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Aumento de las temperaturas

El cambio climático liquida la última gran plantación de melocotones de Córdoba

La finca La Veguilla termina con un cultivo que llevaba medio siglo a orillas del Guadalquivir. El calor temprano y el poco frío en invierno hacen que la fruta no madure bien y deje de ser rentable

Francisco Natera, en la finca de La Veguilla, donde ya no se recogen melocotones.

Víctor Castro

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Rafael Verdú

Rafael Verdú

Córdoba

Ya no quedan melocotoneros en las grandes huertas cordobesas. Aunque esta fruta veraniega nunca tuvo una presencia destacada en las fincas agrícolas de la provincia, los pocos melocotones cultivados con mimo junto al Guadalquivir eran muy apreciados y buscados por su sabor, calibre y calidad. Seguirá habiendo duraznos en los mercados, pero los fruteros tendrán que buscarlos en otras latitudes.

La finca La Veguilla, a pocos kilómetros de la capital cordobesa, era la única que cuidaba melocotoneros a gran escala en la provincia, y probablemente una de las pocas que quedaban al sur de Despeñaperros. Así lo asegura Francisco Natera, el propietario de esta explotación agraria de regadío de unas 180 hectáreas que se abastece directamente del Guadalquivir. El año pasado obtuvo con muchas dificultades la última cosecha de esta fruta de hueso a partir de una docena de variedades diferentes, pero ya llevaba varios años produciendo sin rentabilidad.

Medio siglo con duraznos

Los primeros melocotoneros se plantaron en La Veguilla en 1976 y llegó a haber hasta 180 hectáreas dedicadas a la fruta; las últimas 30 hectáreas se han arrancado este mismo año. Los tocones de los árboles, secos como esqueletos, yacen al borde de las parcelas donde florecieron durante medio siglo. En su lugar hay patatas, al menos de momento.

La finca La Veguilla se encuentra en plena recolección

Recolección de melocotones en La Veguilla en el verano de 2022. / Manuel Murillo

La subida de las temperaturas medias, un efecto del cambio climático, explica la pérdida de este cultivo en la provincia de Córdoba. Los duraznos necesitan frío durante el invierno, o de lo contrario sufren «desarreglos físicos notables», explica Natera. Así, cuando llega la primavera, en «la época de vestirse con la floración y las yemas, aún no han salido del reposo y no florecen bien». Según la variedad, estos frutales requieren varios cientos de horas de temperaturas por debajo de los siete grados, pero nunca se alcanzaban esos registros en Córdoba y además «había continuas variaciones, no teníamos un frío de calidad», en palabras del agricultor. Tampoco el calor de principios de verano ayudaba, puesto que «las temperaturas extremas hacían que la fruta madurara de golpe». Las restricciones en el uso de fitosanitarios y la escasez de mano de obra (en la finca llegó a haber más de un centenar de peones a la vez), como en general en todo el campo, pusieron el clavo en el ataúd del último melocotonero.

Este mismo proceso se dio en otras partes de España. Como apunta Natera, hace más de una década ya empezó a notarse en sitios como Murcia. Los efectos de la subida de las temperaturas medias «aquí han tardado seis o siete años en llegar, pero han llegado». Hace más de 15 años comenzaron a abandonarse las plantaciones de duraznos en fincas de Fuente Palmera, insiste el dueño de La Veguilla. Las estadísticas oficiales refrendan la pérdida de un cultivo delicado: hace una década, en Córdoba había más de 300 hectáreas de duraznos; en el último informe del Ministerio de Agricultura con cifras de 2024 sólo quedaban 57, de las que 35 eran de regadío. Probablemente, esa era la superficie plantada en La Veguilla hasta este año, mientras que el resto son pequeñas plantaciones de secano sin salida comercial.

Campo de patatas en La Veguilla.

Campo de patatas en La Veguilla, donde antes se sembraban los melocotoneros. / Víctor Castro

El futuro a corto plazo

Las intensas lluvias de comienzos de este año impidieron a Natera tratar las parcelas libres tras desaparecer los melocotoneros, de modo que ha plantado temporalmente patatas y otros cultivos, así como tierra en barbecho, pero a corto plazo la idea es «algún cultivo leñoso». Seguramente, almendros u olivos, que abundan en La Veguilla. «Serán cultivos sencillos y seremos uno más», se despide Natera no sin antes recordar el «compromiso de los trabajadores durante medio siglo» para ofrecer buenos duraznos cordobeses. O albérchigos, como los llamaban los árabes en una referencia al supuesto origen persa de esta fruta tan propia del verano.

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