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El imponente castillo de Córdoba donde estuvo prisionero el Gran Capitán con 16 años: «La atención es espectacular, predisposición total hacia el turista»

Desde la oficina de turismo se ofrecen visitas gratuitas al castillo

Castillo de Doña Mencía

Castillo de Doña Mencía / turismodelasubbetica.es

Los viajes y las escapadas de fin de semana no son solo una forma de romper con la rutina. También representan una oportunidad para hacer algo diferente: caminar, descubrir rincones nuevos y, al mismo tiempo, acercarnos a la historia de nuestros pueblos, a sus personajes ilustres y a las leyendas que todavía siguen vivas en la memoria colectiva.

El Castillo de Doña Mencía, en Baena, en plena Subbética cordobesa, es un lugar perfecto para combinar entretenimiento, turismo activo y cultura: se encuentra en la villa de Doña Mencía, muy cerca de Baena, en la provincia de Córdoba.

Su origen se remonta al siglo XV, cuando Diego Fernández de Córdoba recibió del rey Juan II autorización para construir una fortaleza con un objetivo muy concreto: defender estas tierras de las incursiones del Reino de Granada.

Para lograr repoblar la zona se concedió un curioso privilegio: los primeros 20 vecinos que se establecieran aquí quedarían libres de pagar impuestos de por vida.

El recinto conserva todavía su torre del homenaje, que alcanza unos 17 metros de altura, y parte de los lienzos de muralla que rodeaban el patio de armas. Tiene una planta trapezoidal con torres redondas en las esquinas y rectangulares en los muros laterales.

A lo largo de los siglos ha cambiado de función: de fortaleza militar pasó a convertirse en molino de aceite, granero, pósito municipal y hasta colegio regentado por religiosas en el siglo XX.

La leyenda del Gran Capitán

Pero si hay algo que hace especial a este castillo es la leyenda que lo conecta con una de las figuras más destacadas de la historia militar española: Gonzalo Fernández de Córdoba, conocido como el Gran Capitán. El escritor egabrense Juan Valera recogía la tradición oral que aseguraba que este célebre militar estuvo prisionero en el castillo cuando apenas tenía 16 años.

El relato mezcla cautiverio, caballerosidad y un trasfondo casi romántico, y aunque no existe documentación que confirme el episodio, la historia ha quedado profundamente ligada a la identidad del lugar.

Nacido en Montilla en 1453, Gonzalo Fernández de Córdoba y Enríquez de Aguilar fue un noble castellano y uno de los grandes generales de los Reyes Católicos que particpó activamente en la Guerra de Granada y que introdujo innovaciones decisivas en la organización de la infantería, dando origen a las famosas coronelías: germen de los Tercios españoles, que dominarían los campos de batalla europeos durante más de siglo y medio.

Con victorias como las de Ceriñola y Garellano (1503) logró expulsar a los franceses del Reino de Nápoles, que gobernó como virrey entre 1504 y 1507.

Se le considera un pionero de la guerra moderna y una figura esencial de nuestra historia militar. Incluso la expresión «las cuentas del Gran Capitán» ha llegado hasta nuestros días como símbolo de gastos poco detallados o desmesurados, fruto de otra famosa anécdota.

La opinión de los visitantes

Si algo destaca en las opiniones de quienes ya han estado en el Castillo de Doña Mencía es la atención cercana y el trato humano. Muchos viajeros coinciden en que la visita guiada es uno de los puntos fuertes. Marga, la guía que acompaña a los grupos, aparece mencionada una y otra vez en las reseñas por su simpatía, profesionalidad y capacidad para hacer de la historia algo ameno y accesible.

Los comentarios hablan de recorridos de unos 30 minutos en los que se explica con detalle la evolución del castillo, desde fortaleza defensiva hasta molino o colegio. La subida a la Torre del Homenaje, que regala unas vistas únicas de Doña Mencía y su entorno, es uno de los momentos preferidos de la visita.

También hay espacio para los más pequeños: algunos visitantes destacan que se organizan actividades con juegos de pistas, lo que convierte la experiencia en un plan ideal para familias. Otros subrayan el buen estado de conservación del patio de armas, la robustez de las murallas y la sensación de estar ante un lugar que ha sabido integrar siglos de historia en pleno centro del pueblo.

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