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Actualidad blanquiverde

El Córdoba CF y su temporada 2025-2026, en diez momentos: ilusión, drama, resurrección y resignación

El conjunto blanquiverde firmó su mejor clasificación en el fútbol profesional en una década, pero dejó tras de sí un curso de contrastes, rachas extremas, lesiones, polémicas y un 'play off' que no llegó a alcanzarse

Sergi Guardiola celebra el último gol del Córdoba CF en la temporada 2025-2026.

Sergi Guardiola celebra el último gol del Córdoba CF en la temporada 2025-2026. / MANUEL MURILLO

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Miguel Heredia

Miguel Heredia

Córdoba

La temporada 2025-2026 ya forma parte de la historia reciente del Córdoba CF. No tanto por el desenlace, que dejó una sensación agridulce tras una permanencia cómoda pero sin el premio añadido de pelear hasta el final por el ascenso, sino por todo lo que sucedió durante el camino. Porque el equipo de Iván Ania transitó por prácticamente todos los estados posibles: ilusión, crecimiento, crisis, polémica, resurrección y, finalmente, resignación. Una campaña, a fin de cuentas, que no quedará para la posterioridad por los números, pero que sí deja una colección de episodios que marcaron el relato califal en un segundo curso consecutivo dentro del fútbol profesional de lo más agitado, para bien y para mal.

Un verano cargado de ilusión

Tras un ejercicio 2024-2025 de adaptación a la categoría, con una holgada permanencia e incluso un ligero amago de engancharse a la zona noble en la primavera de 2025, el Córdoba CF se presentó en el verano previo al recién concluido campeonato de LaLiga Hypermotion decidido a armar una plantilla capaz de lograr la clasificación para la fase de ascenso. Es más, así lo había exteriorizado la propia entidad.

Siguiendo ese planteamiento, la comisión deportiva también se movió con rapidez. Apenas transcurrida una semana de junio, ya había cerrado tres incorporaciones: Adrián Fuentes, Dalisson de Almeida y, sobre todo, el gran golpe mediático del verano, Sergi Guardiola, cuyo regreso a El Arcángel disparó la ilusión entre la afición.

Aquellas llegadas coincidieron además con las primeras mejoras estructurales visibles en el estadio, generando un ambiente de optimismo generalizado que invitaba a pensar en cotas más elevadas.

La respuesta de la ciudad

La ilusión tuvo una respuesta inmediata en las gradas. La campaña de abonados, presentada bajo el lema «Sigamos creciendo juntos», se convirtió en la más exitosa de la historia de la entidad. Lanzada el 16 de junio tras su presentación oficial el día 10, fue batiendo récords a un ritmo vertiginoso.

El 4 de julio ya se habían superado los 10.000 abonados. Apenas dos semanas después se alcanzó la barrera de los 15.000. Finalmente, el club cerró la campaña con 17.370 carnés expedidos, superando incluso el límite logístico inicialmente fijado en 17.000, ante la altísima demanda por parte del cordobesismo.

El Arcángel, repleto de aficionados antes del Córdoba CF-Real Betis del pasado Trofeo Puertas de Córdoba.

El Arcángel, repleto de aficionados antes del Córdoba CF-Real Betis del pasado Trofeo Puertas de Córdoba. / MANUEL MURILLO

Otro arranque dubitativo

Sin embargo, la euforia estival volvió a encontrarse con una realidad ya conocida durante la etapa de Iván Ania: los arranques ligueros complicados.

Las tres primeras jornadas dejaron únicamente un punto de nueve posibles. El estreno en El Molinón terminó con derrota frente al Sporting de Gijón (2-1), pese a las buenas sensaciones. Peor fue el debut en casa, donde la UD Las Palmas se impuso con claridad en El Arcángel (1-3). El primer punto llegó en Valladolid (0-0), en un encuentro marcado por la polémica del gol anulado a Jacobo González.

Reactivación y expectación

La reacción llegó en la cuarta jornada. El triunfo frente al Castellón (2-1) sirvió como punto de partida para una mejoría progresiva. Incluso la posterior derrota ante el Andorra (3-1) acabó funcionando como un punto de inflexión.

A partir de ahí, el Córdoba CF comenzó a construir una identidad más sólida. Se convirtió en uno de los visitantes más fiables de la categoría, encadenando hasta nueve desplazamientos consecutivos sin dejar de puntuar, mientras que en el hogar fue encontrando una regularidad que le permitió acercarse a la zona alta.

No obstante, el tramo final de 2025 volvió a dejar ciertas dudas. Antes del parón navideño, el equipo solo sumó siete de los últimos 21 puntos en juego.

Un mercado invernal sin impacto

Con la llegada de enero, el club decidió intervenir. El área deportiva reforzó la plantilla tanto con vistas al presente como al futuro. Llegaron Álvaro Trilli y Mikel Goti para responder a necesidades inmediatas, mientras que Diego Percan fue incorporado como apuesta de recorrido. También se cerró el fichaje de Víctor Sánchez, que fue cedido de forma inmediata al Marbella de Primera Federación para que cogiera vuelo.

Sin embargo, el mercado terminó lejos del impacto que sí tuvieron año atrás incorporaciones como Alberto del Moral, Rubén Alves o Pedro Ortiz. Ninguna de las nuevas piezas logró modificar sustancialmente el techo competitivo del equipo, más allá del fogonazo inicial del vizcaíno, que se estrenó siendo coreado por El Arcángel y acabó la temporada cumpliendo con un rol mucho más discreto.

