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Reportaje

Objetivo: cuidar la uva en vendimia

La Red de Alerta e Información Fitosanitaria ofrece una serie de recomendaciones para preservar la calidad de la uva desde su recolección en el viñedo hasta su entrada en las bodegas o cooperativas que elaborarán los mostos a partir de los cuales surgirán los vinos y vinagres amparados por el marco Montilla-Moriles

Un tractorista se aproxima a una caja cargada con racimos de uva de la variedad Pedro Ximénez en Montilla-Moriles.

Un tractorista se aproxima a una caja cargada con racimos de uva de la variedad Pedro Ximénez en Montilla-Moriles. / José Antonio Aguilar

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Juan Pablo Bellido

Juan Pablo Bellido

Montilla

La Red de Alerta e Información Fitosanitaria (RAIF) recomienda extremar el control sanitario, la higiene y el cuidado de la uva durante la vendimia, que ya ha comenzado en el marco Montilla-Moriles. Y el objetivo no es otro que el de preservar la calidad del fruto desde su recolección en el viñedo hasta su entrada en la bodega.

Con el inicio de la recolección, el viñedo entra en una fase especialmente importante desde el punto de vista fitosanitario. Aunque la vendimia representa el final del ciclo de cultivo, también constituye un momento crítico para impedir que uvas dañadas o en avanzado estado de deterioro lleguen a las tolvas donde serán transformadas en mosto.

En el marco de la producción integrada, las operaciones deben desarrollarse conforme a los principios de la Gestión Integrada de Plagas y las buenas prácticas agrícolas. En este sentido, los técnicos de la RAIF señalan que "la prevención, el seguimiento del estado sanitario de la parcela y la correcta ejecución de las operaciones de recolección son elementos esenciales para conseguirlo".

Importante revisar las parcelas antes de entrar los vendimiadores

La revisión de las parcelas adquiere una importancia especial durante los días previos a la entrada de los vendimiadores o de las cosechadoras. Esta inspección debe prestar atención a los racimos con síntomas de podredumbre, así como a aquellos afectados por insectos, aves u otros agentes que puedan favorecer la entrada de microorganismos.

De igual modo, deben localizarse las bayas rajadas o con heridas y los racimos deshidratados o afectados por alteraciones capaces de reducir la calidad de la cosecha. La observación también debe abarcar la distribución de los daños dentro de la finca, sobre todo en las zonas con mayor humedad, menor ventilación o con antecedentes de problemas sanitarios.

Cuando las condiciones lo permitan, la eliminación de los focos más afectados ayuda a evitar que el material vegetal deteriorado pase a las tolvas. Esta actuación también limita el riesgo de que la uva sana resulte contaminada durante la recolección o mientras comparte recipientes o medios de transporte con racimos dañados.

Por otro lado, la forma de recoger y manipular la uva influye directamente en su conservación. Los golpes y los daños innecesarios pueden romper las bayas y provocar la liberación de mosto. Estas heridas facilitan el desarrollo de microorganismos y aceleran el deterioro de los racimos antes de su llegada a la bodega.

Máximo cuidado en la manipulación de la uva

Por este motivo, la uva debe manipularse con el máximo cuidado, evitando una compactación excesiva durante su traslado. También es necesario utilizar recipientes limpios y en buenas condiciones, además de impedir que el fruto permanezca durante periodos prolongados en el campo, especialmente cuando se registran temperaturas elevadas.

Por otro lado, la logística del transporte debe reducir al mínimo el tiempo transcurrido entre el corte de los racimos y su recepción en la bodega. La rapidez resulta particularmente importante cuando se recolecta uva con algún grado de deterioro o durante las jornadas más calurosas, puesto que las elevadas temperaturas aceleran los procesos de degradación y pueden causar una rápida pérdida de calidad.

Limpieza de equipos y aperos

La limpieza de los equipos y de los medios empleados durante la campaña constituye otra medida preventiva esencial. Cajas, remolques, vendimiadoras, tolvas y cualquier otro elemento que entre en contacto con el fruto deben mantenerse limpios y en condiciones adecuadas.

Y es que los restos de uva, mosto o material vegetal procedentes de operaciones anteriores pueden favorecer el deterioro de la nueva cosecha y elevar el riesgo de contaminación durante la recolección y el transporte de la uva hasta los lagares o cooperativas.

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