"Que siga aguantando, que vamos a seguir luchando por ella y que no vamos a parar hasta que esto se arregle". Este es el mensaje que Pablo Miranda le daría hoy a su novia Maimouna Bachir Mohatar, de 21 años, si pudiera hablar con ella. Pero no puede. No lo ha hecho desde el 24 de diciembre. Cuatro meses antes, el 9 de agosto, según ha denunciado Pablo, la familia de Mai se la llevó a la fuerza a los campamentos de refugiados saharauis de Tindouf, donde "permanece retenida".

Pablo, que ayer recogía firmas junto a sus familiares a las puertas de El Arcángel para pedir su liberación, recordaba que conoció a Mai "saliendo de marcha en Lucena, algo que hacía a escondidas" porque a su familia saharaui no le gustaba.

Pronto se hicieron novios e hicieron planes de futuro, incluso "estábamos apuntados para conseguir un piso de protección oficial". Pero los planes se torcieron. "Su familia no aceptaba la relación, ni la forma de vivir de Mai", auxiliar de clínica, que trabajaba en Córdoba cuidando de un matrimonio mayor mientras se preparaba unas oposiciones para el SAS y que los fines de semana se alojaba en la casa de los padres de su novio, en Encinas Reales.

Los padres y hermanos decidieron entonces "secuestrarla y sacarla de España", aseguraba ayer el abogado de Pablo, José Antonio Serrano. Se interpuso una denuncia y una juez de Lucena imputó al padre, la madre y los hermanos por un presunto delito de detención ilegal. Pero hasta ahora, mientras que las autoridades argelinas atienden la comisión rogatoria para conocer las declaraciones de la madre y los hermanos, con quien Mai permanece en los campos de refugiados, solo se conoce la postura del padre, que sigue viviendo en Lucena. "Dice que nadie la ha obligado a nada, pero eso no es lo que ella nos decía", asegura Pablo.

Es más, el 4 de diciembre, Mai quiso salir de los campamentos "haciendo uso de su libre circulación, pero la policía saharaui la detuvo y, de vuelta a su jaima, le dieron una brutal paliza según nos dijo gente cercana", explicó el abogado.

Ya no volvió Pablo a saber nada de ella hasta el día 24, cuando "coaccionada, porque se oía por detrás a su familia, me dijo que dejáramos el caso, y que si su padre iba a la cárcel la iban a matar". Sin embargo, su novio sigue adelante. Ahora, con la campaña de recogida de firmas que le va a llevar por toda la provincia, pero sin perder de vista la vía legal. "Si hace falta denunciar al Frente Polisario por encubrir a la familia y ayudar a retenerla, iremos por esa línea", señaló.