La primavera del sueño

Pese a ello, el combinado califal alcanzó la primavera en uno de sus mejores momentos del curso, tras otra reacción en consecuencia. El equipo de Iván Ania se instaló en la pelea por el play off, igualando en varios momentos la puntuación de la sexta plaza y llegando a convivir prácticamente cada jornada con las calculadoras.

La oportunidad más clara llegó en aquella semana cargada de compromisos que incluyó la visita al Almería y el encuentro aplazado frente al Ceuta. Dos victorias habrían permitido a los blanquiverdes entrar de lleno en la zona de promoción, e incluso con un empate, alcanzar los puestos nobles habría sido posible. No ocurrió. Aquellos partidos acabaron convirtiéndose en el inicio del peor periodo competitivo de la entidad.

La peor racha de la historia en Segunda

Porque lo que llegó después fue un desplome inesperado. Desde la derrota en el UD Almería Stadium hasta la visita a Riazor, el Córdoba CF apenas sumó un punto de 24 posibles. El balance fue demoledor: siete derrotas y un empate. La igualada llegó ante el entonces colista Mirandés, en un encuentro especialmente doloroso después de desperdiciar una ventaja de 2-0 en El Arcángel.

Aquella secuencia de resultados apartó prácticamente al equipo de la pelea por el ascenso y provocó que, por momentos, la atención se desplazara más hacia la zona de descenso que hacia la parte noble de la clasificación. El balance era desolador, tras pasar de pelear por objetivos nobles a instalarse en la peor racha de toda la historia blanquiverde en Segunda División.

Isma Ruiz conduce el esférico ante Leo Batipstao en el Almería-Córdoba CF.

Isma Ruiz conduce el esférico ante Leo Batipstao en el Almería-Córdoba CF. / LOF

Lesiones, bajas y polémica

La crisis deportiva coincidió además con un momento especialmente delicado en la enfermería. Y es que semana tras semana, la realidad del Córdoba CF había pasado a ser el convivir con siete, ocho e incluso nueve bajas simultáneas. Una situación, claro está, que condicionó aún más el ya entonces pobre rendimiento colectivo.

En medio de ese escenario surgió además uno de los episodios más comentados del curso. Rubén Alves, recuperado de sus problemas musculares y convocado para medirse al Sanse en El Arcángel, terminó quedándose fuera a última hora tras comunicar al cuerpo técnico que no se encontraba preparado para competir. «Fue convocado, pero me dijo que no se veía para jugar y que no estaba disponible. Ante eso, lo saqué de la convocatoria», explicó posteriormente Iván Ania.

Un episodio que levantó cierto debate durante varias semanas, aunque terminó diluyéndose con el regreso del central y su posterior buen rendimiento -cuando estuvo disponible, fue el más destacado de la zaga-, pese a encadenar otra nueva lesión muscular en el último arreón de calendario.

Resurreción fulgurante, pero insuficiente

Precisamente la vuelta de Rubén Alves fue uno de los factores que ayudó a cambiar la dinámica. El punto de inflexión definitivo llegó en Cádiz. A partir de aquel triunfo, el Córdoba CF encadenó seis victorias consecutivas, igualando la mejor racha de resultados de su historia en el fútbol profesional, fijada desde la 1959-1969 por parte del mítico Roque Olsen.

Cayeron de manera consecutiva Zaragoza, Cultural Leonesa, Sporting de Gijón, Castellón y Granada, para completar un espectacular seis de seis que devolvió la ilusión al panorama, aunque con las cuentas como enemigo.

Sin embargo, la reacción llegó demasiado tarde. La derrota posterior frente al Albacete acabó con cualquier posibilidad matemática. Además, el paso de las jornadas terminó demostrando que ni siquiera un pleno en el tramo final habría sido suficiente. El play off cerró finalmente en 72 puntos, la cifra más alta registrada en el actual formato de promoción.

Un desenlace sin brillo

Con el objetivo ya perdido, el cierre de campeonato volvió a dejar sensaciones encontradas. La derrota en Éibar fue especialmente dolorosa por la imagen ofrecida durante la primera mitad, hasta el punto de provocar una comparecencia especialmente autocrítica de Ania, que reconoció que no podían «dar la imagen que dimos en la primera parte» tras el pleito.

La última jornada tampoco permitió una despedida feliz. El Córdoba CF recibió al Huesca de José Luis Oltra, ya descendido matemáticamente, en un encuentro con escasos alicientes más allá del componente económico derivado de la clasificación final. En él, Sergi Guardiola adelantó a los blanquiverdes en una tarde cargada de simbolismo para el balear, pero Jordi Escobar igualó el encuentro en los compases.

Fue el último capítulo de una temporada que dejó una mejor clasificación que la del curso anterior -cinco posiciones y seis puntos más-, pero también la sensación de que, con lo puesto, no acabó dando para optar a algo más ambicioso.

Sergi Guardiola besa el escudo del Córdoba CF tras marcar ante el Huesca, en su último gol con el club.

Sergi Guardiola besa el escudo del Córdoba CF tras marcar ante el Huesca, en su último gol con el club. / MANUEL MURILLO

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