BOTELLAS, LATAS Y TOALLITAS, LOS DESECHOS MÁS HABITUALES

Las patrullas ambientales limpian el campo, convertido en 'botellódromo' durante la pandemia

Sadeco retoma la actividad con grupos de voluntarios y educadores que llaman al civismo para evitar la acumulación de basura

Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

El campo no se limpia solo. Cuando alguien deja latas, botellas, toallitas, restos de una barbacoa o cualquier desecho en plena Sierra, permanece abandonado en ese entorno natural si alguien no se encarga de limpiarlo. Concienciados con el cuidado del medio ambiente, un grupo de voluntarios cordobeses han participado esta mañana en las patrullas ambientales organizadas por Sadeco, una actividad que pretende concienciar e implicar a la ciudadanía con la limpieza de espacios naturales.

Este sábado, la patrulla ha limpiado el entorno del Patriarca, donde han encontrado multitud de restos de vidrio, desde litronas a botellas de licores, latas, vasos de plástico y muchas toallitas higiénicas, esas que nunca se deshacen. "La gente se viene al campo para huir de la ciudad porque no se puede salir de Córdoba y, como los bares están cerrados, hacen el botellón aquí", comentan Sara y Reyes, dos de las voluntarias de veintipocos años que han acudido por primera vez, interesadas en colaborar. "El problema es que después no se preocupan de limpiar la basura y tirarla a un contenedor, a la vista está". Ambas son asiduas a actividades en espacios abiertos y alguna vez han tenido que llamar la atención a compañeros para que hicieran uso de las papeleras. "Cuando ves algunas cosas, te enfadas porque no cuesta tanto trabajo". En su opinión, el problema es que hay gente que viene un día, lo deja todo sucio y como cuando vuelve está limpio, "se piensan que la basura desaparece o que es trabajo de otros limpiar lo que ellos ensucian".

Para Araceli y Álvaro, de 27 años, esta limpieza al aire libre "es una forma de hacer ejercicio, salir a la Naturaleza y colaborar con algo que te hace sentir útil". Ambos confiesan que alguna vez han tirado basura al campo y creen que este tipo de actividad serviría para concienciar a niños y jóvenes. "Sería buena idea traer a quienes hacen botellón por la noche al día siguiente para que vieran y limpiaran esa zona", comentan, "es la única manera de darte cuenta del daño que estás haciendo". Los jóvenes no son los únicos incívicos en el campo. "También se ve la pista de las familias que vienen a hacer el perol y se dejan atrás residuos como latas, bolsas o botellas de plástico, mascarillas, hasta carros de la compra y muchas toallitas higiénicas, de eso está el campo lleno", destacan.

José Rafael Rodríguez, más conocido como Jota, es uno de los educadores que han acompañado en la tarea a los voluntarios. "Esta es la primera vez que volvemos al campo desde diciembre, ya que la reducción de los aforos nos había impedido hacerlo antes", comenta, mientras se acerca a un grupo de boy scouts ensarzados en una actividad grupal y les ofrece una bolsa de basura para depositar cualquier residuo. A poca distancia, una familia acaba de hacer fuego para preparar un arroz en pleno campo, aprovechando el buen día. "No hay más que dar una vuelta por el campo para ver el rastro que va dejando la gente", señala, "se nota que la pandemia ha hecho que muchas personas no habituales de la Sierra salgan para estar al aire libre sin reparar en que deberían dejar las zonas que pisan tal y como se las encuentran".

Alfonso Maestre y Mª Ángeles Aguilar se apuntaron a las patrullas en diciembre y nada más anunciarse esta para febrero han repetido. "Hacemos senderismo y vemos que estos días, como la gente no tiene dónde ir, hay lugares donde normalmente hay poco público que ahora son una feria, como la zona del Bejarano, los Baños de Popea o Las Ermitas". Esa masificación tiene como consecuencia el aumento de la basura. "Quien viene aquí y se deja una botella de cristal tirada debería pensar que puede provocar un incendio", señala Mª Ángeles.

Encantados con la utilidad de su salida al campo, todos coinciden en que "lo ideal sería que saliéramos y no hiciera falta recoger nada porque todo estuviera limpio porque es una pena ver el campo así". Tras dos horas, las bolsas de residuos se amontonan, llenas de todo tipo de restos. "El vidrio lo separamos para reciclarlo y el resto va al contenedor de inertes", comenta Jota, que insiste también en que en el campo, como en la ciudad, hay que recoger también los excrementos de los animales. "Si alguien llega y se va a sentar, no quiere encontrarse la caca de un perro, es orgánico, pero no es cívico dejarlas tiradas por ahí".

¿Dónde apuntarse?

Participar en las patrullas ambientales de Sadeco es muy fácil. Basta con enviar un correo a servicioeducativo@sadeco.es. "Cualquiera puede venir", explican los educadores, "si hay un grupo, o un centro educativo interesado para hacerlo con clases de alumnos, podemos organizarlo como actividad cerrada con ese grupo e incluso proponer un espacio natural concreto que quieran limpiar y si se trata de una persona o una pareja, se les integra como hoy con otras personas para hacer la salida". No hay que preocuparse de nada. "Nosotros damos guantes, bolsas, llevamos la pala y demás utensilios que hagan falta desinfectados y gel hidroalcohólico", recalca Jota, "la gente viene muy motivada, esto engancha, se te pasa el rato volando".

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