Eran la joya que todos anhelaban, objeto de deseo de promotores, constructores y futuros compradores en los primeros años de la pasada década. El O7 era el barrio que prolongaba una zona atractiva que tardó poco en consolidarse, el Zoco; el O1 era un oasis junto a la Sierra; y Turruñuelos era garantía de éxito seguro a la sombra del Hipercor. Pero el urbanismo es lento y la crisis ha trastocado todos los planes. A los problemas económicos que afectan a todos los bolsillos se ha sumado la paralización de dos planes fundamentales, el de infraestructuras eléctricas y el de recogida neumática de basura, que han necesitado inversiones millonarias que han servido de poco porque ninguno está concluido. Por ello, Endesa ha tenido que dar enganches provisionales a barrios como el Cortijo del Cura --O4--, o centros comerciales como Decathlon, Leroy Merlin e Hipercor. Y por eso, la recogida selectiva de residuos será inútil hasta que se completen las instalaciones que faltan. Así que tras años de trámites, excavaciones, obras y múltiples complicaciones, están listos para ser ocupados en el peor momento. De ellos, el O7 es el que mejor representa esa carrera de obstáculos que empezó en el 2004 cuando se aprobó definitivamente el plan, que ya llevaba un largo recorrido. La sorpresa fueron los restos arqueológicos que plagan su subsuelo y que rompieron todas las previsiones. Ahora, en el último tramo de su largo camino, se topa con miles de exigencias impensables en tiempo de bonanza.