Rafael Gómez reaparece. Más sereno en apariencia. El paso por prisión, una caída, el coronavirus, la pérdida de familiares durante la pandemia y la maraña judicial en la que se encuentra inmerso no merman el genio, aunque sí atemperan el carácter. Al menos, en apariencia. La eternidad que parecía buscarse en el pasado abre ahora una vía a la realidad de la vida. «No somos nadie, hermano», repite como un mantra quien un día lo fue todo o casi todo en Córdoba. Habla en el Restaurante Los Mellizos, en Benalmádena, en donde no para de saludar mientras almuerza, incluidos a los dueños, y recuerda que el mítico Fary era amigo de ellos y habitual de uno de los sitios de referencia de la Costa del Sol.

¿Cómo es ahora su día a día?

Pues en mi día a día, como estamos con el coronavirus y estoy jubilado, intento ayudar a mis hijos y a los trabajadores que hay en la empresa para que tiren para adelante. La cosa está muy complicada, pero entiendo que tengo la obligación como padre y como persona de intentar ayudar en todo lo que pueda. Entonces, todos los días luchamos viendo cómo salir adelante, porque las cosas no están fáciles. Pero bueno, estoy contento, porque sé que las adversidades son grandes, pero hay que superarlas.

¿Cuántos trabajadores puede tener ahora la familia entre directos e indirectos?

Ahora mismo, pues no es que tenga muchos trabajadores en comparación con otras épocas. Ahora mismo están en ciento y pico o 200 trabajadores entre todas las empresas, taller de joyería, hostelería, que como bien sabes ha estado muy parada, pero ya se está abriendo la restauración. Gracias a Dios, con las vacunas, pues está mejorando el tema de la pandemia y en cierto modo va a empezar la recuperación de las empresas, lo que llevará a los trabajadores a vivir mejor.

¿A pesar de la pandemia, intenta frecuentar sus lugares habituales en la ciudad?

Sí, bueno, la verdad es que desde que salí de prisión tuve una caída en casa. Me caí, me hice bastante daño y estuve cuatro meses en cama y, a continuación, llegó el coronavirus. Eso ha hecho que no podamos frecuentar los sitios como lo hacíamos antes, por el peligro de contagio. Ahora estoy metido de lleno en ayudar a los trabajadores que tenemos, a mis hijos, a mis nietos, porque como digo las cosas están complicadas, difíciles, pero hay que salir adelante. Ahora estamos con la batalla del Tívoli para intentar que sus trabajadores tengan seguridad en sus trabajos, porque antes estaban en ERTE y ahora, en paro.

Rafael Gómez, afición al cante CÓRDOBA

¿No piensa en descansar y que peleen los que vienen detrás?

Pienso que durante el tiempo que esté en la vida voy a seguir trabajando. ¿Por qué? Porque tengo la obligación de ayudar a nuestros semejantes, a mi familia, a nuestros trabajadores, a todos. Como sabes, todos nos iremos de aquí ligeros de equipaje y yo siempre estoy contento. Con mi trabajo, cómo hago las cosas, nunca he pretendido nada, por lo que para mí la vida es muy sencilla, muy fácil. El tiempo que esté en ella tengo que intentar pasarlo lo mejor posible y hacerlo pasar bien a los que están cerca de mí. Pasarlo bien. Porque todo consiste en tener la paz interior y cuando se tiene la paz interior no se pretende nada. Solo el vivir, estar bien, tratar de comportarnos lo mejor posible. Antes teníamos muchas salidas a los barrios, a todos lados, pero hoy en día… El otro día salí con un amigo que no me había visto salir nunca por la tarde. Y cuando me pararon más de 500 personas en Córdoba en apenas diez minutos se asustó. Se preguntaba que cómo era eso. Él no lo había vivido y se quedó sorprendido. Estoy contento y feliz como estoy, tengo diez nietos y tengo que trabajar, ayudar, aunque esté jubilado, pero seguiré dando el do de pecho hasta el día que me muera.

Usted ha tocado todos los palos en Córdoba: joyería, construcción, política y hasta fútbol. ¿Cómo ve Córdoba?

Córdoba, en estos momentos va a tener un empuje bastante grande. Todo es restauración, bares, tiendas y sabemos que el comercio, con esto de la pandemia, está muy mal. Están los locales vacíos. Desgraciadamente hay unas personas que están con ayudas y sin sueldos en condiciones. La verdad es que Córdoba necesita más trabajo y sobre todo dar seguridad a los trabajadores y que puedan sacar adelante a sus familias con dignidad.

