A Antonio José Molina, de Rute, el limonero plantado hace siete años le está dando unas cosechas históricas. Bueno, más que históricas, llamativas, porque no es que el pequeño árbol dé abundantes frutos, es que da limones gigantes. Este año, uno ha llegado a los dos kilos y medio de peso. Y otros dos más pequeños que enseña "llegan juntos a los tres kilos".

Realmente son frutas llamativas, como pequeños melones amarillos, que desprenden el aroma limpio de los limones. Antonio José dice que "son entre limones y pomelos, pero cuando partes uno de ellos la carne es amarilla, y no la rojiza o anaranjada de los pomelos".

Con otros hombres de campo con los que ha hablado le dicen que puede ser una planta patrón con la que se realizan injertos para mejorar los frutos. Eso sí, estos limones gigantes, al cortarlos, pierden todo su atractivo ya que la carne que tienen es prácticamente la misma que un buen limón, y todo lo demás es cáscara. Dice Antonio José Molina que la parte blanca de la corteza, menos ácida que la cáscara exterior, se consume troceada en ensaladas. Este agricultor conoce las muchas propiedades del limón: "Tiene muchas vitaminas, es diurético y muy bueno para hacer la digestión", detalla.

Antonio José consiguió una semilla en Priego de Córdoba y el árbol que posee lo plantó de esta pepita. Hace siete años que lo tiene y apenas si supera los dos metros de altura, así que piensa que estas frutas tan grandes puede que vengan por un injerto o por la casta de la semilla que le dieron.

El limonero lo tiene plantado en un corralón que posee en la calle Alfonso Cruz Ferreira. Apenas si tiene diez centímetros de diámetro, es tan pequeño el árbol y tan grandes los frutos que da "que le tengo que apuntalar las ramas para que no se partan del peso", apunta Antonio José. El arbolito defiende con todas sus fuerzas sus llamativas frutas, de forma que "tiene unas espinas enormes, y es raro que al llevarte uno de los limones no lleves también de recuerdo un buen pinchonazo", relata Antonio José.

A este jubilado ruteño le encanta la naturaleza y las herramientas antiguas, de las que tiene una buena colección. Hace unos años amaestró un gatito, que saltaba y brincaba a las órdenes de su amo. Ahora, el limonero se ha convertido en toda una atracción. Es el tiempo de recoger sus frutos y ya ha comenzado a dar flores, así que esta pequeña planta no para "de vitalidad que tiene", comenta admirado su propietario.

También destaca que el frutal no recibe un tratamiento especial de abonos o fertilizantes. "Sí lo tengo un poco resguardado, porque a estas plantas les va mal el frío", explica. Los limones que muestra tienen una cáscara muy gruesa y rugosa y, más que para consumirlos, son una rareza que fotografían curiosos los amigos y vecinos de Antonio José Molina.