Agricultura
Microcontaminantes emergentes de las aguas continentales
España afronta el reto de mejorar la depuración de aguas residuales tras varios incumplimientos de la normativa europea. A la contaminación tradicional se suma la presencia de microcontaminantes como fármacos, pesticidas, microplásticos y PFAS. Es necesaria una mayor implicación de los ayuntamientos

Los Baños de Popea, pese a sus transparentes aguas, también contienen microcontaminantes emergentes. / R. Arenas

La contaminación de aguas residuales es un problema grave que afecta tanto al medio ambiente como a la salud pública. A pesar de haberse dictado legislación muy abundante e incluso una directiva europea que establece un marco legal para el tratamiento de aguas residuales urbanas, exigiendo que se implementen sistemas de recogida, tratamiento y control adecuados antes de su vertido al entorno natural, el Estado español ha incumplido varias de estas obligaciones, lo que ha conllevado sanciones y recursos ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE). Las sanciones impuestas por el TJUE a España por incumplir la Directiva sobre el tratamiento de aguas residuales urbanas es un recordatorio de la importancia de cumplir con las normativas ambientales y de salud pública
El Estado establece la legislación básica, la planificación hidrológica de las cuencas intercomunitarias y ejerce competencias sobre el dominio público hidráulico a través de las Confederaciones Hidrográficas. También ejecuta obras hidráulicas de interés general. Las Comunidades Autónomas tienen la competencia de la planificación del saneamiento y depuración, construcción y explotación de infraestructuras de interés autonómico, financiación mediante cánones de saneamiento y coordinación de los municipios. En muchas comunidades asumen directamente la gestión de las EDAR, especialmente en municipios pequeños. Y los municipios prestan el servicio de alcantarillado, evacuación y tratamiento de las aguas residuales (depuración), construcción y mantenimiento de las redes municipales y control de vertidos a la red de saneamiento.
A este escenario, durante las dos últimas décadas, se ha sumado la presencia de microcontaminantes emergentes en las masas de agua españolas que ha pasado de ser un problema poco conocido a convertirse en una de las principales preocupaciones ambientales. No son siempre sustancias nuevas, muchas llevan décadas usándose, pero los avances en química analítica han permitido detectarlos a concentraciones extremadamente bajas. El problema radica en que la mayoría no estaban incluidos en los programas tradicionales de vigilancia ni tenían una regulación específica.
Entre los más estudiados en España destacan los fármacos de uso humano y veterinario como los antiinflamatorios y antidepresivos (ibuprofeno, diclofenaco, paracetamol y carbamazepina), antibióticos responsables de favorecer resistencias bacterianas, hormonas sintéticas y disruptores endocrinos, pesticidas modernos utilizados en la agricultura, retardantes de llama, productos cosméticos, microplásticos y nano plásticos, y PFAS (un grupo de compuestos químicos sintéticos), conocidos como «contaminantes eternos» por su gran persistencia.
La investigación española muestra que prácticamente todas las aguas superficiales contienen mezclas de microcontaminantes procedentes de vertidos urbanos, actividad agrícola e industrial. Los estudios realizados por grupos españoles también indican que las estaciones depuradoras convencionales eliminan eficazmente la materia orgánica y los nutrientes, pero presentan limitaciones importantes frente a numerosos fármacos, pesticidas y sustancias fluoradas. Compuestos como la carbamazepina, determinados antibióticos o varios PFAS muestran una elevada persistencia y pueden detectarse hasta después del tratamiento convencional.
Afortunadamente la investigación española coincide en que el tratamiento debe realizarse mediante una combinación de procesos avanzados. El carbón activado, tanto granular como en polvo, constituye actualmente una de las tecnologías más implantadas. Funciona mediante adsorción, reteniendo moléculas orgánicas sobre una superficie muy porosa, y ofrece elevadas eficacias para muchas sustancias PFAS, aunque no resuelve totalmente el problema. La ozonización, la radiación ultravioleta combinada con peróxido de hidrógeno y otros procesos de oxidación avanzada permiten degradar muchos fármacos y pesticida. Las tecnologías de ultrafiltración, nanofiltración y ósmosis inversa también representan algunas de las soluciones más eficaces. En los últimos años han adquirido importancia las soluciones basadas en la naturaleza, tratamientos mediante microalgas y humedales artificiales.
Las primeras son capaces de absorber nutrientes y favorecer la biodegradación de numerosos pesticidas y fármacos, además de reducir la huella energética del tratamiento. Aunque todavía presentan limitaciones para algunos compuestos muy persistentes, son una alternativa prometedora dentro de la economía circular.
La tendencia actual de la investigación española apunta a sistemas multibarrera que integren tratamientos biológicos, membranas, adsorción y procesos de oxidación avanzada. Paralelamente, se está desarrollando una legislación europea más estricta para controlar sustancias prioritarias como los PFAS, mejorar el seguimiento de microplásticos y fomentar la reutilización segura del agua regenerada. Los municipios tienen que ponerse a trabajar para corregir este problema.
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