Reflejando una típica imagen de extranjera por los rincones de la Judería, Bryta Haycraft extraña a cualquiera al adentrarse en la Academia Británica, sorpresa que se diluye al conocer su origen y, sobre todo, qué originó. La que es, junto a su fallecido marido John, cofundadora del primer centro de International House, justifica con creces su valía dominando tres lenguas latinas -español, francés e italiano- y otras tantas germánicas -sueco, alemán y, como no, inglés-. Emocionada, agradecida y entusiasmada, esta sueca paseó hasta ayer por los mismos lugares que lo hacía en 1953 mientras comenzaba a impartir las primeras clases de inglés en Córdoba sin un objetivo claro pero que, 50 años después, ha llevado su iniciativa a más de 40 países de todo el mundo.

¿Muchos recuerdos?

--Muchísimos. Tanto personales como profesionales. Llegamos aquí por casualidad, pero enseguida nos enamoramos de la ciudad y de su gente.

Explíqueme esa historia de la casualidad.

--Tras casarnos, mi marido y yo queríamos pasar un tiempo en Andalucía. Nuestra primera opción fue Sevilla, pero era demasiado cara; Málaga la descartamos porque había muchos compatriotas y, entonces, recalamos en Córdoba.

En la histórica taberna Santa Clara, ¿no?

--Bueno, nos alojamos en unas habitaciones que alquilaban al lado y, para sobrevivir aquí, decidimos anunciarnos en tiendas como profesores de inglés. Las clases se daban en la taberna y, en tres semanas, contábamos con 60 alumnos.

¿Les sorprendió?

--Por supuesto. Tuvimos que buscar nuevas instalaciones hasta 1959, año en que John y yo regresamos a Londres. Finalmente, en 1966, la escuela encontró su ubicación actual.

Una curiosidad, ¿asistían mujeres a sus clases?

--Sí. Eran tiempos difíciles, pero existía un nutrido grupo de chicas; algunas sabían algo de inglés y querían perfeccionarlo, y otras tenían unas ganas tremendas de aprender.

¿Qué les cuenta ahora a sus compañeros de tarea?

--Durante este encuentro de directores de escuelas de International House les he comentado anécdotas y recuerdos, pero también objetivos y líneas de acción. Cuando empecé en Córdoba, nuestros alumnos eran nuestros amigos y aprendíamos mutuamente.

Buena filosofía.

--Intentamos que el centro sea lugar de acogida, una casa para los alumnos. De ahí el nombre de International House (Casa Internacional). Queremos que el alumno interactúe lo máximo posible, y para eso ha de sentirse cómodo.

¿Cómo definiría la base de su docencia?

--Impartir la clase enteramente en inglés, o el idioma que sea, motivando al estudiante para que participe.

¿Cómo se consigue eso?

--Sin duda, mediante el interés y el entretenimiento. La buena escuela forma a sus profesores y cuida a sus alumnos. Ya sea en Mongolia, Singapur, Egipto, Ucrania o cualquier otro país, los centros, aunque de propiedad y gestión independiente, mantienen la prioridad de ofrecer la mayor eficacia en la enseñanza de idiomas.

Observo que destaca el papel del profesorado.

--Cada una de las escuelas están adscritas a un código de adhesión por el que se comprometen a mantener unos altos estándares de calidad, entre los que se encuentran los profesores. Ellos son los encargados de perpetuar la doctrina de la red y son importantes. Ejemplo de ello es que hemos formado a un tercio de los docentes de todo el mundo que enseñan inglés.

Entonces, ¿qué ha variado, y que no, entre el antes y el ahora de International House?

--Lo que se mantiene es el ambiente. Sin embargo, quizás el alumno es más serio hoy en día y, también, aprende más deprisa. Lógicamente, el número. Sin ir más lejos, Córdoba la inicié yo con 60 alumnos y ahora cuenta con unos 1.300.

¿Qué opinión le merecen las polémicas generadas en torno a academias de idiomas como Opening y similares?

--Creo que no benefician a nadie. Es cierto que los más perjudicados son los alumnos, pero me preocupa la imagen que se haya podido proyectar de este tipo de centros. Confío en que las personas se lancen sin miedo al estudio de alguna lengua que no sea la suya.

¿Qué le pediría al futuro?

--Profesionalmente, que la plantilla de maestros y de alumnos no pierda nunca el buen contacto que ha existido entre ellos tradicionalmente en estas casas; además de emplazarles al aprovechamiento de las nuevas tecnologías como Internet. Después, personalmente, seguir enamorada de los idiomas y de mi trabajo como hasta ahora.

Viendo estos deseos, me imagino cuál es el saldo que arroja su medio siglo de experiencia en la enseñanza de idiomas.

--Es muy positivo. He viajado mucho y he conocido a muchas personas de distintas razas y religiones. Además, me siento muy orgullosa de haber contribuido a la difusión de lenguas y a la mejora de la comunicación, y es que considero que el conocimiento de idiomas es fundamental para abrir las fronteras entre los países, mejorar el entendimiento y fomentar la amistad lejos de conflictos.