Normativa
El cambio obligatorio que llega a los bares andaluces el 12 de agosto: recargo de 10 céntimos por refresco y adiós a las monodosis
Los establecimientos andaluces deberán instalar máquinas de recogida y aceptar devoluciones de envases de bebidas a partir del 12 de agosto.

Un camarero, durante un servicio en una terraza. / Manuel Murillo
Susana Sorní
Los bares andaluces están a punto de cambiar las reglas... o, mejor dicho, que se las cambien. A partir del 12 de agosto, cualquier establecimiento que venda bebidas envasadas (hablamos de la cafetería de barrio o el supermercado) estará obligado a añadir al tique un suplemento de 10 céntimos por cada lata, brik de hasta tres litros o botella de plástico de un solo uso. El importe no es un impuesto, sino una fianza: se reembolsará íntegramente al cliente cuando entregue el envase vacío. Para hacerlo posible, los locales deberán instalar máquinas específicas de recogida y aceptar por ley las devoluciones, con independencia de dónde se comprara el producto.
El paraguas jurídico de la medida es la Ley 7/2022, de 8 de abril, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, que fija como gran objetivo la recuperación del 90% de los residuos plásticos antes del 1 de enero de 2029. El endurecimiento normativo llega, además, en pleno debate sobre la escalada de precios y sobre el peso del impuesto al plástico en la inflación de los alimentos. Y no viene solo. Conforme al Reglamento UE 2025/40, aprobado el 22 de enero de 2025, ese mismo 12 de agosto comienza el fin de los clásicos sobres monodosis de plástico (azúcar, sal, leche para el café, vinagre, aceite o salsas, como kétchup o mostaza), cuya erradicación se extenderá de forma progresiva hasta 2030.
Cómo funcionará el depósito de envases en bares y supermercados
El despliegue logístico del nuevo depósito obligará a una reconfiguración mayúscula de la cadena de distribución comercial. Fuentes del mercado apuntan a que la puesta en marcha de las máquinas de recogida automatizada encarece los costes operativos de los pequeños establecimientos, muchos de ellos sin espacio físico para almacenar los envases retornados. Es un golpe directo a los márgenes de un sector alimentario que ya arrastra retos estructurales, desde la distribución de márgenes en la cadena agroalimentaria hasta la presión de unos costes fijos crecientes. Al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) le corresponde coordinar una infraestructura que, según los borradores técnicos del sector, exigirá entidades de gestión similares a las que ya operan en el modelo integrado de residuos.

Una camarera atiende a un grupo de señoras en la terraza de un bar. / EFE
La fianza de 10 céntimos cuenta con precedentes de éxito en el entorno comunitario a nivel europeo. Alemania, Dinamarca o Portugal rozan tasas de recuperación del 90% en latas y plásticos gracias a este incentivo económico directo. En el mercado germano, el sistema Pfand, implantado a principios de los dos mil, demostró que el comportamiento del consumidor cambia drásticamente cuando se toca el bolsillo: a mayor cuantía del depósito, menor tasa de abandono del residuo.
Las patronales de la distribución en España, sin embargo, advierten de que la obligación de aceptar devoluciones cruzadas entre supermercados y hostelería puede distorsionar las liquidaciones de IVA y los márgenes de caja durante los primeros meses.

Un grupo de turistas, en una terraza. / Jesús Prieto / ECG
Adiós a las monodosis de azúcar y salsas: qué cambia para la hostelería andaluza
La prohibición de los formatos individuales estrecha aún más el cerco sobre la hostelería independiente, un tejido especialmente denso en Andalucía. Para un bar medio, sustituir las bolsitas de azúcar o los envases pequeños de kétchup y mayonesa supondrá volver a los dispensadores tradicionales recargables o adoptar sistemas de dosificación que cumplan los nuevos estándares europeos de seguridad alimentaria e higiene. El horizonte de 2030 fijado por Bruselas persigue atajar de raíz los plásticos de un solo uso de pequeña dimensión, un residuo que suele escapar de las plantas de clasificación por su reducido tamaño.
La implantación de estas directrices coincide, además, con un encarecimiento generalizado de las materias primas para envases alternativos como el vidrio o el cartón reciclado, y forzará a las grandes multinacionales de la alimentación a rediseñar sus líneas de envasado en tiempo récord. El efecto en el tique será inmediato: una familia que compre un pack de seis latas de refresco adelantará 60 céntimos adicionales, un dinero que quedará congelado en el circuito hasta la devolución física de los envases en la máquina.
Fuente: El Correo de Andalucía
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