En las elecciones del 2008, con la crisis ya en marcha, nos jugamos la forma de abordarla. Entonces, los españoles apostamos por el continuismo en todos los campos, especialmente en política económica. Dos años después, en mayo del 2010, el Gobierno de Zapatero, acuciado por la crisis financiera y por el paro, dio un giro, olvidó su programa electoral e inició una política económica ortodoxa en lo financiero, pero caótica en lo económico. Fue entonces, hace un año, cuando, pasada la primera amenaza, la ciudadanía tendría que haber dicho algo en unas elecciones. Fue entonces cuando nuestro voto hubiera sido relevante. Hoy, año y medio después de aquel giro, la errática política económica de nuestro Gobierno y la desacertada gestión de la crisis por parte de la Unión Europea han dado como resultado que sigamos en una situación muy delicada ante la que tenemos pocas alternativas.

El Gobierno que salga de las elecciones, lo tenga o no en su programa electoral, no tendrá más remedio que hacer un fuerte ajuste financiero, con recortes de gasto y subida de impuestos, como no tendrá más remedio que hacer una profunda reforma laboral, reordenar las administraciones públicas (lo quieran los nacionalistas o no), terminar la reestructuración bancaria, tener una participación mucho más activa en Europa o procurar un entorno más amigable para las empresas. Eso sí teniendo en cuenta que tenemos 5 millones de parados a los que hay que asistir y crearles empleo. Y tendrá que hacer esto porque si no lo hace no podremos pagar nuestras deudas el año próximo, tendremos que pedir dinero y nos pondrán condiciones. La soberanía es un lujo que hay que poder permitirse.

No creo, digan lo que digan en los mítines, que nos juguemos tanto el qué hacer, ni siquiera en mucho el cómo hacerlo, sino el quién o quiénes lo han de hacer. En estas elecciones, en mi opinión, decidimos, sencillamente, a quién y a qué siglas le prestamos por cuatro años nuestra confianza para que haga lo que tiene que hacer. Lo demás es sólo propaganda y ruido. Demasiado ruido.