"El kilo de oro está a 50.000 euros y así es muy difícil hacer joyería"

En eso tienen también su papel los políticos. Usted tuvo también su etapa en la política.

La verdad es que no la sigo mucho. Después de salir de allí -de prisión-, tras caerme y la pandemia, pues… Pero sabemos que el tema de la política es complejo. En cada momento todo el mundo quiere salir de alcalde o de presidente y es muy complicado. Como se está viviendo, además, con la pandemia, pues las cosas están difíciles para todos. La Judería está tirando a trancas y barrancas, porque le oro vale muy caro y las personas hoy en día compran algo de plata o bisutería. Pero el oro se mueve con cuentagotas. Porque el kilo de oro vale 50.000 euros y es muy difícil hacer la joyería como antes se hacía. Todo el mundo tenía la oportunidad de comprarse un sello, una sortija o una pulserita. Hoy en día eso está es inalcanzable para la mayoría de los españoles. Los sueldos no han progresado, lo que han hecho es achicarse. Desde el 2007 a esta fecha la gente gana en muchas ocasiones menos de la mitad de lo que ganaba entonces. Las familias lo tienen complicado. Hace falta que el trabajo se normalice, que la pandemia se quite de enmedio y que los empresarios puedan empezar a crear puestos de trabajo pagando sueldos en condiciones. No es que no quieran hacerlo ahora, es que no pueden, porque a ellos mismos les cuesta la misma vida abrir los negocios, lamentablemente.

¿Existe algún político que le haya llamado la atención en estos años?

Realmente, yo no soy político. Hice el partido, como sabes, pero te digo una cosa: hay muchísimos cordobeses que me dicen «Rafael, el partido seguirá, el partido seguirá». Es decir, que hay mucha gente que quiere que siga el partido. Yo no puedo hacer política, porque cuando me pasó el tema de la condena me echaron ocho años de inhabilitación. Los cordobeses no pueden contar conmigo para nada en ese sentido. Como soy una persona que veo las cosas normales y el problema de la vida es que la mayor parte de los humanos no son normales. Es un problema que tenemos. No puedo en cierto modo de la forma que quisiera, abiertamente. Pero no por nada, sino porque ¿quién es capaz de llevar las cosas a buen término tal y como están las cosas ahora mismo con la pandemia? Es muy complicado, es difícil. Por lo que decir que fulanito lo haría mejor, pues… Veo que hay inestabilidad en el tema del trabajador y es lo que tenemos que conseguir eliminar, los que mandan en el país. Que se preocupen en que el progreso llegue al trabajador para que viva dignamente. Por desgracia, por las circunstancias que todos sabemos pues las cosas están muy complicadas y los empresarios están arruinados, la mayoría, desgraciadamente. Ayer estuve con un empresario que tiene 3.500 habitaciones en un hotel, en Benalmádena. «Rafael, no he abierto porque los que vienen normalmente aquí son extranjeros y los extranjeros no vienen todavía», me comentó.

La hostelería en general es la que más está sufriendo.

El otro día, hablando con Luis Rius, uno de los empresarios de hostelería más grandes del mundo, que es amigo mío, de Palma de Mallorca, me decía: «Rafael, la pandemia nos ha puesto a todos en nuestro sitio». Antes me decía cada dos por tres, por ejemplo, «vente, que vamos a inaugurar un hotel en Nueva York con 780 habitaciones», o cada dos semanas inauguraba un hotel en el mundo. Y ha llegado la pandemia y nos ha puesto a todos en nuestro sitio. Es decir, que no valemos nada, no somos nadie. Se ve el hombre que la pandemia ha desmontado a él y a todos los empresarios y a todas las personas. Realmente no somos nada. Yo siempre he pensado que la pandemia era un problema de que estamos demasiadas personas en el mundo y de que hay poco trabajo. Entonces yo he llegado a pensar un tiempo que era una pandemia creada para eliminar a personas en todo el mundo. Hoy, una tercera guerra mundial sería una hecatombe si se lían a bombazos. Entonces, pensaba que habían creado un producto para destruir no lo que está construido pero sí poner las cosas… Esta pandemia ha creado mucha ruina en los países y los problemas son graves. ¿Qué tenemos que pensar? Pues que Dios quiera que lo que nos están poniendo (vacunas) sirva de algo y no sigan muriendo tantas personas como han muerto.

