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Diario Córdoba

ESPAÑA, LA RUTA DEL MISTERIO

Monasterio de El Escorial, la Meca de la España mágica

Construido por Felipe II en el siglo XVI, el monarca plasmó en el edificio su obsesión por las ciencias ocultas y la tradición hermética

Patio de los Reyes del Real Monasterio de El Escorial. J.J. MORALES

España, la ruta del misterio

Una sección coordinada por José Manuel Morales

«A la hora de elegir el lugar donde levantar su templo, Felipe II montó un grupo de expertos donde filósofos y teólogos tenían más peso que los arquitectos. Su gusto por el esoterismo era indiscutible»

La primera vez que Unamuno visita el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial solo le sale pronunciar una frase lapidaria: «Es un lugar que no debería haber español alguno españolizante -es decir, dotado de conciencia histórica de su españolidad- que no lo visitase alguna vez en vida, como los piadosos musulmanes hacen con La Meca». Si uno de los paladines de nuestra literatura patria se deshace en elogios con este enclave de leyenda es porque algo tiene. Y no todo es de la forma que se nos ha contado.

Leyendas, muchas. Misterios, en cada rincón del edificio escurialense. Medias verdades, alguna que otra. Que Felipe II escogiera este rincón mágico de la Sierra de Guadarrama no es casualidad. El monte Abantos, ese que desde milenios ha servido como enlace con lo sobrenatural, vigila impasible el Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial. No hacen falta historias como la de la manida boca del infierno tapiada con la construcción del que tenía que ser el nuevo Templo de Jerusalén. Si leyera esto fray José de Sigüenza, a quien la Historia malinterpreta sus palabras, se llevaría las manos a la cabeza. El cronista dice que una gran tormenta se desata y que el Diablo no está por la labor de permitir tal complejo, pero nada de puertas al inframundo. Algo parecido ocurre con el perro negro fantasmal que atormentaría al Rey Prudente en sus últimos días de vida. ¿Lo acongojó? Sí. ¿Tiene explicación? También. Un infortunado cánido que quedó atrapado en un andamio de la Basílica, todavía en ciernes, y que acabó colgado en el patio por causar miedo y espanto. Así se las ponían a Felipe II.

Lonja y fachada del imponente edificio. J.J. MORALES

Esto es lo que debieron pensar los alquimistas de la Torre de la Botica, situada en el poniente del resort del hijo de Carlos V, enterrado con solera en el Panteón de Reyes. Unos dicen que buscaron la ansiada transmutación del oro, y otros, que simplemente destilaban agua para producir medicinas mediante el proceso conocido como espagiria. Todo, para contentar a un rey que sufría bancarrotas y enfermedades continuas. Como en sus dominios no se ponía el Sol, podía tener cualquier cosa que deseara. De ello dan fe las siete mil cuatrocientas reliquias que coleccionó, traídas de todas partes del mundo, y que cubrían su cuerpo cada vez que las dolencias golpeaban su maltrecha salud: ¡Incluso varios cuernos de unicornio! Es lo que tiene agarrarse a un clavo ardiendo o, en este caso, a las brasas de una parrilla, la de San Lorenzo, cuya estatua de la entrada se cree que estaría señalando el paradero oculto de un tesoro de varios doblones de oro. Por todo esto y más, El Escorial es un enclave único, diferente. 

* Guía de Rutas Misteriosas en Madrid.

www.rutasmisteriosas.es

[Aquí puede leer la serie la Córdoba misteriosa]

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