Ventana a la Naturaleza
El paisaje y la pérdida de la memoria colectiva en Córdoba
El deterioro de ríos, montes y paisajes tradicionales no solo transformó el medio natural de Córdoba, también alteró la memoria colectiva. El llamado «síndrome de la línea de base cambiante» ayuda a entender por qué cada generación asume como normal el paisaje que heredó, aunque sea ya una versión empobrecida del anterior.

Las nuevas generaciones han somatizado la transformación de los barbechos en superficies yermas sin vida. | R. ARENAS

Durante los años cincuenta y sesenta del siglo pasado era común bañarse en distintos lugares en el río Guadalquivir a su paso por la provincia de Córdoba. Abundan las fotografías que respaldan y este hecho. Poco tiempo después con la revolución verde en la agricultura, las aguas comenzaron a recibir abonos inorgánicos y pesticidas, desechos industriales y aguas residuales sin depurar. Los ríos y arroyos se tornaron pestilentes, insalubres e incompatibles con la vida de los organismos más exigentes, donde la nutria fue un bioindicador de aguas no contaminadas.
De igual manera, en aquella época los paisajes forestales comenzaron a modificarse con intensas repoblaciones forestales y en aproximadamente dos décadas también cambió el paisaje y con el transcurso del tiempo los pinares se hicieron frecuentes en el horizonte, con gran pérdida de biodiversidad. En poco tiempo, la memoria del medio natural de aquellas generaciones había cambiado y decidieron que había que actuar. Fue el surgimiento del movimiento ecologista en los años setenta y ochenta, que con no poco esfuerzo intentaron llevar la situación a la situación anterior.
En la actualidad, las nuevas generaciones han crecido con una situación distinta. El paisaje heredado es distinto al de las generaciones de sus abuelos y padres y no consideran adecuado movilizarse ante el entorno actual. El envejecimiento en el movimiento ecologista, en las asociaciones vecinales y sociales en gran medida es muy patente, tampoco existe relevo generacional.
El envejecimiento en el movimiento ecologista y otros colectivos es muy patente, no existe relevo generacional
Inventigación de la memoria del paisaje
Existe toda una línea de investigación que aborda exactamente ese fenómeno: la pérdida progresiva de memoria colectiva sobre cómo era el paisaje, qué usos tenía el territorio y qué conocimientos ecológicos poseían las generaciones anteriores. El concepto más influyente es el de «síndrome de la línea de base cambiante», formulado originalmente por el biólogo marino Daniel Pauly. La idea es sencilla pero poderosa: cada generación considera «normal» el estado del medio ambiente que conoció en su juventud. Cuando el paisaje se degrada gradualmente, la memoria de estados anteriores desaparece y la percepción de lo que es natural se desplaza.
El artículo Global synthesis indicates widespread occurrence of shifting baseline syndrome de 2024, revisa decenas de estudios y concluye que el fenómeno aparece de forma recurrente en contextos muy diversos: biodiversidad, pesca, bosques, contaminación o cambio climático. Los jóvenes suelen tener referencias ambientales más empobrecidas que las generaciones mayores. Con anterioridad otro artículo, The Shifting Baseline Syndrome and Generational Amnesia in Heritage Studies de 2022, extiende el concepto al patrimonio cultural y al paisaje histórico, argumentando que la pérdida de memoria ambiental va unida a la pérdida de memoria patrimonial.
En etnobiología existe abundante literatura sobre la erosión del conocimiento local. Un trabajo clásico realizado por Hanazaki et al. en 2013, Evidence of the shifting baseline syndrome in ethnobotanical research, revisó 84 estudios sobre conocimiento tradicional de plantas y encontraron que más de la mitad mostraban indicios de pérdida de conocimientos entre generaciones, vinculada a cambios ambientales y transformaciones sociales. Esto conecta directamente con la desaparición de saberes sobre cultivos, pastos, fuentes, caminos, topónimos, aprovechamientos forestales o sistemas agroganaderos.
Los jóvenes suelen tener referencias ambientales más empobrecidas que las generaciones mayores
Desde las humanidades ambientales se habla de memoria ambiental. El artículo Memoria ambiental: del sujeto mnemónico moderno al Antropoceno propone entender el paisaje como un depósito de memorias sociales y ecológicas. Analiza conceptos como paisaje cultural, memoria ecológica y memoria del Antropoceno.
Particularmente interesante para España es el trabajo sobre la frontera hispano-portuguesa del Duero: Mapping the past: Using ethnography and local spatial knowledge to characterize the Duero River borderlands landscape de 2021. Los autores muestran cómo la emigración rural y el abandono de actividades tradicionales están produciendo una desconexión creciente entre los habitantes actuales y la memoria del paisaje agroganadero histórico. También exploran métodos para conservar esa memoria mediante cartografía participativa y SIG.
En el contexto andaluz este enfoque resulta especialmente fecundo porque muchos paisajes actuales (dehesas, campiñas, olivares tradicionales, montes comunales, vías pecuarias, huertas periurbanas) son el resultado de siglos de manejo humano.
Cuando desaparecen los oficios y las prácticas asociadas, no solo se pierde un conocimiento técnico: también desaparece la capacidad de interpretar elementos del territorio que siguen físicamente presentes pero cuyo significado ya no se comprende. En apenas dos o tres generaciones pueden perderse los nombres tradicionales de parajes, fuentes, veredas, bancales o sistemas de riego, aunque las estructuras sigan existiendo en el paisaje. Esto constituye una auténtica «erosión de la memoria territorial».
Las administraciones deben tener en cuenta estos conceptos en la gestión sobre los espacios naturales y con carácter general en el medio natural.
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