El DC-7 que el Ayuntamiento va a destinar a contenedor cultural ya ha aterrizado, aunque por un procedimiento poco habitual, en su montículo del Balcón del Guadalquivir. Ayer se llevó a cabo otro espectacular proceso, el de colocar y anclar el fuselaje de la nave en su nueva ubicación.

Para ello se necesitó una grúa con capacidad para 50 toneladas que levantó y depositó el cuerpo central del avión para después empezar a colocar los "planos" de las alas. "Si hoy conseguimos colocarlos los dos, nos podemos dar por satisfechos", señalaba Pedro Codes, ingeniero aeronáutico de la empresa Trabajos Aéreos Espejo, que es la que se está encargando del ensamblaje. La dificultad mayor radica, según Coves, en el lugar donde se ha colocado la aeronave, porque "no es lo mismo montarlo en un lugar llano que en éste" (un montículo en Miraflores). Por eso el ingeniero no se atreve a dar un plazo para la conclusión de los trabajos, "como mínimo diez días solo para el montaje".

Los trabajos, en los que participan unos treinta operarios, fueron ayer seguidos por numerosos cordobeses que se acercaron al lugar para ver tan inhabitual faena. Juan y Carolina quisieron fotografiar el momento y aseguraban que les parecía una buena idea, "es un reclamo para el objetivo de la capitalidad", señala él, mientras que ella apunta que "es algo innovador, diferente y ayudará a la candidatura del 2016". Por su parte, Mari Carmen González decía que desde su piso ha seguido todo el proceso, pero ayer se acercó con su marido, Rafael Rubiano, para verlo de cerca, y dice que a ella "todo lo que sea cultura y sirva para subir a Córdoba, me parece bien". A Antonio Frías, que escucha las explicaciones de su amigo Francisco Javier Escribano, aficionado a la aeronática, lo mejor es que "da una buena impresión de la ciudad desde su entrada por la autovía".

Por contra, Manuel Delgado, de 86 años, dijo recordar que "esto era un desguace hace muchos años y otra vez están trayendo las cosas que no sirven" y siguió con su paseo matutino.