17M
Pilar González, una voz histórica para el nuevo andalucismo: "Me siento más identificada con los jóvenes que con los popes"
La histórica dirigente respalda desde un segundo plano la campaña de Adelante Andalucía y reivindica una herramienta política propia para una nueva generación que reclama vivir y decidir en su tierra

Pilar González, en un acto juto a Teresa Rodríguez, fundadora de Adelante Andalucía. / P. G.
Pilar González (Mérida, 1962) habla despacio, con memoria, ironía y una calidez que no necesita subrayados. Y siempre con alegría, como defiende en su perfil de X. Histórica andalucista, ha sido concejala del Ayuntamiento de Sevilla, diputada en el Parlamento, secretaria general del PA y senadora y hoy, figura de referencia en Adelante Andalucía. No está en ninguna lista para las elecciones del 17M, pero está. Está cerca, acompaña, piensa, propone y empuja.
Tiene 63 años -"cumplo 64 este verano"- y una libertad política disfrutada hoy con una serenidad que delata, como cantaba, Jarcha, que es una libertad sin ira: "Me siento tan radicalmente libre ahora como no me he sentido en la vida". No reclama foco ni cargo, pero tampoco acepta quedar reducida a una reliquia. "Yo no soy un jarrón chino ni nada de eso", avisa. Y en esa fórmula caben todos esos ex que torpedean el camino de los nuevos.
Su papel en Adelante Andalucía, desde su nacimiento con Teresa Rodríguez, ayuda a entender una de las claves de esta campaña: el intento de coser generaciones distintas alrededor de una misma idea. De un lado, quienes vienen del andalucismo histórico, de las luchas universitarias, del Partido Andalucista, de la autonomía y de la Transición. Del otro, una generación joven que habla de alquileres imposibles, precariedad, sanidad pública y derecho a quedarse. En medio, José Ignacio García, candidato de Adelante, a quien González describe como "un tipo decente, honesto y trabajador como pocas personas" en política.
Me siento tan radicalmente libre ahora como no me he sentido en la vida
Para ella, García representa una credibilidad alérgica a los argumentarios: "Habla como vive". Es profesor de instituto, vive de alquiler, usa la sanidad pública y "llega a fin de mes como la mayoría". "Es uno de nosotros", afirma. Por eso cree que merece "la confianza y la oportunidad". González subraya también su capacidad para plantar cara al presidente andaluz con "argumentos sólidos y sonoros", pero sin perder naturalidad. En una campaña saturada de ruido, esa autenticidad se ha convertido para Adelante en un capital político para una formación a la que varios sondeos le dan un buen resultado.
"Hay algo, pasa algo que trasciende las encuestas", dice. Ese "algo" es, en sus palabras, un hilo que conecta a jóvenes con 18 años recién cumplidos y a mayores que parecían haber dejado de creer. Ese hilo, para Pilar González, se llama andalucismo.

Pilar González junto a Pilar Távora, en un acto con el candidato José Ignacio García. / P. G.
Cuando se le pregunta qué le queda de aquel impulso político de su generación, responde sin dudar: "Queda el andalucismo". Y eso sigue siendo "una razón suficiente" para defender que Andalucía cuente con "una herramienta política propia". No para imponerle un camino a nadie, sino para que los andaluces "hagan lo que quieran con ella", pero tengan al menos la oportunidad de disponer de una voz útil para resolver sus carencias.
El andalucismo como voz de la conciencia
En un escenario estatal sin mayorías absolutas cree que "la presencia y la voz de un territorio en el Congreso de los Diputados supone arrancar concesiones del Gobierno central de turno". En Andalucía, añade, ocurre "tres cuartos de lo mismo". Aunque aquí exista una mayoría absoluta, cree necesaria una fuerza que actúe como "esa voz de la conciencia" reclamando las prioridades andaluzas.
Pero lo que más le interesa no es solo la permanencia del andalucismo, sino su transformación. González ve en Adelante una nueva formulación, más joven, más desacomplejada y menos encerrada en moldes antiguos. El andalucismo, cuenta, viene de lejos: de la Constitución de Antequera, de Blas Infante, del grupo de la Transición... Pero ahora se expresa con lenguajes distintos, "muy jóvenes", ligados a "la autoestima" y a una identidad entendida no como algo inmóvil, sino "como un proceso que se construye día a día".
Y ahí aparece el puente entre generaciones. González se reconoce en una juventud que habla de Andalucía desde el alquiler imposible, el salario insuficiente y el derecho a quedarse. Jóvenes que no quieren marcharse empujados por la necesidad, sino elegir su vida. "Que el que se tenga que ir sea por aventura, por recorrer el mundo, no empujado con la maleta", resume.
Quizá por eso afirma que se siente "más identificada con los jóvenes que con los popes". No reniega de quienes hicieron la Transición, pero distingue los tiempos. A aquella generación le tocó levantar la democracia frente a la dictadura. A esta, con nuevas herramientas, pelear por poder vivir. Y en esa pelea ve "un sacudón de energía, de autoestima y de empoderamiento político" que beneficia también a quienes ya son mayores.

En su etapa como dirigente del Partido Andalucista. / P. G.
González tampoco idealiza su propia trayectoria. Cree que su generación hizo bien "el compromiso", las ganas de "tomar partido hasta mancharse" y de "no dejar pasar la vida sin formar parte de la propia vida". Recuerda sus años en la Universidad de Sevilla, donde estudió Historia, su paso por el CADUS y aquellas luchas por una universidad democrática como "una aventura hermosísima".
De aquella etapa del andalucismo sevillano rescata un nombre: Mariano Pérez Ayala, secretario provincial del Partido Andalucista en Sevilla y después presidente de Cáritas Andalucía, a quien recuerda como una figura imprescindible de su recorrido político y humano.
Pero también admite errores: "Tal vez no arriesgar mucho" o conformarse demasiado pronto con algunas conquistas. "Queríamos más, pero nos quedamos con esto".
Hoy su lugar es otro. Forma parte de la Coordinadora Nacional de Adelante Andalucía, pero no está en la gestión diaria ni disputa liderazgos. "No me ha costado nada dar un pasito para atrás, ni un pasito para el lado", asegura. Ha vivido momentos "muy hermosos" y también "malos ratos y sofocones". Entre los primeros, cita la reforma del Estatuto y su paso por el Senado, donde tenía claro su cometido: "Siempre que me subía a la tribuna, hablara de lo que hablara, fuera la iniciativa que fuera, hablaba de Andalucía".
De cara a esta campaña, el miedo de González no es el ruido, aunque lo considere "molesto". Es la desmovilización. "Nunca trae nada bueno para la mayoría social, para las personas trabajadoras, para la gente más vulnerable", advierte. Frente a eso, el andalucismo de Adelante Andalucía no se presenta como nostalgia, sino como una cadena de relevos: memoria sin tutela, experiencia sin trono y juventud sin complejos. Entender la política como pasr el testigo que tiene el 17M el comienzo de una nueva etapa.
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