Rafael Gómez frente a la entrada al Tívoli. FRANCISCO GONZÁLEZ

Le noto más sereno.

No soy tan agresivo, ¿no?

Sí, también eso.

Sí, no soy tan agresivo y te voy a explicar. Lo que pasa es que realmente, como bien sabes, estoy en libertad condicional. Eso me hace estar, en cierto modo, en prisión, aunque esté en la calle. Tengo ese problema todavía. Me echaron cinco años y tres meses y gracias a Dios estuve un año en prisión y he salido. Quieras o no quieras… Si te digo mi verdad estoy contento de haber entrado en prisión, porque he conocido allí a muchas personas. He visto cómo son. Personas normales, que tienen sus fallos, sus cosas, pero hay muchísima gente. Personas que están mal de la cabeza o problemas de violencia de género pero, en definitiva, la mayoría son personas como nosotros, buenas personas. Estoy contento, cuando salí y me echaron de la prisión a Las Quemadas (centro de reinserción), una noche empecé a pensar en mis compañeros, empecé a llorar queriendo ir a verlos, porque los echaba de menos (se emociona). Son personas como nosotros y con mi forma de ser estoy más sereno, pero sigo siendo el mismo, lo que pasa es que tengo que pensar en mis hijos, pensar en mis nietos, pensar que tengo que he estado en prisión, tengo los años que tengo y siempre digo la verdad. Tú me ves más tranquilo pero es por eso, porque no quiero… La gente cuando se dicen las cosas te dañas tú mismo por decir las cosas de una forma que no se deben decir. La forma que he tenido y tengo. Mi madre me echó…

Como hable de cómo se paren a los hijos en Córdoba o en Sevilla…

Sonríe. Ahora aún me lo recuerdan cuando voy por Sevilla y me dicen «Rafael, tú eres un icono para nosotros, cuando dijiste aquello de que los sevillanos somos del Sevilla o del Betis desde que salen por el coño de su madre». Y es verdad, ¿sabes hermano? Entonces los sevillanos, cada vez que me ven me dicen que estoy en su mente porque cuentan que es verdad, desde que nacen, del Betis o del Sevilla, de lo que son los padres o los abuelos.

"Le hicimos un cuadro a Messi en la prisión"

Y aquí nadie o muy pocos nacen del Córdoba.

Aquí, realmente, no es que no sean del Córdoba. Es que yo, desde que empecé y tenía uso de razón jugaba a la pelota. En el Santiago, con Miguel Reina, yo le pegaba muy bien a la pelota. Y cuando vino Kubala y Di Stéfano a España, la mayoría de los españoles nos hicimos o del Madrid o del Barcelona. A mí me gustaba Kubala, ¿sabes lo que te digo?, y tiraba más hacia el Barça. Y ahora, desde que llegó Messi, me hice de Messi. Porque la verdad… Pero después me he dado cuenta de que el fútbol, hermano, es todo dinero. Y Messi se me ha vendido en dos Copas de Europa y ya… Le hicimos un cuadro en la prisión. Para dárselo a Messi. Le hicimos una dedicatoria: «Gracias, Messi, por haber disfrutado los españoles de verte tres veces en semana y darnos todo lo que nos has dado. Eres el mejor jugador de los que han existido en el mundo». Pero después, cuando se vendió con la Roma y con los ingleses… Cuando vino aquí a Córdoba fue mi nieto y se lo entregó. La verdad, yo, de mala gana. Miguel Reina y mi nieto se lo entregaron. Porque al ver lo que ocurrió en la Copa de Europa, pues pierde el sentido. El fútbol pierde el sentido. Es como lo que me pasó a mí en el Córdoba. Se me vendieron los jugadores cada vez que disputábamos el ascenso, ¿sabes hermano? Es a lo único a lo que no le he podido yo, al fútbol. Yo no podía concebir el hacer un equipo para ascender y llegaba el momento y se quitaban de en medio, porque llegaba un tío, les daba cien millones o lo que sea.

¿El Córdoba es lo que más le ha decepcionado?

El no haber podido ascenderlo, sí, es lo que más me ha decepcionado. Por eso, porque yo intentaba hacer un buen equipo, se hacía y luego llegaba la hora de los playoff y ahí se quitaban de en medio, lamentablemente. Eso es lo que más me ha dolido a mí.

