nos diga que no. Todas nos dicen que sí, de todos los signos políticos, y hemos llegado a acuerdos. Lo que pasa es que a la hora de plasmarlo en hechos evidentes, en financiación, en un mínimo de dar una autorización para que se comiencen las intervenciones se suele quedar en agua de borrajas.

¿Qué es lo más complicado de todo este trabajo?

Lo más complicado es la investigación inicial. Saber localizar dónde están exactamente las fosas. Ten en cuenta que estamos hablando de asesinatos, de personas que fueron asesinadas hace más de ochenta años, que se ocultaron. Todo el mundo sabía que se había asesinado a un montón de personas pero nadie sabía dónde estaban. Nadie se acercó al cementerio, mantuvieron un silencio total y absoluto…

Rafael Espino, presidente de Aremehisa Manuel Murillo

Unos porque les interesaba y otros por miedo…

Claro. No existe registro documental. Al menos, nosotros no lo hemos encontrado después de 16 años de intervenciones en toda la provincia de Córdoba y no hay ningún registro documental que identifique una fosa común. Sí sepulturas individuales, pero también algunas se disfrazaron cambiándole los nombres o los números y demás en los cementerios.

¿Qué piensan cuando hay partidos y personas que pretenden que se pase página en este asunto o que indican que se están abriendo cicatrices de viejas heridas?

Pues… Ese es un tópico muy viejo, muy utilizado. Nosotros hemos intentado siempre, aunque este asunto tiene muchas connotaciones políticas, dejar la política a un lado, la simbología religiosa también, porque entendemos que existen tres o cuatro tipos de memoria: la memoria de las víctimas, la de los familiares, que es donde nosotros nos movemos y reivindicamos, porque intentamos recuperar los restos de nuestros familiares; la memoria política, que es de donde vienen ese tipo de afirmaciones, de la memoria política, que en los últimos años está ganando mucho terreno; la memoria técnica, que es la de los técnicos y arqueólogos… Juntando esos tres tipos de memoria tenemos un cóctel molotov. Las mezclas para nosotros no han sido buenas. Hay que mantener la memoria de los familiares por un lado, la memoria técnica por otro y la memoria política intentamos que discurra por otro sendero. Nadie que tenga una persona desaparecida, un familiar que no sepa dónde está, hace ese tipo de afirmaciones.

Supongo que cuando se recupera un cuerpo y se confirma una identificación se vivirán momentos muy emotivos, al comunicárselo a los familiares…

Por supuesto. Ten en cuenta que ese es el quid de toda esta intervención, intentar identificar los cuerpos, recuperarlos y entregárselos para darle digna sepultura. Nosotros hemos tenido aquí momentos inolvidables y todavía se me pone el vello de punta al recordarlos. De las 66 personas que hemos recuperado ya en las distintas intervenciones que hemos realizado en Aguilar, se logró identificar a una treintena, cuyos restos se pudieron entregar y los familiares se los han llevado a sus localidades de origen o a donde terminaron sus viudas, estamos hablando de Córdoba, Madrid, Barcelona… Son momentos inolvidables, emotivos. Yo no podré olvidar a mi padre, que murió hace tres años. Lo recuerdo en esta parte de arriba del cementerio, cogiendo los restos de mi abuelo, que los encontramos, llorando como un chiquillo.

¿Cree que es consciente la población española actual de la importancia de la acción que ustedes y otras organizaciones memorialistas llevan a cabo?

Cada vez más. Estamos hablando de que en el año 2005-2006 estas cuestiones no se ponían encima de la mesa. Y ya se ha normalizado el diálogo, poder hablar de este tipo de cuestiones. Lo que pasa es que tenemos que ser capaces de hacer de esta experiencia, de este trauma nacional, algo que sea didáctico, colectivo y que las nuevas generaciones, que son las que más desconocen estos temas, sean capaces de conocer los episodios que ocurrieron en España hace 80 años.

¿Usted está en esta lucha por conciencia, porque perdió algún familiar o por ambas cosas?

Pues como yo comencé buscando a tres familiares, descubrí que tenía 7 familiares represaliados. Sí lo hacía era por un compromiso personal con los familiares, que no dejan de crecer. Curiosamente, cuanto más se reduce la financiación y el compromiso político más crece la demanda de búsqueda de familiares.

