FORO ROMANO

Judíos, moros y cristianos

Judíos, moros y cristianos

Judíos, moros y cristianos

Manuel Fernández

Manuel Fernández

Es Miércoles de Ceniza. Paso por la calle Judíos donde se levanta la sinagoga, ese pequeño espacio de la religión de la Torá, hoy vacío pero sin hueco alguno cuando el mundo vivía sin covid y todo estaba lleno de turistas. Entro en la Mezquita, el templo sagrado del islamismo cordobés -una de las tres religiones abrahámicas, junto con el judaísmo y el cristianismo, originadas en el Medio Oriente- construido por los emires Abderramán I y II, los califas Abderramán III y Alhakén II y el ministro Almanzor. Y me acomodo en el coro de la Catedral, levantada en el corazón del templo musulmán por los tres arquitectos Hernán Ruiz y Juan de Ochoa, por orden del obispo Alonso Manrique.

El prelado actual, Demetrio Fernández, preside la liturgia del primer día de la Cuaresma, el periodo de seis semanas de penitencia antes de la Pascua cristiana. Al salir del templo, que según parece también fue la basílica visigoda de San Vicente, pienso en que la riqueza del pensamiento de la historia no es apta para todas las mentes.

El partido del candidato a la Generalitat por Vox, Ignacio Garriga, de misa diaria e hijo de madre de raza negra nacida en Guinea Ecuatorial, lanzó la campaña Stop Islamización a través de las redes sociales en la que se relaciona a la inmigración musulmana con el terrorismo y la delincuencia, que nada tiene que ver, evidentemente, con el emir de Dubai, Mohamed Bin Rachel Al Maktoum, que tiene encerrada a su hija, la princesa Latifa, porque parece ser no quiere que se vaya del país, ni con Abu Dabi, donde ahora vive el rey emérito, Juan Carlos I. Ignacio Garriga no podrá venir nunca a Córdoba a pensar en aquel periodo de las tres culturas, donde convivían judíos, cristianos y musulmanes, todos antepasados nuestros.

Lo mismo les ocurrirá a los neonazis que celebraron en Madrid un homenaje a la División Azul, que luchó a las órdenes de Hitler, en el que hicieron el saludo fascista, entonaron canciones de esa temática y una joven oradora proclamaba que "el judío es el culpable, el enemigo va a ser siempre el mismo". También intervino un sacerdote y en una pancarta decían que "un cielo vacío llevamos a Dios". Estos creyentes cristianos desconocían, al parecer, que Jesucristo, el hijo de Dios en su religión, era judío. Claro que lo mismo podemos decir de aquellos cordobeses que en 1391 iniciaron una revuelta contra los sefardíes con el pretexto de obligarlos a convertirse al cristianismo en la que participaron clérigos y criados de las casas nobles. La matanza duró tres días y la sinagoga, construida en 1315, perdió su uso como tal y se convirtió en hospital de rabiosos, primero, y luego en ermita cristiana de San Crispín y San Crispiniano. Aunque la Córdoba Patrimonio de la Humanidad tuvo su periodo no monoteísta cuando los romanos nos construyeron el puente y sus dioses acostumbraron a la ciudad a un corto politeísmo.

Salimos de la Mezquita y cerca no hay bares abiertos donde podamos desayunar, como en aquellos tiempos en que los canónigos y el obispo se iban al Caballo Rojo. Es la época negra de la hostelería, del comercio y del turismo. Pero a la lista de evidentes damnificados laicos hay que añadir la novedad de la clerecía: la caída del turismo ha provocado pérdidas de nueve millones de euros al Cabildo catedralicio de Córdoba que ha tenido que pedir un crédito de diez millones. Y para colmo el Consejo de Ministros ha abierto la vía para reclamar bienes inmatriculados por la Iglesia, que en Córdoba alcanzaron la cifra de 399 y en la que hay además de iglesias y ermitas, fincas rústicas, viviendas, solares y parcelas.

Aunque la Mezquita es el edificio inmatriculado más atractivo, y el más rentable: el año 2020, mala época para los negocios, generó sólo cuatro millones de euros cuando el anterior, el 2019, fueron diecisiete millones y medio. Con tal cantidad de millones de euros, que no produciría ni la mejor catedral gótica del mundo, no se entiende ese aparente desprecio del Cabildo por este monumento musulmán: en el Registro aparece como Santa Iglesia Catedral de Córdoba. Menos mal que los turistas, esos visitantes que ahora no vienen por el covid, pero que cuando llegan le dejan millones al Cabildo catedralicio, aunque respeten todas las creencias van buscando el arte… que en Córdoba se encuentra en la Mezquita (en su día la mayor del mundo, tras la de La Meca, siendo superada después por la Azul de Estambul). Donde el miércoles empezó, con ceniza, la Cuaresma.