La minería metálica andaluza, en especial la faja pirítica de Huelva y Sevilla, está resurgiendo gracias al incremento de la demanda mundial de cobre, que en apenas dos o tres décadas puede duplicarse impulsada por grandes países consumidores como China o India. Según datos de la Junta de Andalucía, la minería es uno de los sectores que mejor está resistiendo la crisis derivada de la pandemia con una facturación media anual de 3.200 millones de euros y 40.000 empleos entre directos, indirectos e inducidos.

Este renacimiento de la minería metálica, después de décadas de cierre de explotaciones y de prejubilaciones masivas a principios de siglo, se traduce en el interés que despiertan a nivel mundial los permisos y licencias para explotar los yacimientos. Francisco Sierra García, delegado en Huelva del Colegio Oficial de Ingenieros de Minas del Sur, explica que China, con sus más de 1.400 millones de habitantes, es el principal consumidor mundial de cobre y copa más del 50% del mercado. Durante 2019, su industria consumió 12,8 millones de toneladas de refinado de cobre y ya en el segundo y tercer trimestre de 2020 su demanda provocó que los precios alcanzaran su máximo en siete años. En el primer trimestre de 2021 la economía china ha experimentado un crecimiento del 18,3%, y eso se traduce en que el pasado mes de abril el precio de la tonelada de cobre refinado se disparó al máximo histórico. En concreto, giró en torno a los 9.500 y los 9.700 dólares, favorecido también por el cierre de las fronteras chilenas a consecuencia de la pandemia, explica Sierra.

Chile es el principal productor de cobre del mundo y durante 2020 puso en el mercado 5,7 de los 20 millones de toneladas de cobre refinado del planeta. Perú, segundo en el ránking internacional, no llega ni a la mitad.

La comunidad de Andalucía aporta a ese mercado global 184.000 toneladas, apenas el 0,92% del negocio mundial, aunque teniendo en cuenta el precio actual del mineral son cifras de negocio muy significativas. Todos los analistas vaticinan que, en apenas dos o tres décadas, la actual demanda mundial de cobre puede acabar duplicándose por el incremento imparable del consumo global.

A corto plazo, van a contribuir a ello los ambiciosos programas inversores anunciados tanto por el presidente norteamericano, Joe Biden, en los Estados Unidos, segundo consumidor mundial, como por la Unión Europea y, según Sierra, va a ser especialmente importante el «tirón» de la India cuando esta logre superar la crisis generada por la pandemia de coronavirus.

La industria automovilística puede ser otro motor para la minería metálica, ya que si un coche convencional de gasolina o diésel tiene unos 25 kilos de cobre, el híbrido conlleva entre 40 y 50 y el eléctrico 83 kilos y sus cargadores también requieren entre 0,7 y ocho kilos.

Los sistemas de almacenamiento para las energías renovables también necesitan este mineral ya que, según Francisco Sierra, cada megavatio de un parque eólico requiere cuatro veces más cobre que las energías convencionales y, de esta forma, por cada megavatio instalado en fotovoltaica se utiliza una media de cuatro toneladas de cobre. Incluso en la actual crisis sanitaria el cobre ha descubierto otro nicho de mercado como agente antibacteriano de primer orden en aplicaciones hospitalarias.