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Agricultura

Termina la campaña del ajo en Córdoba con «muy buena calidad» pero bajos precios

Este año se han plantado unas 900 hectáreas frente a las 9.000 que había en los años 80 y 90

Ajo ecológico en una fábrica de Córdoba.

Ajo ecológico en una fábrica de Córdoba. / JOSE ANTONIO AGUILAR

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Rafael Verdú

Rafael Verdú

Córdoba

En los años 80, Córdoba era la segunda provincia española que más ajos cultivaba, solo por detrás de Cuenca. Había por entonces unas 9.000 hectáreas dedicadas a este producto tan solicitado en las cocinas españolas, aunque llegó a haber hasta 15.000 hectáreas. Poco a poco, los ajeros fueron dedicando sus parcelas a otros productos más rentables y para los comienzos de esta década sólo quedaban unas 2.000 hectáreas. La última sequía dio la puntilla al cultivo y hoy apenas quedan 900 hectáreas, según apunta el responsable sectorial de Asaja, Miguel del Pino, justo cuando acaba de terminar la cosecha.

La pérdida de superficie se debe a «la incertidumbre por la falta de agua de todos estos años», indica del Pino, de modo que los productores han preferido trasladar sus cultivos a zonas de la península donde tienen más disponibilidad. El ajo es fundamentalmente un cultivo de secano, aunque mejora mucho con el regadío; pero si no llueve, las cosechas pueden echarse a perder. Hay mejores condiciones para el ajo en zonas de Castilla La Mancha, Granada, Valladolid o Toledo, «donde hay más seguridad con el agua», asegura el experto de Asaja. Pese a la caída en la cosecha, los comercializadores mantienen su actividad, con Montalbán en el centro.

Este año al menos la calidad del ajo cordobés va a ser «muy buena». El cultivo ha tenido lluvia cuando tocaba y «no ha hecho mucho calor cuando se recogió», aclara Miguel del Pino. En esas condiciones, «todos los ajos que han salido van a ser buenos, mejores que los del año pasado».

La competencia de terceros países

Los problemas del sector cordobés tienen que ver con la competencia. Tradicionalmente, los ajos de China copaban el mercado por su precio, pero llegaban siempre un mes más tarde que los de Córdoba, que podía abastecer al mercado europeo con ajo fresco durante ese margen temporal. «Pero eso se ha terminado con la entrada de Egipto», critica el responsable de Asaja. El país africano vendía en Europa unos 300.000 kilos, pero el año pasado ya fueron 13 millones. Según Del Pino, «los ponen en los almacenes europeos más baratos que los nuestros a precio de costo y contra eso es muy difícil luchar».

La única opción que ven los ajeros es activar las cláusulas de salvaguarda en la UE para productos agrícolas sensibles, como es el caso del ajo. No será fácil, ya que como explica Del Pino se necesitan tres condiciones. Primero, que lo soliciten al menos tres países (además de España, podrían unirse Francia e Italia); después, que lo pidan al menos el 50% de los productores, algo que cumple por sí sola España; y finalmente, la parte más complicada: que la salvaguarda sea aprobada con el voto a favor de al menos 15 países.

Francisco Moreno, secretario provincial de UPA, también se muestra pesimista con la actual campaña del ajo cordobés, tanto por la competencia de Egipto como por la situación de los precios. Asegura que «el problema es que no hay precio. Incluso hay muchos ajos en almacén que no salen porque ha entrado ajo de Egipto. No se vende porque con esos precios es imposible». Y ello a pesar de que en el supermercado «están a 5 euros el kilo, hay una especulación terrible».

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