Es una pena que un edificio histórico presente el aspecto que tiene la iglesia del Campo Madre de Dios, que, lamentablemente, no es la única que ha pasado por lo mismo. San Agustín permaneció cerrada más de tres décadas. La Magdalena sufrió 42 años de abandono. El problema es que reformar estos templos es una complicada tarea que exige muchísimo dinero y convenios a varias bandas. En este caso, la solución es más compleja aún porque hay una cesión de por medio y el convenio para su recuperación no termina de cuajar. A ver si esta vez es la definitiva y la crisis no estropea los planes.