Posiblemente usted, como yo, haya decidido este año una vez más hacer con tiempo sus compras navideñas y llegar en bus o paseando tranquilamente al Centro. Otra cuestión es que al final terminemos como siempre: buscando desesperadamente aparcamiento a última hora. Pero hay que intentarlo. Es mucho más agradable pasear en Navidad entre rostros sonrientes que cruzándose con viandantes crispados que se están acordando del tráfico y de algún concejal.