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TOCAR Y PASAR

El Córdoba CF, la redención y el 'doblete del barro'

El club blanquiverde tocó fondo para impulsarse con la conquista de los títulos de Liga de Segunda RFEF y Copa RFEF en un curso vital para su futuro

Carlos Marín, al final del partido en el Estadio Romano José Fouto de Mérida.

Quien no quiera ver el mérito en la temporada del Córdoba CF es muy libre de hacerlo. De acuerdo en que está militando -ya por poco tiempo más- en una cuarta división y que, seamos sinceros, los adversarios con los que se ha ido cruzando semana tras semana eran, salvo honrosas excepciones, perfectos desconocidos para los aficionados blanquiverdes. 

Había mucho de deuda pendiente en este extraño curso, en el que todo el mundo ha debido realizar un ejercicio de catarsis. No era sencillo. Que la sombra del fatalismo aparezca de forma recurrente en el día a día del Córdoba no es un asunto raro si se tiene en cuenta todo lo que ha venido pasando en torno a este bendito club, zarandeado por unos y por otros sin respeto ni decoro. Pero este año ha sido distinto. Pocas veces disfrutó tanto el cordobesismo como en esta visita por los sótanos del fútbol español. El exceso en los festejos tras escapar de esta categoría impropia da una idea de la magnitud de la tragedia con la que lidiaba el club, que siempre ha estado muy por encima de las circunstancias pero plenamente consciente de la necesidad de huir cuanto antes de este sumidero de ilusiones.

El caso es que el Córdoba CF vuelve a dar un capotazo a los profetas del apocalipsis y dejará en su historial una anotación formidable: la 21-22 será recordada como la Liga del doblete. Ha sido campeón de su grupo en la Segunda RFEF y también de la Copa RFEF. ¿Que no son torneos de alto rango? Por supuesto. De hecho, nadie en El Arcángel tiene los más mínimos deseos de reeditar estos títulos. Es más, firmarían no volver a tener que disputarlos nunca jamás. Pero el Córdoba CF ha sido el mejor en las competiciones en las que le ha tocado jugar. Y eso, señores, pocas veces lo ha podido decir.

Javi Flores ha recogido una copa de manos de Luis Rubiales en el palco de El Arcángel y ha subido a la estatua del Gran Capitán para ponerle la bufanda y la bandera. Dos imágenes icónicas que quedan como una lección moral de primer orden. Flores ha terminado convirtiéndose en un oráculo del cordobesismo. Ha levantado los trofeos y los ha celebrado como la ocasión merecía, pero nunca ha dejado de recordar a todo el mundo las razones por las que el Córdoba estaba disputándolos. Un capitán está también para decir lo que muchos no quieren oír. En el castigo estaba la gloria.

El Córdoba CF puso el pie en el fondo y se impulsó. Nada volverá a ser como antes. «El primer paso», rezaba la leyenda en las camisetas del ascenso. Un buen lema para volver a pensar en progresar y en vivir tiempos mejores. Pero no olvidéis nunca el doblete del barro.

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