Cultivos
Las lluvias prolongadas ponen en jaque al olivar superintensivo: riesgos ocultos para la producción
Expertos advierten que el encharcamiento del suelo reduce la absorción de nutrientes, favorece enfermedades radiculares y puede afectar al rendimiento del cultivo incluso semanas después

Olivar intensivo encharcado por las borrascas de principios de año. / CÓRDOBA

Un estudio técnico elaborado por AGR by De Prado ha analizado los efectos de las lluvias prolongadas en el olivar intensivo, un sistema productivo que se caracteriza por una elevada densidad de plantación y una concentración de la actividad radicular en los primeros 20 a 60 centímetros del suelo. Esta forma de cultivo, clave por su alta eficiencia, también es especialmente sensible a condiciones adversas del suelo.
De hecho, esta configuración, que permite una rápida entrada en producción, incrementa también la vulnerabilidad del cultivo ante episodios de encharcamiento prolongado. Según los especialistas que han elaborado el análisis, cuando el suelo permanece saturado durante varios días o semanas "se reduce significativamente la disponibilidad de oxígeno en la zona radicular". Esta situación provoca pérdida de funcionalidad en las raíces finas, "disminuyendo la capacidad de absorción de agua y nutrientes y generando necrosis progresiva".
Puede reducirse el cuajado e incluso el desarrollo del fruto
Como consecuencia, el árbol entra en un estado de estrés fisiológico, incluso en condiciones de exceso hídrico. Uno de los aspectos más relevantes es que los daños no siempre son inmediatos. Además, si estos episodios coinciden con fases críticas como la floración, pueden producirse reducciones en el cuajado o en el desarrollo del fruto.
En plantaciones superintensivas, "los daños suelen aparecer de forma localizada, asociados a zonas con peor drenaje o mayor compactación del suelo". A esta problemática se suma la menor radiación solar durante periodos prolongados de nubosidad. La reducción de la actividad fotosintética limita la producción de fotoasimilados, lo que, combinado con un sistema radicular debilitado, afecta directamente tanto al crecimiento vegetativo como a la capacidad productiva del cultivo, indican los autores del estudio.

Drenaje en un terreno destinado al cultivo de olivar intensivo. / CÓRDOBA
El exceso de agua reduce el efecto del abonado
Desde el punto de vista nutricional, el exceso de agua también reduce la eficiencia del abonado, favoreciendo pérdidas de nitrógeno por lavado y desnitrificación. Esto obliga a reajustar las estrategias de fertilización tras estos episodios. "El impacto es aún más significativo en nuevas plantaciones, donde un sistema radicular poco desarrollado depende de condiciones óptimas de aireación", señala el estudio.
Ante este escenario, el técnico Miguel Ángel González subraya la importancia de adoptar una estrategia preventiva con medidas como estudios previos de textura, profundidad y capacidad de drenaje del suelo; diseño adecuado del drenaje superficial; el uso de caballones para mejorar la aireación radicular, o un ajuste de la fertirrigación tras episodios de lluvia.
"La correcta planificación del manejo del suelo y del drenaje es clave para garantizar la estabilidad productiva y la viabilidad económica del olivar superintensivo", señala Miguel Ángel González.
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