Basta dar un paseo por cualquier zona comercial de Córdoba para darse cuenta del aumento en el número de establecimientos donde cuelgan carteles de liquidación por cierre. En la antigua tienda de moda y complementos que regentaba María Velasco, Priscila, la persiana se echó hace cuatro meses y en el escaparate, esos mensajes han sido sustituidos por otros de protesta donde se denuncian los efectos de una crisis que está acabando con los autónomos.

María empezó a trabajar con su padre cuando solo tenía 17 años. "El tenía un almacén de electrodomésticos y yo decidí dejar los estudios para echarle una mano. Así aprendí los pormenores del negocio", explica. Tras la muerte de su padre, ella se hizo cargo de la tienda, que fue creciendo poco a poco hasta abrir dos locales más en Ciudad Jardín, su barrio de toda la vida. "Cuando llegaron las grandes superficies, los pequeños empezamos a decaer. De tres pasé a dos tiendas y finalmente a una que también tuve que cerrar". Aquel golpe fue muy duro para la familia.

Para entonces, María ya estaba casada y con una hija, de la que su marido se hizo cargo desde el primer momento, trucándose los roles tradicionales. Por cuestiones de salud, él se convirtió en amo de casa mientras ella trabajaba fuera. "Todo fue bien hasta que los grandes nos comieron", dice muy gráfica. "Mi meta era aguantar como fuera hasta llegar a la edad de jubilación, pero las deudas con los bancos, que asfixian al pequeño comerciante, los proveedores y la indemnización me obligó a decir adiós a los electrodomésticos".

Las deudas contraídas como autónoma para afrontar las necesarias inversiones la obligaron a utilizar los planes de pensiones con los que habían asegurado su futuro y a rehipotecar su vivienda. Con el poco dinero que le sobró, asumió el traspaso de un localito en la calle Ambrosio de Morales donde abrió Priscila, una tienda de moda y complementos que la mantuvo ocupada y dio de comer a su familia hasta que empezó la crisis. "Cerré un negocio en marzo del 2005 y abrí el otro en agosto, pero desde el tercer trimestre del año pasado, las ventas empezaron a bajar cada vez más hasta que no pude permitirme mantener la tienda abierta y hace cuatro meses que cerré".

Los 25 años pagando "el autónomo" no le dan derecho a prestación por desempleo. "Es curioso, dicen que no cotizamos a la Seguridad Social cuando somos los autónomos los que estamos más asfixiados pagando impuestos y seguros a nuestros empleados sin la menor flexibilidad de los bancos, que solo dan facilidades a las grandes firmas", critica.

Aunque la situación es difícil, María está convencida de que tarde o temprano encontrará un trabajo y se mantiene firme en su búsqueda diaria, repartiendo currículos donde resume sus aptitudes y su experiencia laboral. Imaginativa, asegura haber probado mil fórmulas. "Incluso lanzamos una publicidad mi marido y yo (llevan juntos 40 años) ofreciéndonos como abuelos, es decir, trabajando en lo que habitualmente hacen los abuelos, desde llevar a los niños al colegio a quedarnos los viernes mientras los padres van al cine o a cenar", explica, "pero no ha habido suerte hasta el momento".

Echando la vista atrás, lo que más le indigna es que el esfuerzo de toda una vida no haya servido de nada y que incluso su pensión esté en peligro si no encuentra un trabajo. "Se habla solo de los obreros, pero los autónomos somos los que estamos en peor situación y ni siquiera tenemos opción a sindicarnos".