Guarderías y escuelas infantiles abren sus puertas el 1 de septiembre. Son pioneros al afrontar la novedosa situación que desencadena el covid-19 en la enseñanza. La actualización de instalaciones, división de espacios, el desembolso económico de las empresas dedicadas a este sector marcan el inicio. El primer ciclo de Educación Infantil -alumnado de 0 a 3 años- es esencial en una doble vertiente. Por un lado, el desarrollo cognitivo y motor comienza desde los primeros meses de vida, como detalla la presidenta de la Coordinadora de Escuelas Infantiles de Andalucía, Rosario de la Peña: «Es una etapa no obligatoria, pero muy necesaria. Para el desarrollo cognitivo de los menores es primordial y, además, multitud de estudios señalan que los niños que acuden a estos centros desde temprana edad tienen una evolución educativa en las etapas superiores mucho más favorable. Muchos fracasos escolares se superarían si estos niños se escolarizaran antes».

En la misma línea se posiciona la propietaria del centro El Puzzle, Azahara Sánchez, quien afirma que el servicio que ofrecen «es muy necesario, los niños llevan mucho tiempo sin salir, sin relacionarse con sus iguales». «Tenemos que tener en cuenta el tema de salud, pero la salud psicológica es también muy importante. Que los niños puedan divertirse y relacionarse entre ellos es fundamental para su socialización. Nosotros les enseñamos una rutina, unos valores, aprenden muchas cosas y empiezan a tener unas bases que van a ser fundamentales cuando sean más mayores», añade.

La conciliación familiar es otro elemento decisivo para las familias que trabajan y desean que sus hijos sean atendidos en todos los ámbitos. Conchi Arroyo, que regenta Tom Sawyer, considera que su servicio «es esencial a nivel social. Las familias se van a trabajar y saben que dejan a sus hijos en buenas manos; lo veo fundamental».

Asimismo, las condiciones de apertura de los centros educativos requieren de la adaptación de un protocolo que garantice la seguridad e higiene de todos a nivel sanitario. Diversa es la respuesta de los profesionales de estas guarderías ante la demanda gubernamental. La titular de la escuela infantil Jugando en Azahara, Mari Paz García, expone que «el Gobierno nos lo ha dejado a nosotras». «Lo importante es que trabajamos muy bien. Entonces, vamos a poner todo de nuestra parte. Ellos no trabajan con los niños, son políticos. Las que trabajamos con los niños somos nosotras. Independientemente de las pautas que ha puesto el Gobierno, cada cual tendrá que poner su sello», puntualiza. Por su parte, Azahara Sánchez alude a algunas ventajas del protocolo para el funcionamiento diario: «La verdad es que el protocolo que nos han mandado lo he visto bien porque nos ha dado algunas ideas: hacer las clases burbujas, grupos de convivencia y que los niños no se vayan mezclando».

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La visión de Conchi Arroyo añade otro matiz: «Los protocolos no son económicamente viables, por lo menos en estos centros pequeñitos donde dependemos de la subvención que la Junta ofrece a las familias. Se necesita muchísimo personal y no podemos llevarlo a cabo. Estamos haciendo un desembolso que procede de nuestras familias». Poco novedosas resultan las líneas trazadas por el Gobierno a dos días del comienzo del curso para Yolanda Hernández, de la escuela de Educación Infantil El Patito Colorín: «Creo que tienen todo muy en el aire, muchas veces tenemos que actuar por nuestra propia iniciativa. Nosotros no hemos podido estar hasta dos días antes sin saber muchísimas cosas. Lo que se ha decidido en el protocolo es lo que se ha venido trabajando en agosto».