EVOLUCIÓN DE LA PANDEMIA

Coronavirus en Córdoba: Cada residencia, a su ritmo

Salud anunció en el BOJA el viernes la reactivación de visitas a los mayores institucionalizados, pero aún son pocas las que las han retomado y muchas las dudas para centros y familiares

Coronavirus en Córdoba: Cada residencia, a su ritmo

Coronavirus en Córdoba: Cada residencia, a su ritmo

Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

Aunque la inmensa mayoría de las residencias de mayores de Córdoba completaron hace tiempo el proceso de vacunación de usuarios y trabajadores, la reactivación de las visitas, que se suponía que ocurriría pasados siete días de la segunda dosis se está aplicando de forma desigual. El pasado viernes, la Junta de Andalucía dio luz verde de forma oficial a la reapertura de los centros, cerrados al menos desde el 27 de diciembre, cuando se empezó a administrarse la vacuna. Algunas, desde antes por haber registrado positivos.

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Las residencias Orpea de Córdoba han sido de las primeras en habilitar el protocolo tanto para las visitas en la terraza exterior, que exige a los familiares la colocación del epi completo, como para que salgan por los alrededores, lo que obliga a cambiar de ropa y asear por completo a cada mayor antes de reincorporarse a su rutina. Antonio Montilla salió ayer por primera vez en meses con su hija Pepi y su yerno al bar de enfrente, donde pudo brindar con una cerveza sin alcohol por la salud. Pepi lloró cuando la avisaron de que podría ver a su padre otra vez. «Esto está siendo muy duro», aseguró al ver a Antonio, cuya primera reacción fue intentar darle un beso. «No papá, el bichito sigue ahí, hay que tener cuidado». Antonio, natural de Castro del Río, tiene 90 años y trabajó duro en el campo hasta que emigró a Francia, donde nacieron sus hijos. "Al volver se colocó en la Escuela de Agrónomos, donde lo enseñaron a leer y escribir, es un hombre muy luchador y muy familiar", señala su hija, que sufrió mucho al no poder visitarlo en Navidad. "Lo que le ha salvado es que ha conocido a una amiga en la residencia y eso parece que le ha devuelto la ilusión".

En la terraza de la residencia, Maruja Sánchez se reunía al mismo tiempo con su hija, a través de una mampara. «No la veía desde el 11 de enero», recordó Encarna emocionada. Maruja tiene 90 años y pese a la situación se muestra alegre de reencontrarse por fin con sus hijas. "Desde el 11 de enero, no la habíamos visto más que en videoconferencia", señala, "antes de la pandemia la sacábamos todos los días a andar, ella es muy callejera, le gusta salir y cada día, cuando la llamamos nos pregunta ¿a qué hora vas a venir?, eso te rompe el alma", confiesa su otra hija, María José, que trabaja como auxiliar en el hospital y observa a su madre desde fuera. Afortunadamente, su madre no se ha contagiado. "Es muy dura, han cogido el virus otras amigas suyas y ella afortunadamente, no", explica, "yo veo lo que hay en el hospital y tenía mucho miedo".

Antes incluso de que lo publicara el BOJA, la residencia Santa María, en la plaza de La Compañía, ya había retomado salidas y visitas. Según Rafael Ruiz, trabajador social de la entidad, donde no se ha contagiado ni un residente en toda la pandemia, empezaron «justo cuando se cumplieron siete días de la segunda dosis». Lo hicieron siguiendo el protocolo de enero, con visitas escalonadas por cita previa para evitar que coincidan varios, «pero el viernes vino la inspección y nos dijo que había que esperar la nueva Orden», relata, «esa noche se publicó y el sábado seguimos». Según Ruiz, «todo es así, hay mucha confusión, sucesión constante de normas e instrucciones absurdas como que los trabajadores debemos guardar distancia de seguridad cuando tratamos con personas a las que tenemos que coger y mover a diario». En la puerta de la residencia, José Luis deja a su padre después de dar un paseo de media hora que, según confiesa, "le da la vida". En esta residencia, a diferencia de otras, han estipulado que los mayores no pueden sentarse en ningún bar, "solo dar una vuelta por los alrededores y volver" dos veces a la semana.

En su opinión, «mientras la gente hace su vida normal, los mayores tienen sus derechos fundamentales limitados desde marzo, lo que les está produciendo un daño psicológico y cognitivo muy grande». Recuerda Ruiz que su centro era antes de la pandemia «de puertas abiertas» y que la plaza contaba como zona de esparcimiento para los mayores, algo que no ocurre en otras residencias con más espacio. «Hay que ver estas cosas y priorizar la humanización a la hora de dictar normas», reclama convencido.

Antonia Gutiérrez, presidenta de la Asociación Cordobesa de Unidades de Estancias Diurnas y Servicios Sociales para la Dependencia, coincide con él. «Queremos proteger a los mayores del covid y se están muriendo de pena», afirma compungida mientras explica que su residencia sigue cerrada porque están esperando el alta de una persona que no acaba de llegar. Para Gutiérrez, están saliendo normas contradictorias «como exigirnos un protocolo muy exigente para las visitas y a la vez pueden salir sin saber dónde van a estar y con quién».

Coronavirus en Córdoba: Cada residencia, a su ritmo

Coronavirus en Córdoba: Cada residencia, a su ritmo

En el interior, con epi: Maruja Sánchez recibe la visita de su hija. CHENCHO MARTÍNEZ

En la residencia de La Trinidad, una de las primeras en recibir la segunda dosis en la capital, las visitas empezarán hoy mismo. Hasta ayer, había dudas sobre si cumplían todos los requisitos y decidieron esperar. En la residencia El Yate, sin embargo, empezaron ayer con cita previa de los familiares para las visitas en el centro. De momento, no hay salidas allí.

En Vitalia Guadalquivir, hace más de 7 días que se vacunaron todos, pero aún hay un grupo de usuarios aislados tras un brote que han dado ya negativo y ayer no tenían claro cuándo podían reabrir. En situación parecida están residencias de la provincia como la de Hermanos Muñoz Cabrera de Pozoblanco, que hasta ayer tampoco tenía fecha para su reapertura. Cada residencia es un mundo, igual que los protocolos, que están interpretan siguiendo un sentido común que dicen echar en falta en quienes los redactan. Además de controlar entradas y salidas, deben vigilar las tasas de los municipios donde residen los familiares. La Orden establece que si vienen de un sitio con una tasa de más de 1.000 no pueden ir a visitar a sus mayores, aunque no establece quién debe ser quien lo vigile.

La llegada de residentes nuevos también está suscitando muchas dudas. Si los mayores que llegan no están vacunados y el resto sí, se supone que habría que apartarlos del resto. «Se habla de aislar a los mayores con mucha facilidad», lamenta Antonia Gutiérrez, «pero hay personas con deterioro cognitivo a las que no puedes simplemente encerrar en una habitación, se pide establecer sectores con trabajadores que no se mezclen en residencias con solo un pasillo y una escalera», señala, «se nos exige mucho pero no se nos ofrece ninguna ayuda».