Vivienda
El precio del alquiler corta las alas a los universitarios andaluces: "Hay mucha más demanda que oferta, los caseros lo saben y se aprovechan de la desesperación"
La falta de oferta y la elevada demanda en el mercado de alquiler empujan a los estudiantes a pagar precios desorbitados por una vivienda temporal

Residencia de estudiantes en Sevilla / Jorge Jiménez / ECA
Emma Rocha
Las pruebas de acceso a la universidad han terminado, las primeras plazas en los Grados Universitarios ya han sido asignadas y con todo este proceso llega otro de los más complicados para aquellos estudiantes que, por elección propia o forzosa, deben buscar un lugar en el que vivir mientras cursan la carrera escogida en otra ciudad diferente a la suya. Pero la carga económica sigue siendo la gran barrera a saltar para los universitarios de Andalucía: "Hay mucha más demanda que oferta, los caseros lo saben y se aprovechan de la desesperación".
Elena, de veintidós años y natural de Córdoba, acaba de terminar la carrera tras de cuatro años viviendo fuera de casa. Tenía más claro el dónde quería estudiar que el qué: "Yo quería hacer la carrera en otra ciudad, aprender a cuidar de mí misma, hacerme responsable y forjar amistades nuevas" afirma la recién graduada. Tras pasar el trago de la prueba de acceso, Elena comenzó su andadura en la universidad eligiendo la ciudad de Sevilla como su destino ideal, y junto a sus padres optó por una conocida residencia de estudiantes en el El Porvenir.
Las residencias de estudiantes son una de las opciones más elegidas por los universitarios. Ofrecen una solución integral que facilita la adaptación, destacando por sus modernas instalaciones, servicios todo incluido —limpieza, lavandería, comedor— y una excelente ubicación junto a los principales campus de las ciudades. Hasta aquí todo bien, pero las trabas comienzan a relucir cuando se pregunta por sus precios: "Las residencias son extremadamente caras, y quien diga que no está mintiendo" "Es verdad que mi residencia fue y sigue siendo bastante barata, pero tengo conciencia de que ahora están subiendo los precios, en la que yo estuve y en muchas otras". En cuanto a las ventajas de estos complejos para estudiantes, las cuales se pagan, se reflejan en cómo "no tienes que preocuparte de casi nada, te lo dan todo hecho" "Es también muy seguro, al final estás viviendo en un edificio cerrado y controlado donde hay guardias de seguridad y además estás con gente constantemente" "Cualquier cosa que necesites vas a poder conseguirla de forma muy cómoda" confiesa.
Tras dos primeros años en una residencia, la estudiante cordobesa decidió arrendar un piso de alquiler junto a otras compañeras que conoció en el mismo complejo."Puedo decir que de manera evidente se nota el cambio de una residencia a un piso de estudiantes compartido, un piso siempre va a ser considerablemente más barato sea en la zona que sea" afirma tajante. Estar en un piso puede aportar, como contrapunto, mucha más independencia en el día a día, y también más tranquilidad: "A medida que creces y llegan los últimos años de carrera, a la mayoría de estudiantes deja de apetecernos vivir sumergidos en el 'jaleo social y ruidoso' que supone hospedarse en una residencia de estudiantes, se busca más tranquilidad y sosiego para estudiar y vivir más tranquilo" cuenta Elena con perspectiva. "Cuando entré en el primer año, decía que no me importaba pasar los cuatro años en la residencia en la que empecé, ahora me parece una locura sólo pensarlo" "He terminado los dos últimos años en un piso y no es comparable ni negociable la calma que se puede respirar en un piso, incluso a pesar de ser compartido".
Cuando entré en el primer año, decía que no me importaba pasar los cuatro años en la residencia en la que empecé, ahora me parece una locura sólo pensarlo
La lucha de los estudiantes por encontrar vivienda asequible y adecuada
En cuanto a la problemática existente de encontrar una vivienda, compartida o no, que se ajuste a las necesidades básicas que demanda un estudiante universitario para entrar a vivir, son muchos los estudiantes y familias que se topan con cantidad ingente de contratiempos y obstáculos a la hora de dar con el suyo. El principal problema siempre es la economía: Existe una brecha de desigualdad entre quienes viven en una zona con más oferta universitaria y quienes residen donde está es mucho más reducida. Como desenlace, el acceso a la amplia oferta formativa de comunidades más ricas, como Madrid o Cataluña, se vuelve algo inabarcable para los estudiantes con menos recursos, quienes se ven obligados a aceptar opciones educativas locales o a enfrentar mayores tasas de abandono y estrés académico por la necesidad de compaginar los estudios con trabajos precarios para pagar un alquiler. "Mis padres me pagaban el piso y todo lo que tuviera que ver con él, ya que yo no puedo pagar ese dinero" asegura Elena. "Hay mucha más demanda que oferta, los caseros lo saben y se aprovechan de la notable desesperación de los estudiantes". Para la cordobesa no fue complicado encontrar un piso cuando decidió mudarse a uno: "La clave es ir hablando con amigos y amigos de amigos, a raíz de ser conocidos, te enteras de quiénes dejan pisos ideales para entrar a vivir, te los guardan o te recomiendan a los caseros. Es como un contrato de confianza".
Aunque en el caso de Elena todo fue algo más rodado, no dejan de sucederse otros donde la adquisición de un contrato de alquiler no termina de aparecer ante la necesidad de los estudiantes que acuden a las ciudades universitarias siendo procedentes de otras y necesitan un domicilio temporal. Elena nos relata cómo una amiga cercana se ha visto este último año en obligación de encontrar de manera apresurada un nuevo piso para compartir, ya que su casera le anunció que iba a necesitar disponer de su propiedad para un uso propio. "Se las ha visto de mil demonios para dar con una vivienda acorde a sus necesidades. Es difícil encontrar un piso si buscas uno con determinadas condiciones, en un determinado barrio, y con unas características" "No es tan difícil encontrar un piso en según qué zonas de Sevilla, pero siendo sinceros hay ciertas zonas donde nadie quiere vivir, ni mucho menos quiere que lo hagan sus hijos". La ya graduada confiesa cómo ha observado de primera mano casos de compañeros que solicitaban de manera apresurada un contrato de alquiler con una estancia lista para entrar a vivir, la necesidad obliga a pagar más de lo que se debería y los arrendatarios no dudan en apretar las tuercas a quienes le pagan.
Fuente: El Correo de Andalucía
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