Agricultura
Los olivos cordobeses inician su floración, un indicador clave para la cosecha de aceituna
A pesar de la abundante floración, los olivareros advierten de los riesgos de heladas, calor o sequía que pueden afectar al cuajado del fruto y a la cosecha final

Detalle de un olivo en plena floración en Córdoba este mes de mayo. / Jesús Campos

Los olivos lucen ya sus flores, cientos de miles en cada árbol para disgusto de los alérgicos al polen en una provincia que cuenta con varios millones de ejemplares. Como cada año en torno a mayo (a veces antes), los aceitunos entran en una etapa clave de su ciclo vital, la floración, que no es otra cosa que una parte de su reproducción sexual. El proceso dura poco, apenas tres semanas, y no es tan llamativo como ocurre en otras especies como el almendro. Las flores del olivo son pequeñas, blanquecinas, agrupadas en ramilletes de unas pocas decenas y nada vistosas. No están ahí por su belleza, sino por algo tan prosaico como importante: se convertirán en aceitunas.
Pero no todas. En realidad, muy pocas flores del olivo terminarán siendo olivas allá por el otoño. Ningún árbol tiene la fuerza ni los nutrientes para alimentar y desarrollar hasta medio millón de frutos. Por el camino, la mayoría se perderán, aunque antes habrán servido para polinizar otros ejemplares. Se calcula que tan sólo en torno a un 1-2% de las flores de un olivo cuajarán como aceitunas.

Un olivo en plena floración en la campiña cordobesa. / Jesús Campos
Una buena y abundante floración es importante para los agricultores, ya que determina en gran medida cómo será la cosecha de aceituna de la próxima campaña. Si se dan las condiciones meteorológicas adecuadas, los olivos pueden desarrollar más flores. Para eso necesitan frío en invierno y el agua a tiempo -entre otras cosas-, porque si hay sequía el árbol se protege dando menos frutos que absorberán nutrientes. También hace falta viento que disperse el polen para fertilizar los árboles, un proceso que sólo se da entre variedades compatibles. El polen puede recorrer kilómetros de distancia y fertilizar plantaciones de un municipio a otro, pero lo habitual es que llegue a unos pocos metros. Existen además mecanismos artificiales para facilitar la fertilización.
Los datos avalan que este año la floración del olivo está siendo muy buena. El último informe de la Consejería de Agricultura en la provincia de Córdoba sobre el estado fenológico de los olivares así lo indica. La media provincial da como resultado que más de la mitad de los olivares ya han florecido, con zonas en las que el proceso incluso ha concluido. En la Campiña, el número de inflorescencias por brote es superior a la media. Casi dos tercios de todas esas flores son fértiles, aunque eso no significa que todas ellas vayan a convertirse en aceitunas.
Hasta aquí el apartado técnico, pero quienes mejor saben lo que supone una buena floración son quienes están en contacto diario con el campo y los olivareros. Las asociaciones agrarias destacan una floración «impresionante», «buena» o «con buen aspecto», según el interlocutor. Eso, a priori, hace pensar en una buena cosecha de cara a la próxima campaña si las cosas no se tuercen.
Un largo camino por delante
El problema es, precisamente, que pueden torcerse. El campo, especialmente los cultivos con técnicas tradicionales como la mayor parte del olivar cordobés, es muy delicado y cualquier evento a destiempo puede acabar con gran parte de la cosecha. Las heladas primaverales o un calor riguroso en junio, cosa cada vez más frecuente, pueden afectar al cuajado del fruto. A principios del otoño es necesario que llueva, justo antes de la recogida, para facilitar la lipogénesis, y ya van varios años en que no ha habido precipitaciones adecuadas en esa época. Tampoco es bueno que llueva torrencialmente porque el agua y el viento pueden derribar la aceituna, arrastrarla con las escorrentías y arruinar a cualquier agricultor. Así ocurrió, sobre todo en la Subbética, a principios de este año. En resumen, aunque la floración sea buena este año, es necesario un equilibrio ecológico que raramente se produce para garantizar una cosecha de récord.
Por eso las asociaciones agrarias son reticentes a realizar estimaciones de producción para la próxima temporada a estas alturas. Pueden pasar demasiadas cosas aún. Sin embargo, ya se han escuchado voces que auguran una campaña 2026-2027 muy buena para la producción del aceite de oliva, por encima de la actual. Y eso, según las organizaciones del campo, desincentiva el mercado y al final se convierte en una herramienta de especulación para mantener los precios a la baja. Es un mecanismo perverso: si se vaticina que el año que viene habrá más aceite, también es previsible que los precios bajen (ya pasó hace dos años en otras circunstancias) y por tanto los operadores preferirán esperar hasta entonces para realizar sus compras.
La opinión de las asociaciones agrarias
En eso coinciden las asociaciones consultadas por este medio. Francisco Elvira, responsabe de olivar de COAG, asegura que «la floración está siendo impresionante y hay mucho fruto cuajado». Pero advierte de todo lo que está por llegar, como plagas o «el factor más limitante para el olivar, que son los otoños. De nada sirve tener una buena floración si luego el olivo no madura bien y tenemos un 13-14% de rendimiento». Elvira estima que el aceite de enlace se situará este año en torno a las 300.000 toneladas, lo que equivale a «casi cero, porque eso es lo que habrá en septiembre pero octubre y noviembre también hay que abastecerlo».
Igual de precavido es Carlos Molina, técnico de Asaja, para quien «no conviene hacer especulaciones a estas alturas porque igual la semana que viene suben las temperaturas y se cae la cosecha, y lo mismo puede ocurrir si baja demasiado el termómetro por la moche, o si viene una ola de calor y empieza a tirar la aceituna». Por eso, «aunque los olivos están muy bien, no somos partícipes de hacer especulaciones porque al olivo le queda mucho aún».
El más contundente es Francisco Moreno, secretario de UPA Córdoba: «No podemos aventurarnos a hacer una estimación de cosecha con tanto tiempo de antelación, porque eso puede alentar más las maniobras especulativas para tirar los precios a la baja. Eso no se puede consentir». También alerta sobre los riesgos en lo que queda de año agrícola, porque «el verano es muy largo, son muchos meses de calor. Las perspectivas son buenas pero no para hablar de la cosecha del siglo».
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