La cordobesa Laura Medina Puche es bióloga molecular de plantas y vive en Shanghai hace casi cuatro años. Trabaja como investigadora postdoctoral en la Academia China de las Ciencias y fue entrevistada por CÓRDOBA a principios de febrero, cuando se inició en China la pandemia.

-¿Cómo está viviendo los avances de China en la crisis del coronavirus? ¿Cómo es allí la situación?

-En las ultimas semanas ha habido un gran avance, el número de contagios no se ha incrementado y se recuperan la mayor parte de los casos confirmados. Se apuesta muy fuerte en investigación para el desarrollo de una vacuna en tiempo récord y se está probando la eficacia de medicamentos existentes contra el coronavirus. En Shanghai se ha pasado de nivel de alerta sanitaria 1 a nivel 2. Se ha notado un incremento en la confianza de los ciudadanos para salir a la calle y retomar el ritmo anterior al brote. Se ve más movimiento en la calle, los comercios ya han abierto todos y, a excepción del sector educativo, el resto empieza a funcionar con normalidad. No obstante, se siguen haciendo controles de temperatura, se siguen usando mascarillas y se ha suspendido temporalmente la entrada de extranjeros al país.

-¿Cómo ha sido la vida durante el confinamiento? ¿Y el control?

-Ha sido y sigue siendo muy exhaustivo. El Gobierno ha recurrido a todas las herramientas para llevar a cabo una lucha efectiva contra la epidemia. Ha hecho uso del big data para controlar a las personas infectadas y garantizar las cuarentenas. Ha llamado a la colaboración ciudadana y al cumplimiento de las recomendaciones. Se promovió el teletrabajo y los colegios y universidades cancelaron clases asistenciales. A nivel local, los miembros de seguridad de las urbanizaciones se encargaron de controlar la entrada y salida de los vecinos, así como de tomarles la temperatura. También fue muy importante la organización de grupos de voluntarios que velaron por el cumplimiento de las recomendaciones.

-¿Qué vida lleva ahora? ¿Puede trabajar y moverse con libertad?

-El confinamiento en Shanghai no fue duro, así que no estaba obligada a quedarme permanentemente en casa. Lo que se recomendaba era no salir más allá de lo estrictamente necesario, y la ciudad respondió de forma ejemplar. No había ni un alma por las calles. Ahora el ambiente es mucho más relajado y la vida ha vuelto a la normalidad casi en la totalidad. El comercio se ha reactivado, se ha reanudado la actividad laboral y de ocio, con restaurantes, bares y gimnasios, aunque en algunos se sigue limitando el aforo. Estoy trabajando con normalidad y no tengo problemas para desplazarme por la ciudad, ya que los transportes públicos están funcionando.

-¿Cómo ha estado de ánimo durante esta difícil etapa?

-Durante esta cuarentena el estado de animo es muy importante y la forma en la que lo afrontas, crucial para que no se haga cuesta arriba. Cuando el brote surgió y la situación más dificil se encontraba solo en China me sentía bastante confiada y tranquila. He recibido apoyo de compañeros y amigos y los españoles que estamos aquí nos hemos sentido muy seguros. Siempre me he sentido positiva y optimista, confiaba en que tarde o temprano todo acabaría sin mayores consecuencias para mi y mis amigos de aquí. Aunque no puedo negar que había días en los que si se hacía cuesta arriba la monotonía y la incertidumbre. Sin embargo, conforme la situación mejoraba aquí y empeoraba en España, la preocupación ha crecido porque temes por tu familia, tus amigos y antiguos compañeros. Sientes esa impotencia natural que surge por la distancia. No obstante, sigo pensando en positivo y afronto cada día con la esperanza de que pronto pasará. Yo aconsejo sobre todo paciencia. Es importante no perder los nervios y estar lo más tranquilo posible para sobrellevar el encierro en casa de la mejor manera.