Los paraguas fueron ayer los protagonistas del Viernes de Dolores, una lluvia que sorprendió pasadas las 10 de la mañana a la incipiente cola de fieles que llegaban a la iglesia de San Jacinto. El agua no fue óbice para que la iglesia de San Jacinto se llenara para felicitar a la Señora de Córdoba , ante cuyas plantas comenzó a las 11 la misa oficiada por el obispo, Demetrio Fernández.

El prelado comenzó su homilía manifestando que "en este Viernes de Dolores, la Iglesia celebra cómo María ha estado asociada a la redención de Cristo en favor de todos los hombres". "Por eso María, en esta fiesta de la Señora de Córdoba , viene a decirnos que aprendamos de ella a compartir el sufrimiento y los dolores de tantas personas que sufren hoy", subrayó.

Mientras, en la Plaza de Capuchinos el trasiego era constante. "Ya veremos si llueve o no. Ahora, vamos a disfrutar de la Virgen que esta espléndida" decía un hermano de La Paz en una de las dos colas de la plaza.

Pero Capuchinos no solo vivió el Viernes de Dolores. Así, en Trinitarios estuvo en besamanos el Santo Cristo de Gracia, escoltado por las imágenes de la Dolorosa y San Juan, como fondo los arcángeles del paso del Cristo.

También San Pablo acogió el besapié al Cristo de las Angustias. Por la tarde, fueron doce las cofradías que rezaron el vía crucis alrededor de sus imágenes titulares, con la lluvia en el exterior presente y el ánimo marcado por la incertidumbre de lo que pasará los próximos días.