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Actualidad blanquiverde

Jacobo González, el Córdoba CF y El Arcángel: la crónica de un desencuentro total

La afición blanquiverde silbó al atacante durante el partido contra el Sporting de Gijón, y este respondió al malestar general con gestos de desaprobación tras marcar su gol

Jacobo González realiza gestos a la grada de El Arcángel tras su gol frente al Sporting de Gijón.

Jacobo González realiza gestos a la grada de El Arcángel tras su gol frente al Sporting de Gijón. / MANUEL MURILLO

Miguel Heredia

Miguel Heredia

Córdoba

Los movimientos del pasado mercado invernal encendieron la primera señal de alarma, la posterior crisis de resultados actuó como detonante y el creciente malestar, alimentado por el bajo rendimiento colectivo -y también individual- durante dos meses sin respuestas, terminó de completar el escenario. Así se ha ido gestando la fractura emocional entre Jacobo González y una parte del entorno del Córdoba CF, que vivió ante el Sporting de Gijón en El Arcángel (3-2) su capítulo más visible: una escena cargada de matices, más por el contexto que por el desenlace, que bien pudo marcar un punto de no retorno en la relación entre el atacante y la grada.

Un gol entre silbidos

La escena se fue construyendo desde su entrada al terreno de juego. Jacobo, que encadenaba su tercera suplencia consecutiva y venía de perderse el duelo ante el Zaragoza por sanción, relevó a Sergi Guardiola tras el descanso en un contexto ya cargado. De hecho, desde primera hora cada intervención suya fue acompañada por ese murmullo constante, entre el respaldo y la desaprobación.

El punto de ebullición llegó con su gol. Lejos de su habitual celebración -ese clásico salto mortal hacia adelante-, el madrileño optó por un gesto contenido, abrazándose con sus compañeros antes de dirigir señales de evidente malestar hacia la grada. La respuesta fue inmediata: la celebración quedó sepultada por una pitada prácticamente coral que obligó a sus compañeros a arroparlo en una imagen poco habitual para un goleador en su propio estadio.

A partir de ahí, el partido se convirtió también en un pulso emocional. Cada contacto con el balón reavivaba el debate en la grada, aunque con el paso de los minutos los ánimos fueron virando hacia un apoyo más generalizado. Tras el pitido final, sin embargo, Jacobo no se sumó a la celebración colectiva y puso rumbo directo al banquillo, donde mantuvo una conversación con Iván Ania.

Jacobo González conversa con Iván Ania en el banquillo del Córdoba CF, tras el encuentro.

Jacobo González conversa con Iván Ania en el banquillo del Córdoba CF, tras el encuentro. / MANUEL MURILLO

Un desgaste que viene de atrás

El episodio no surge de la nada. La relación entre Jacobo y el cordobesismo lleva tiempo transitando por una línea irregular desde su llegada en el verano de 2024. Tras una primera vuelta de altibajos, el propio futbolista reconoció en febrero de 2025 que «no había dado el nivel esperado». Su reacción fue notable en el segundo tramo del curso, que cerró como segundo máximo goleador del equipo con nueve tantos y seis asistencias, solo por detrás de Antonio Casas.

Ese rendimiento reforzó su peso dentro del equipo califal, hasta el punto de convertirse en una pieza estructural para Ania. En la presente campaña, sin ir más lejos, es el segundo jugador más utilizado por el ovetense, con ocho goles y una asistencia que sostienen su aportación en términos numéricos.

Sin embargo, el pasado mercado invernal volvió a situarlo en el foco. El interés del Real Oviedo y un preacuerdo con el club asturiano, que se materializará una vez finalice su contrato en junio, añadieron un nuevo elemento de fricción. El Córdoba CF optó entonces por retenerlo, priorizando el objetivo deportivo de alcanzar el play off, aunque la no renovación del «10», quien reconoció en una entrevista concedida a este periódico en febrero los contactos para su continuidad, así como la cláusula de renovación automática en caso de ascenso, incorporaron un punto de tensión añadido a la situación.

Ocho partidos sin ganar

La crisis de resultados que atravesó el equipo -la peor racha de su historia en Segunda División, con siete derrotas y un empate en ocho jornadas- terminó de alimentar ese caldo de cultivo. El descontento general buscó responsables y el rendimiento del equipo, incluido el del propio Jacobo, quedó bajo la lupa. En ese trámite, entre la derrota en Almería y el revés en La Coruña, el ex del Alcorcón solo anotó un gol.

Paradójicamente, la reacción del equipo llegó sin él como protagonista principal, concretamente en Cádiz. Tres suplencias, una ausencia por sanción y cuatro victorias consecutivas han coincidido con el crecimiento de alternativas como Kevin Medina o Diego Bri, lo que ha reconfigurado también el ecosistema ofensivo del equipo. Y como resultado: más exigencia, más tensión, menos permisividad.

Carracedo trata de mediar con Jacobo González tras los reproches del madrileño a la grada.

Carracedo trata de mediar con Jacobo González tras los reproches del madrileño a la grada. / MANUEL MURILLO

Respaldo interno

Pese al ruido exterior, el vestuario cerró filas en torno al futbolista. Iván Ania fue contundente tras el encuentro: «No lo sé de qué se le acusa. Si hay un jugador honrado y trabajador, ese es Jacobo. No entiendo por qué le pitan». En la misma línea se expresó el capitán Carlos Albarrán, quien reconoció que este tipo de situaciones «afectan en lo personal y también al rendimiento colectivo».

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