Perfil | Nuevo Gobierno de la Junta de Andalucía
Patricia del Pozo repite en Cultura para proteger la calma del sector frente a Vox
La consejera sevillana mantiene las competencias tras devolver sosiego a una cartera que Moreno había desdibujado al principio de la pasada legislatura, pero deberá convertir esa calma en gestión ante un socio que mira con recelo las ayudas al sector del cine y el teatro

La consejera de Cultura y Deporte en funciones, Patricia del Pozo, interviene durante la inauguración de la exposición 'La belleza del conocimiento'. / Rocío Ruz / Europa Press
Patricia del Pozo (Sevilla, 1969) repite como consejera de Cultura de la Junta de Andalucía con una ventaja: conoce la casa, conoce al sector y conoce también los errores de su propio Gobierno. La línea continuista ha marcado el diseño del nuevo gobierno que ha dado a conocer el presidente de la Junta en una comparecencia en San Telmo este jueves. La continuidad de esta licenciada en Derecho, una veterana ya en las filas del PP andaluz desde los tiempos de Javier Arenas, no se explica tanto por una gestión deslumbrante, llena de grandes anuncios, como por una cualidad mucho más útil en este momento para Juanma Moreno en una cartera tan sensible como ésta: ha logrado mantener la Cultura en calma y tiene mano para bregar con las andanadas del nuevo socio de Gobierno, Vox, con el discurso de las paguitas y las subvenciones a los profesionales del sector.
Junto a Cultura y Patrimonio Histórico, Del Pozo mantiene las políticas de Memoria Histórica -y habrá de hacer frente, según el pacto con Vox, a la creación de una Ley de Concordia- y mantiene las de Deportes cuando estamos en los años de descuento del Mundial 2030, con Sevilla como sede de algunos partidos.
Centrados en las competencias de Cultura, ésta fue la primera cartera que Moreno puso en sus manos en aquel primer Gobierno andaluz de coalición con Ciudadanos, el Ejecutivo del cambio después de casi cuatro décadas de socialismo en San Telmo al que le tocó bregar con la pandemia. Después, en los dos primeros años de mayoría absoluta, el presidente la movió a Educación y dejó Cultura en manos de Arturo Bernal, encajada junto a Turismo y Deporte en una consejería de mucho peso promocional, pero de difícil digestión para un sector que suele reclamar identidad propia, escucha específica y algo más que marketing institucional. Aquella decisión fue un error. A la vista está. A mitad del pasado mandato, Moreno hizo crisis de gobierno, corrigió el rumbo, sacó Cultura de aquella macroestructura y devolvió la cartera a Patricia del Pozo. El malagueño Bernal es uno de los dos nombres que salen del Ejecutivo ahora: las competencias de Turismo las asume Manuel Gavira, como vicepresidente; y también sale la consejera de Medio Ambiente, Lina García, sustituida por la también jiennense Adolfina Martínez.
Del Pozo no es una consejera de grandes fogonazos. No ha construido su perfil sobre anuncios espectaculares ni sobre una idea especialmente transformadora de la política cultural andaluza, más bien todo lo contrario. Su principal baza ha sido otra: rebajar la temperatura de una consejería históricamente expuesta al malestar de los sectores profesionales, las quejas por la financiación, los agravios territoriales y la eterna sensación de que Andalucía tiene más patrimonio, talento y tejido cultural del que sus instituciones son capaces de ordenar y proyectar.
Del Pozo no es una consejera de grandes fogonazos. No ha construido su perfil sobre anuncios espectaculares. Su principal baza ha sido otra: rebajar la temperatura de una consejería históricamente expuesta al malestar de los sectores profesionales
En ese terreno, ha conseguido mantener una relación razonablemente estable con el sector. Entre los proyectos más visibles de esta etapa está la actualización del proyecto de ampliación del Museo de Bellas Artes de Sevilla, una de esas obras enquistadas de la que llevamos escribiendo desde siempre. El equipo de Del Pozo -con Aurora Villalobos al frente de la dirección general de Museos- ha abierto una vía de diálogo con el Ministerio de Cultura y ha hecho sus deberes. Ahora, la pelota está en el tejado del Gobierno central. La Junta ha hecho su parte y espera que el Ministerio responda. Hace un año de esa foto con el ministro en el Palacio de Monsalves. Para Sevilla, el Bellas Artes sigue siendo una de esas asignaturas eternamente pendientes: un museo de primer nivel con una ambición institucional todavía por debajo de su colección y de su potencial.
