La memoria viva de Córdoba / ENTREVISTA
"La gente pasaba más tiempo en las tabernas que en su propia casa"
Antonio Mancha Millán, romero y peñista

"La gente pasaba más tiempo en las tabernas que en su propia casa"
R. LUQUE
Antonio Mancha ha pertenecido a otras peñas como el Club de Pesca Ciudad Jardín y el Club de Matrimonios La Unión, de la Electromecánica, y es constante su buena relación con las demás, como prueba la enorme cantidad de insignias, placas y cordobanes que atesora en su casa como reconocimiento a la entrega de este señor dispuesto y generoso. Pero fueron Los 33 Mosquitos quienes lo propusieron para el Potro de Oro, máxima distinción que puede obtener un peñista, que le concedió la Federación en el año 2005. "Entre 1999 y el 2003 había sido vocal de protocolo de la Federación de Peñas y la verdad es que no me agradó la salida --se sincera--. Pero mira por dónde un señor que ya no está en la Federación tuvo la iniciativa de proponerme para el Potro de Oro y mi peña la apoyó. Para mí fue un gran honor. Y he estado en 20 comisiones para seleccionar los Potros. Ser un buen peñista no es trabajar solo por tu peña, que es muy fácil, sino por las demás".
--Recordará a Leonardo Rodríguez, que siendo concejal, y después también, vivió volcado en ese mundo.
--Claro, y a Manolo Rosa, un peñista de categoría al que han dedicado una calle en el Vial Norte. Vivía en Las Margaritas, el barrio donde se crió Rafi, mi mujer, y éramos uña y carne. Y Leonardo amaba Córdoba con pasión, fue muy querido por las peñas no solo por lo que publicaba en su Patio de los Naranjos del CORDOBA, sino porque las defendía a capa y espada.
--Me han dicho que estuvo usted presente en la gestación de lo que luego sería la Federación de Peñas. ¿Fue así?
--Sí, aquello fue a mitad de los cincuenta, en la taberna de la Paz, de la calle Santa María de Gracia. Pepe Varo formaba parte de esa comisión y me dijo que lo acompañara. Yo era muy joven y me quedé escuchando a los otros. Pero no empezó a andar hasta los años sesenta, cuando se redactaron los estatutos y demás.
--Como la de la Paz, habrá conocido usted muchas tabernas ya desaparecidas.
--Muchas, aunque la verdad es que yo he campado poco por ellas. La de Los Caimanes tenía un ambientazo, y también en Santiago estaban la de Miguelito y el bar Los Mochuelos, que sigue, donde Los 33 Mosquitos estuvimos treinta años, antes de irnos detrás de la antigua Lonja. En San Lorenzo estaban Los Minguitos, Casa Gamboa y la taberna de Manolo Quinielas, que lo llamaban así porque le tocaron 24 millones de pesetas en las quinielas. También tenía mucho ambiente Casa Fermín, en La Piedra Escrita, y Casa Vidal, en Mayor de Santa Marina. Antes había otra manera de vivir, la gente pasaba más tiempo en las tabernas que en su casa.
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