Las casas de apuestas cumplen un año en Andalucía y su efecto ya se ha hecho notar, especialmente entre los más jóvenes, con un incremento del número de jugadores que acuden a las asociaciones especializadas para su rehabilitación para dejar atrás un problema cada vez más común pero a la vez minimizado entre la sociedad. El 5 de septiembre del 2017, Andalucía se convirtió en la última comunidad autónoma en regular las apuestas deportivas o de competición, tanto presenciales como en línea, adaptando la Ley 12/2011 con la que el Gobierno normalizaba el reciente auge de las casas de apuestas virtuales en el país.

La entrada en vigor de este reglamento conllevaba un aporte económico considerable para las arcas públicas andaluzas, ya que la administración esperaba alcanzar unos ingresos por tributos de juego en apuestas de 2,8 millones de euros en el 2018 y 5 millones en el 2019. Un año después, el crecimiento del sector ha sido exponencial, ya que se han instalado 3.440 terminales de apuestas en la comunidad -de los cuales casi el 23 % están en la provincia de Málaga-, según la Consejería de Economía, Hacienda y Administración Pública.

La repercusión de esta medida ha tenido un impacto inmediato en la sociedad andaluza, puesto que se ha producido un incremento del 60% con respecto al año pasado del número de personas que han acudido para iniciar tratamiento a alguno de los centros regionales de la Federación Andaluza de Jugadores de Azar en Rehabilitación (Fejar), como reconoció a Efe su presidente Francisco Abad.

Este cambio de metodología en el juego también ha variado radicalmente el perfil de jugador «en solo dos años», que ha pasado de «hombre de 40 años con pareja y trabajo estables» a «chico de 19 años, estudiante sin ingresos propios» y que puede llegar a acumular deudas de 3.000 o 4.000 euros.

«El jugador patológico tiende a esconderse para jugar, por eso en el ambiente que crean las casas de apuestas con los cristales oscuros y que no se puede ver desde el exterior es perfecto», admite Abad.