Colapso en los recursos municipales

El éxodo a las playas triplica la población en la costa andaluza

La Junta colabora con los municipios turísticos para ayudarles a hacer frente a un verano sin que se les desborden los servicios

Vista de la playa de Conil de la Frontera.

Vista de la playa de Conil de la Frontera. / ROMÁN RÍOS

Victoria Flores

Los paseos marítimos andaluces se llenan de sombrillas, sillas y acentos de visitantes. Las altas temperaturas, el fin de las clases y las primeras vacaciones se empiezan a notar en los municipios de la costa andaluza que se preparan ya para multiplicar su población por tres en muchos casos durante el periodo estival.

Cuando llega el calor «los chicos se enamoran», como dice la canción, y los sevillanos que pueden huyen de la ciudad hacia la Costa de la Luz para desconectar e intentar no abrasarse en el cemento bajo los 40 grados que marca el termómetro. Los chiringuitos relucen, las tablas que cruzan las dunas blancas se preparan y los arenales llevan meses de trabajo para lucir mejor que nunca.

En julio y agosto muchas de las playas de Huelva y Cádiz se convierten en extensiones de las ciudades andaluzas y municipios que no superan los 30.000 habitantes rozan los 100.000 durante al menos 60 días. Aunque los municipios costeros están acostumbrados a estas fluctuaciones masivas de población durante el periodo estival, cada año es un reto dar la mejor de las ofertas.

El «sobreesfuerzo» de la costa

Las eternas playas de arena blanca y la cercanía con provincias de interior como Sevilla, Córdoba o Badajoz, la mayoría de arenales no llegan a estar a dos horas en coche de las ciudades, las convierten en lugares idóneos donde abundan las segundas residencias. Sin embargo, mientras los veraneantes descansan, los vecinos de los pueblos costeros tienen que «que hacer un sobreesfuerzo enorme», como explica la alcaldesa de Conil, Inma Sánchez Zara, para poder ofrecer los mejores servicios.

Si durante el año los servicios municipales tienen que atender a una población, en verano las necesidades se triplican. Este aumento de la población puede provocar problemas de limpieza, pues se generan más residuos de lo habitual, o colas eternas en centros de salud que no están acostumbrados a recibir tanto público. Aunque también tiene notas positivas, como el aumento del empleo entre los locales, pues para muchos de estos pueblos el turismo y la hostelería se convierten en unas actividades económicas vitales.

Año tras año ocurre lo mismo y con cada periodo estival los ayuntamientos perfeccionan sus sistemas un poco más. Para muchos deja incluso de ser un problema. El alcalde de Lepe, Juanma González Camacho, explica que llevan «mucho tiempo en esta dinámica» y que «están preparados para estos flujos de población».

Ayuda de la Junta

La Junta colabora con los ayuntamientos turistificados durante el verano. Para poder ayudar a los ayuntamientos que más lo necesitan, en 2019 la Junta de Andalucía puso en marcha unas subvenciones para los reconocidos como municipios turísticos de Andalucía llamadas Munitur. Estas ayudas han beneficiado a unas 39 localidades andaluzas de menos de 100.000 habitantes, según apuntan desde la Consejería de Turismo, Cultura y Deporte.

«Son unas ayudas que se otorgan a los municipios para afrontar el aumento de población en determinadas épocas del año», subrayan desde el equipo del consejero Arturo Bernal. Estas subvenciones buscan fomentar actuaciones para promover accesibilidad universal de los recursos turístico-culturales, crear y mejorar las estructuras turísticas o adaptar a las nuevas tecnologías los recursos de los que disponen los municipios.

Sin embargo, para muchos pueblos que tienen los servicios municipalizados estas ayudas no son suficientes, ya que no es lo mismo atender las necesidades de 30.000 personas que de 300.000, como algunos se encuentran en agosto. En la localidad de Rota, en Cádiz, ven como cada verano es un reto atender la sanidad de los veraneantes durante el periodo estival, pues sus profesionales también cogen vacaciones, como lamenta su alcalde, Javier Ruiz Arana. En Almonte, sin embargo, el concejal de Turismo, Tomás Ruiz, explica la seguridad se convierte en todo un reto cuando se ven con Matalascañas hasta la bandera o con El Rocío a reventar de romeros.

La inmensa mayoría de los trabajadores cuentan los días para cambiar los ordenadores y los uniformes por las sombrillas y los bañadores y volver a ver el Atlántico en la Costa de la Luz, pero en los municipios de primera línea de playa el trabajo se multiplica. «No se disfruta igual siendo alcalde porque es una responsabilidad muy grande», sentencia Sánchez Zara.