¿Sigue al Córdoba, aunque sea de reojo?

No. Lo veo, más o menos. El otro día me dicen que el Córdoba ha descendido. ¿Qué ha descendido? Si está en Segunda B, ¿y ha descendido? La madre que parió… ¿A dónde van a echarlo? Le va a pasar lo mismo que al Cádiz o a otros, que desaparezca y a lo mejor va a ser lo mejor. Pero claro, el Córdoba es lo que estamos hablando. Fíjate el Córdoba, con la afición que ha tenido en Primera y ahora en Tercera, sin equipo y piensas que cómo puede ser eso. Pero es que el fútbol es muy complicado. Ya lo estás viendo, Messi ganando ese dineral, equipos hipotecados por tener a esos grandes jugadores y, en definitiva, quién paga el pato después, ¿el club?

Rafael Gómez, ayer, entre sus hijos José María y Esther, a las puertas del parque Tívoli, en Benalmádena. FRANCISCO GONZÁLEZ

Los años que quedan, que no serán pocos, se trata en definitiva de seguir luchando aunque con más serenidad.

Bueno, yo en el trabajo lucho con agresividad. Porque el trabajo lo tengo que llevar siempre con agresividad, porque si no, no hago nada. Las cosas están complicadas y lo que hay que hacer en un día no se puede hacer en diez. Eso es lo que yo siempre he hecho, por eso he hecho tantas cosas en la vida, si no no hubiese hecho… El tema de la construcción, en los ocho años que estuve nadie ha hecho lo que hice en esos años. Nadie. Si ves todo lo que hice tú y cualquiera piensa ‘eso es imposible que lo haya hecho el cabrero este’. Te quedas asustado, hermano. Eso es imposible. Ahora intento estar tratando de ayudar, de llevar las cosas a buen término, porque todos tenemos dificultades. Tú, yo y los empresarios, más todavía.

La pastillita de doña Conchi

Ha recordado hoy varias veces sus orígenes como pavero o cabrero. ¿Mira hacia atrás y piensa en cosas que ha hecho desde ese origen?

No, no. Porque nunca he pretendido llegar a ningún lado ni hacer nada. Eso ha venido solo, por la forma de ser de uno. Nunca he pretendido ser presidente del Córdoba, ni ser uno de los mejores en joyería o ser un empresario… Yo me metí y dije, bueno, vamos a probar en el tema de la construcción y vi que aquello era fácil, que era capaz de pegarle de tacón y dije, pues lo hago lo mismo. ¿Me entiendes? Y cualquier cosa que me pongo lo veo fácil. Pero nunca pretendiendo llegar a hacer todo lo que hice en construcción o joyería. Nunca pretendí eso, la verdad. Vinieron las cosas así y he tenido una buena compañera. Sin una buena compañera no hubiese hecho lo que he hecho. Porque ha estado ahí para lo bueno y lo malo, siempre al lado mía.

Su mujer es su pilar.

Claro. Ha sido una compañera excepcional y sigue siéndolo. La vida es lo que te he dicho: un cuento. La única verdad de la vida es que todo es mentira. Nos creemos que somos… Y cuando nos vamos y pasan diez años nadie se acuerda de nosotros. Ni tus hijos, ni tus nietos, ni nadie. A tomar por saco. Me dices que estoy más tranquilo. Pues no me han dado nada. Te voy a contar una cosa. Cuando llegué a prisión, doña Conchi, que es la médica de allí, me daba una pastilla blanca, redondita. Y a los seis meses le pregunté: ‘doña Conchi, ¿esta pastilla para qué es?’, porque yo no sabía para qué me la daba. ‘Eso es para que estés tranquilo’, me contestó. Le dije que me la quitara, que no la quería ni la necesitaba. Ella que sí. Total, que me la quitó. ¿Y ahora sabes lo que hice, hermano? A Antonio, uno de prisiones de allí, le pregunté por la pastilla y me comentó que él llevaba cinco años tomándosela y que estaba tranquilo. Así que le dije a doña Conchi que me diera de nuevo la pastilla, una pastilla fabulosa. Y desde que me la tomo, hermano, no hago más que cantar. Pero 30 o 40 canciones cada día. Para mí eso es el huevo de Colón. Te lo juro por mis hijos, con 77 tacos. ¿Has visto cómo le pego? (Canta) ‘Con mi caballito blanco, yo me voy de paseo…’