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Paisajes literarios

Tu recuerdo es mi arrayán

La flor del mirto o arrayán simbolizaba la pureza y el amor, y es un dicho popular que el amor, como el vino, mejora con el tiempo

Flor del mirto o arrayán. | J. AUMENTE

Flor del mirto o arrayán. | J. AUMENTE

José Aumente Rubio

José Aumente Rubio

Córdoba

El mirto o arrayán (Myrtus communis), conocido en la cultura andalusí como ar-Rayhan («el aromático»), fue uno de los elementos botánicos más emblemáticos y sagrados en al-Andalus. Su presencia era fundamental en patios privados y jardines reales, como los de Madinat al-Zahra, utilizándose sobre todo para bordear estanques y acequias, creando líneas geométricas definidas que se reflejaban en el agua, como se puede comprobar en el palacio de la Alhambra. Este paraíso sensorial se podía dilatar con una buena copa de vino. La flor del mirto o arrayán simbolizaba la pureza y el amor, y es un dicho popular que el amor, como el vino, mejora con el tiempo.

El gran poeta andalusí Ibn Zaydun lo asume plenamente cuando escribe en una de sus casidas: «Tu recuerdo es mi buen vino y mi arrayán», situando esta planta aromática, tan frecuente en la Sierra de Córdoba, al mismo nivel metafórico que el preciado vino de la tierra y constatando, de paso, que el consumo de esta bebida alcohólica, tan controvertido para el islam, estaba bastante extendido y normalizado por aquellos años finales del califato.

Cuando se hallaba «en mazmorra tan oscura y humillante», Ibn Zaydun escribe una casida que dedica a su amigo Abu Hafs, donde dice: «No sea vuestro afecto, fugaz rosa, pues el mío es arrayán perenne», manifestando de este modo su amistad perpetua, la que dota además de alta valía, porque para los andalusíes, además de su interés ornamental, el arrayán aportaba otros beneficios: sus hojas y bayas se utilizaban para tratar afecciones digestivas, respiratorias y enfermedades de la piel; sus aceites esenciales se valoraban por sus propiedades antiinflamatorias y antisépticas, ayudando también en el alivio de varices y cicatrices, y, además, se usaba para aromatizar platos y, en ocasiones, sus hojas maceradas se empleaban para elaborar una bebida aperitiva.

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