¿Teme que con los derroteros que está tomando la política actual en nuestro país, con la emergencia de partidos que niegan estos hechos, acabe por volverse a tapar esta vieja añoranza de los familiares de los represaliados?

De hecho ya lo hemos sufrido. En esta comunidad lo estamos sufriendo desde que cambió el último gobierno de la Junta de Andalucía. Nosotros intentamos dejar la política al margen y llegamos hasta extremos de que no hacemos ninguna distinción política. Nuestros estatutos recogen solamente que nos dedicamos a la búsqueda de familiares, que cualquier petición de búsqueda de familiar la atendemos y no discriminamos entre un bando y otro. De hecho ya hemos hecho varios informes de personas que nos han llegado buscando a sus familiares, que eran del otro bando. Actualmente tenemos una petición de extradición de un divisionario de la División Azul de aquí en Aguilar, del que localizamos su sepultura en Rusia y buscamos a sus familiares, los encontramos y cuando llegué a la puerta y llamé y le dije que podíamos saber dónde estaba su familiar, las lágrimas que esa mujer derramó eran exactamente igual que las que derramaba mi padre ahí arriba.

Las lágrimas no tienen ideología.

Las lágrimas no tienen ideología. Ahí es a donde nosotros queremos sacar la experiencia, intentar trasladarla. A más de un político se lo hemos explicado, creemos que en esto precisamente consiste el trabajo. Que es un problema de derechos humanos, cualquier persona desaparecida, lo mínimo que tiene es derecho a que se le encuentre.

¿No son demasiados años ocho décadas para reparar estos daños?

Muchos, muchísimos. Si lo trasladamos a la cuestión económica, una financiación de 15.000, 18.000 o 20.000 euros que se necesitan para abordar cualquier tipo de tarea, si dividimos esa cantidad entre los días que lleva esa persona desaparecida, la cantidad es ínfima. Nos vamos a céntimos de euro al día. Eso es lo que las administraciones de este país han apostado por los desaparecidos.

¿Qué pasa con los restos que se identifican si no aparece nadie que se haga responsable de ellos, porque haya fallecido o no se localice a ningún familiar?

Esa es una de las labores que hacemos. Que la politización de este tipo de trabajo se ha dejado un poco al margen. Cuando realizamos una intervención tenemos familiares contactados, y luego tenemos un listado de personas desaparecidas y cuando tenemos evidencias de que las personas desaparecidas pueden ser identificables, empezamos el trabajo de buscar a sus descendientes. Lo hemos hecho en Francia, en Chile, en Rusia y en toda España. Contactamos, buscamos, es una labor de chinos pero nos agrada hacerlo y ponemos todos los recursos a nuestro alcance para conseguirlo. Si esto no se hace así, quedarán muchos cuerpos sin identificar y esto, entonces, perderá gran parte de su valor.

Aunque lo habrá contado muchas veces, ¿qué zonas de la provincia fueron las más castigadas? o, dicho de otra manera, ¿dónde queda más trabajo por realizar?

Sobre todo la Campiña, solo entre Puente Genil, Aguilar, Cabra y Monturque podríamos hablar de más de 1.000 personas asesinadas, pero asesinadas en los primeros meses… Una limpieza. Además perfectamente planificada, fueron a cazarlos, a los dirigentes políticos o sindicales en la Campiña, en el norte de la provincia también y en Córdoba capital. En Aguilar se estuvieron produciendo asesinatos durante tres meses, prácticamente, y a partir del mes de octubre, las personas eran detenidas y trasladadas a la capital, donde eran ajusticiadas.

¿Se está contando ya la historia reciente de este país como realmente ocurrió?

No. Ni se está contando ni la van a contar. En parte porque no vamos a poder saber qué fue lo que ocurrió con seguridad y en muchas ocasiones cuando lo sabemos tenemos que callar, no podemos abrir la boca ni señalar con el dedo a nadie.

¿Todavía hay miedo?

Sí. La persona que me trajo a este lugar donde estamos trabajando, lo primero que me dijo en la entrevista que le hice cuando fui a su casa fue: «Niño, a mi por contar esto no me pasará nada, ¿no?».