Avanza las artes escénicas, ayudas al cine pero se estanca el desarrollo de la Ley del flamenco
Hay avances menos sonoros, pero importantes para quienes trabajan dentro del sistema cultural andaluz. Uno de ellos es el impulso de las nuevas bases reguladoras para el sector de las artes escénicas, una demanda reclamada durante años por compañías, productoras y profesionales que reclamaban reglas más adaptadas a la realidad actual de la creación, la producción y la distribución. El trabajo de Violeta Hernández al frente del área de artes escénicas y música ha sido clave para desencallar este asunto. Son reformas que no ocupan grandes titulares, pero que pueden cambiar la vida cotidiana de un sector acostumbrado a pelear con convocatorias rígidas, plazos imposibles y herramientas administrativas desfasadas.
También figura en su haber el aumento de las ayudas al cine andaluz. Del Pozo, junto a un equipo rodado y estable, ha conseguido duplicar una línea de apoyo que llevaba demasiado tiempo congelada, precisamente en un momento en el que el audiovisual andaluz atraviesa una etapa de crecimiento, profesionalización y mayor visibilidad que tiene el problema de la fiscalidad frente al País Vasco y Canarias como gran asignatura pendiente. El cine, las series, los rodajes y la producción ya no son una nota al pie de la política cultural, sino una industria con capacidad de generar empleo, atraer inversión y proyectar imagen de comunidad. En ese contexto, mantener las ayudas en cifras antiguas era una anomalía.
Pero la Cultura andaluza sigue teniendo demasiadas carpetas pendientes. Una de ellas es la actualización del plan de museos, imprescindible para ordenar una red con enormes posibilidades, pero con situaciones muy desiguales. Andalucía presume de patrimonio, y con razón, pero no tiene una política museística moderna, conectada, accesible y bien explicada. Hay déficits incluso en cuestiones básicas: páginas web obsoletas, información poco atractiva, herramientas digitales pobres... que no están a la altura de lo que se quiere vender. En pleno debate sobre públicos, turismo cultural y acceso a la cultura, la Junta necesita algo más que conservar edificios o sostener programaciones. Necesita contar mejor lo que tiene, facilitar el acceso, ordenar su oferta y pensar con más ambición en el visitante, pero también en el ciudadano que vive aquí.
El flamenco es otro de los grandes asuntos pendientes. Andalucía tiene una ley aprobada desde abril de 2023, pero su desarrollo apenas ha avanzado al ritmo que cabría esperar para una seña de identidad que todos los gobiernos invocan con solemnidad. El flamenco necesita menos retórica y más estructura: más presencia real en la educación, más apoyo a los creadores, más circuitos, más investigación, más protección de los espacios donde se transmite y más capacidad de diálogo con un sector plural, complejo y a menudo precario. No basta con declararlo bandera. Hay que convertir esa bandera en política pública.
Vox pide más apoyo al arte sacro
Otro flanco sensible es el arte sacro. Del Pozo ha sido criticada por una generosidad máxima con este ámbito, convertido en una línea muy mimada por el Gobierno andaluz. La defensa del patrimonio religioso ha sido un eje de trabajo a lo largo de los últimos dos años y Vox, de hecho, pide atenderlo todavía más. Del Pozo tendrá que decidir hasta dónde esa apuesta es política patrimonial y desde dónde empieza a parecer una concesión cultural a su socio parlamentario que, en todo caso, tampoco es que se haya fajado mucho en diseñar las políticas de este ámbito: el pacto entre PP y Vox le dedica una sola página a Cultura y Turismo.
En patrimonio, uno de los grandes símbolos es el proyecto de las Atarazanas de Sevilla. Del Pozo ha situado en su balance el desbloqueo de un espacio largamente esperado y su entrega a la Fundación Cajasol como motor de gestión cultural. La Consejería, titular del monumento, debe seguir de cerca el proyecto cultural y no desentenderse de un enclave patrimonial de primer orden.
La continuidad de Del Pozo, ha sonado en las quinielas para presidir en el Parlamento que, por ahora, retiene la presidencia de la cámara, llega con una doble lectura. Por un lado, Moreno premia una gestión que ha devuelto sosiego a una consejería que él mismo había desdibujado al fundirla con Turismo. Por otro, le exige pasar de la calma a la ejecución. La estabilidad ya está conseguida. Ahora toca demostrar que sirve para algo más que para evitar conflictos, aunque ahora toque lidiarlos, con mano izquierda, con un socio de gobierno que lleva en el ADN criticar a los profesionales independientes de la Cultura.
En el plano político, Del Pozo es además una pieza cómoda para San Telmo. Es disciplinada y eficaz en el argumentario. Cuando tiene que repetir el marco del presidente, lo repite. Cuando toca cargar contra el Gobierno central, carga. Cuando conviene defender la gestión autonómica sin abrir frentes propios, lo hace. Es un valor seguro en el Ejecutivo con el que echa a andar la 13ª legislatura.
Fuente: El Correo de Andalucía
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